De maquiladora a MVP del básquet femenil

Yolanda Torres trabaja once horas de pie en una fábrica maquiladora de arneses, pero eso no le impidió meter 122 puntos y obtener 87 rebotes durante la primera temporada de una nueva Liga Femenil...
Yolanda Torres trabaja once horas de pie en una fábrica maquiladora de arneses, pero eso no le impidió meter 122 puntos y obtener 87 rebotes durante la primera temporada de una nueva Liga Femenil de Basquetbol en Ciudad Juárez.
 Yolanda Torres trabaja once horas de pie en una fábrica maquiladora de arneses, pero eso no le impidió meter 122 puntos y obtener 87 rebotes durante la primera temporada de una nueva Liga Femenil de Basquetbol en Ciudad Juárez.
Ciudad Juárez, Chihuahua -
  • Yolanda después de maquilar 11 horas, juega básquetbol para convertirse en la MVP
  • En Ciudad Juárez a través del básquetbol esperan incluir a las mujeres

Yolanda Torres trabaja once horas de pie en una fábrica maquiladora de arneses, pero eso no le impidió meter 122 puntos y obtener 87 rebotes durante la primera temporada de una nueva Liga Femenil de Basquetbol en Ciudad Juárez y convertirse así en la MVP.

Apenas tuvo la oportunidad de estudiar primaria, pero eso tampoco la detuvo para ser la mejor de la Liga cuyo nombre #mujeresporjuarez quiere dar opciones para una sociedad que “está muy lastimada con el tema de las mujeres”, según Abril García, ex seleccionada nacional, creadora y organizadora de este esfuerzo.

Entre Yolanda y Abril hay grandes diferencias. La primera, de 32 años, nunca pudo practicar basquetbol organizado: “Aprendí a jugar en los parquecitos con mis hermanos”, dice, mientras comenta que nunca ha salido de Ciudad Juárez.

La segunda fue medallista de plata en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 con la Selección Nacional (entre otros logros), además de jugar y conocer la NCAA de Estados Unidos (Golden Eagles de Oral Roberts University), así como el basquetbol europeo (Auguimar Guimaroz y Femenino Cáceres en España).

“Me gusta hacer las cosas diferentes, por eso tomé lo mejor de lo que vi en esos lugares y lo conjunté para aplicarlo acá”, relata la nacida en Chihuahua, quien comenzó a jugar a la edad de doce.

El balón naranja, sin embargo, es lo que tienen en común. Y lo mismo sucedió con las cien mujeres mayores de edad, cuyos distintos perfiles conformaron los diez equipos que se lograron juntar para echar a andar la Liga: Maestras, profesionistas, gerentes, estudiantes, trabajadoras de gobierno, amas de casa, empleadas de fábrica. “Empezamos con catorce equipos, pero como mi intención es lograr un equipo de primera fuerza, no podía permitir que hubiera niñas de secundaria o bachilleres y nos quedamos con diez”, cuenta la ex seleccionada y asegura que su trabajo precisamente desea seguir aportando para el crecimiento del basquetbol femenil en Chihuahua, ya que en su época “habíamos de tres a cinco