El carnaval oranje llegó muy temprano al Estadio Soccer City

Será porque desde 1974 y 1978 que jugaron sus dos primeras Finales de Copa del Mundo han cargado sobre sus espaldas esa ansiedad de casi levantar la Copa, quizá porque son más precavidos, pero los...
Será porque desde 1974 y 1978 que jugaron sus dos primeras Finales de Copa del Mundo han cargado sobre sus espaldas esa ansiedad de casi levantar la Copa, quizá porque son más precavidos, pero los holandeses llegaron desde temprano al estadio.
 Será porque desde 1974 y 1978 que jugaron sus dos primeras Finales de Copa del Mundo han cargado sobre sus espaldas esa ansiedad de casi levantar la Copa, quizá porque son más precavidos, pero los holandeses llegaron desde temprano al estadio.  (Foto: Agustín Cuevas)
Estadio Soccer City, Johannesburgo -
  • Siete horas y media antes, ya había grandes grupos de holandeses esperando entrar
  • Son siempre una afición divertidísima en sus indumentarias

Será porque desde 1974 y 1978 que jugaron sus dos primeras Finales de Copa del Mundo han cargado sobre sus espaldas esa ansiedad de casi levantar la Copa, quizá porque son más precavidos, o a lo mejor es sólo una costumbre, pero lo que es un hecho es que la afición holandesa llegó muy temprano al Estadio Soccer City para gozar del partido en el que todos quieren ver a su equipo. Este domingo 11 de julio, Holanda enfrentará a España en el partido 64 del Mundial de Sudáfrica 2010. Para Holanda, representa su tercera Final dentro del torneo más importante del orbe, pero la primera luego de que aquella revolución que armaron con la Naranja Mecánica que los pusiera en dos consecutivas, maravillando al mundo pero dejándole el título a otro. Hoy es tal vez el partido más importante de Holanda en los últimos 32 años. Además, es la primera vez que llegan con paso perfecto a esta instancia, pues no sólo no han perdido, sino que ganaron los 6 partidos necesarios para pelear por el título. ¡Claro que había que llegar temprano! El reloj marcaba las 13:00 horas de Johannesburgo, siete y media antes del silbatazo inicial cuando ya podíamos distinguir una buena cantidad de grupos de oranjes frente a los accesos a la explanada del inmueble donde se encuentran los diversos stands de patrocinadores. Era sólo la primera barrera, pues las puertas a las tribunas se abrirían hasta las 17:00 horas. Sin duda los holandeses son de los aficionados que más llaman la atención, empezando porque todos, absolutamente todos van vestidos de naranja. Aquí no hay si les gustó más la playera de visitante, o si se llevaron la de un club o mejor se fueron con una casaca de Star Wars. Parece como si hubiera un castigo si no van del mismo color. Lo más curioso es que una gran cantidad de aficionados portan un traje o un saco, como cualquiera para ir a la oficina o a una boda, pero color naranja intenso e incluso brillante. Otros grupos, más ingeniosos y afortunados, iban los hombres vestidos de pilotos de avión y las mujeres, esculturales y hermosas, como aeromozas; claro que toda su indumentaria, gorros y adornos eran anaranjados. Pero además de esto siempre traen encima cosas curiosas. Unos lentes gigantes al estilo Elton John, gorros con forma de vaca anaranjada, con algo parecido a un Elmo más felpudo, con una mano inflable gigante (naranja claro) o alguno con dos pequeños leoncitos en dos antenitas. Los había que de plano se metieron en una botarga de un león (emblema del su Selección) o los que se vistieron de Papá Noel oranje con todo y báculo. Es más, hubo quien encontrándose sin pelo y un poco parecido, se armó una casulla y mitra idénticas a las que usaba Juan Pablo II sólo que anaranjadas, se las puso sobre los jeans y la playera de juego y se fue al estadio sin ningún tipo de miramiento. Y sinceramente, todos los que los veíamos sin ser parte los envidiábamos. Ahí estaban, felices, orgullosos, calmando los nervios con cánticos, con ese brillo en los ojos que sólo el futbol puede dar, viendo el boleto una y otra vez, averiguando en los mapas en qué tribuna les toca, más por ya imaginarse dentro que por no saberlo, con esa sonrisa que se les salía de la cara, con la conciencia que estaban en uno de los mejores momentos de su vida. No podemos evitarlo, se nos hace un nudo en la garganta. Ellos están a punto de ver a su equipo jugar la Final de la Copa del Mundo… qué privilegio; qué envidia. La “orange people” como ellos mismos se dicen, marcó diferencias en la entrada al estadio y para las 15:00 horas que comenzó el ingreso a la explanada, la relación con los españoles era abrumadora. Pero poco a poco se irá cerrando el porcentaje, los representantes de La Furia irán llegando más cerca del partido, menos programados y formales, pero con la misma alegría, mucha cerveza y muchísima esperanza. Por ahora, todo es oranje.

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