Joaquín Capilla; una plática 45 días antes de su muerte

Y fue así como Joaquín Capilla comenzó a relatar su historia, en una entrevista que se convirtió en una amena charla en la intimidad de su hogar...
Y fue así como Joaquín Capilla comenzó a relatar su historia, en una entrevista que se convirtió en una amena charla en la intimidad de su hogar...
 Y fue así como Joaquín Capilla comenzó a relatar su historia, en una entrevista que se convirtió en una amena charla en la intimidad de su hogar...
México, D.F -
  • "A mí no me premiaron por las copas que tomé, me premiaron por las cuatro medallas Olímpicas que había ganado en la  historia"
  • "Vivir sin querer es una desgracia porque se va a la soledad"

Un joven de 12 años que aburrido por ocupar el último lugar en las competencias de natación fue buscado por Mario Tovar e invitado a practicar la disciplina de los clavados para encontrar en ésta, su verdadera vocación, y darle al pueblo de México una de las más grandes satisfacciones a nivel internacional. Joaquín Capilla, se convertiría, gracias a emular la técnica de los americanos e imponerse con pasión y entrega, en el único atleta y clavadista mexicano en acariciar la máxima gloria Olímpica en la edición de 1956 realizada en Melbourne, Australia, donde en la fosa de clavados retumbó por cada rincón el Himno Nacional y donde la bandera se izó con todos los honores.

"Era el primer mexicano que después de 45 años le ganaba a Estados Unidos, nadie le había ganado a Estados Unidos... era histórico"

"No todo el mundo tiene la vocación para ser deportista, pues es una cosa que si no se tiene no se puede tener éxito... Yo nadaba por ejemplo, había ocho carriles y agarraba el octavo lugar... si hubiera habido nueve carriles, agarraba el noveno; pues me fui aburrido (porque siempre sacaba el último lugar en natación)".

"Cuando me fui (de la alberca donde entrenaba), me habló por teléfono Mario Tovar, '¿cómo sabía mi teléfono y se fijaba en un chamaco de 12 años?'. Me preguntó por qué ya no había ido (a entrenar) y le dije que por la escuela y que ya estaba aburrido de sacar el último lugar, me dijo que por qué no echaba clavados, si me gustaban... Le pregunté que quién me enseñaría y me dijo que él; él se había ido a Estados Unidos y había conocido todo el sistema de los americanos y había filmado en una camarita a Bruce Hanan a Samy Lee, a todos los que destacaban... y empezamos a tomar la técnica de ellos y hasta de cómo caminar en la tabla".

"Y así fue como cambiamos de la manera antigüita a la manera tan elegante de sacar los brazos por los lados, ¡una cosa preciosa!, tuve que cambiar la técnica cuando yo conocí por primera vez a los americanos y fue cuando pudimos empezar a tener lugares en las Olimpiadas. "Cuando ve uno que le puede ganar a las personas que están arriba de uno, que los tiene uno idealizados, le da la posibilidad del poder y la fuerza de confiar en sí mismo para poder seguir y así lo hice hasta que llegué y alcancé la Medalla de Oro en 1956 en Melbourne, Australia. "Es inolvidable, tanto que parece que fuera ayer, fue tan emocionante que se queda grabado y es una cosa increíble lo nos sucedió, de llegar al sueño de poder ser Campeón Olímpico... y sucedió. "Es una cosa preciosa cuando después de que te anuncian ofialmente que eres Campeón Olímpico, vino Abbey Brundish a premiarme porque era el primer mexicano que después de 45 años le ganaba a Estados Unidos, nadie les había ganado a Estados Unidos... era histórico, te suben al podium, me volteo para que anuncien al segundo lugar y me seguían aplaudiendo y me seguían aplaudiendo, me aplaudían como australiano; era una cosa preciosa", sentenció. Y fue así como comenzó a relatar su historia, en una entrevista que se convirtió en una amena charla en la intimidad de su hogar; un departamento que lucía visiblemente desalineado por el paso de los años y porque el Señor Capilla dedicaba todas sus energías en cuidar y ayudar a su esposa Carmelita, quien se  encuentra paralizada de la cintura para abajo. Los muebles, que en su momento debieron ser la sensación, ya lucían bastante afectados por el polvo, la duela de madera no dejó nunca de rechinar; un espejo roto al fondo y unos cuantos rayos de sol que iluminaban, fueron los grandes compañeros en esta atmósfera de camadería mes y medio antes de su deceso, mismo que dejó en claro que los excesos lo hicieron tocar fondo, perder todos aquellos lujos y comodidades que lo rodearon en su época dorada. SEXO, DROGAS Y ROCK AND ROLL Después de varios intentos por consagrarse, Joaquín Capilla, junto con Beto Ávila en el béisbol, Humberto Mariles en ecuestre y el "Ratón" Macías en el box, se convirtió en uno los cuatro ases del deporte mexicano en la época de los 50; fama, fortuna y los cuernos de la luna a su disposición le hicieron crecer unas alas que lo elevaron a los destinos más inhóspitos, tanto que hasta pensó en suicidarse.

"Yo me iba a suicidar de esa soledad, me iba a aventar al metro, no donde para sino donde va entrando para que no le diera tiempo de parar"

"Yo me iba a suicidar de esa soledad, me iba a aventar al metro, no donde para sino donde va entrando para que no le diera tiempo de parar, cuando oí una voz dentro de mí que me dijo: '¿Si tú te mueres a dónde te vas?'; me hizo Dios meditar y me dio la oportunidad, después de tres años de estar sufriendo, de oír voces y una cosa horrible diabólica que existe, y así me rescató de ahí y me dio una liberación preciosa, me quitó todos los vicios..." Así vivió postrado durante 30 años en las tinieblas del alcoholismo, la drogadicción y la soledad, que lo alejaron de su familia y de los reflectores; un ídolo que se escurría en el olvido del imaginario colectivo pues sus triunfos deportivos pasaron a segundo término. Pero en el momento más oportuno apareció una voz "celestial" que lo hizo recomponer el  camino y lo ayudó a llevar una vida digna hasta su 81 años de edad. "De los errores es de lo que más aprendemos, es esencial conocer que un individuo puede tener el poder de poderse realizar y de poderse reanudar a través de los errores que ha cometido. A mí no me premiaron por las copas que tomé, me premiaron por las cuatro medallas Olímpicas que había ganado en la historia. "Yo tuve 58 años de ser criatura de Dios y hasta hace 22 años recibí a Jesucristo como mi señor y salvador y a los 81 años de edad, pura vida de victoria. Nadie puede tener nada si no baja del cielo", expresó. VOLVIÓ A SER NOTICIA Era inconcebible que en México el máximo medallista Olímpico de todos los tiempos con cuatro preseas (Oro en Melbourne, Australia 1956, Plata en Helsinki, Finlandia 1952, dos Bronces en Londres, Inglaterra 1948) y el único que cosechó dos medallas en una sola edición, no tuviera entre sus palmarés el Premio Nacional de Deportes. Pero al César lo que es del César. Fue así como el 4 de septiembre del 2009 Daniel Aceves, Presidente de la Asociación de Olímpicos Mexicanos, propuso a Joaquín Capilla para el PND por su trayectoria como el máximo ganador de preseas Olímpicas de toda la historia en México; galardón que posteriormente le fue entregado por el Presidente Felipe Calderón en noviembre pasado. "Una cosa verdaderamente inesperada, bien bonita, porque ni nos imaginamos que nos iban a dar el Premio Nacional del Deporte, después de 53 años nos fueron a premiar con el Señor Presidente".

EL ÚLTIMO CLAVADO Su adiós de las plataformas se dio en 1968, cuando inauguró la Escuela de Clavados de la Alberca Olímpica y luego de cuatro años de arrastrar problemas en un tímpano que se le había reventado en la Feria Mundial de Nueva York. Pero el sábado 8 de mayo Joaquín Capilla se preparó para escalar por última vez hacia la plataforma de 10 metros, recorrer hasta el borde y extender los brazos; lanzarse al inmeso azul celestial y emigrar del mundo de los vivos, llevándose en los hombros una historia de éxitos y sinsabores, dejando un legado trascendental para las nuevas generaciones de clavadistas que al igual que él, buscan acariciar la gloria deportiva. Esta entrevista es en honor al más grande clavadista que ha tenido México.

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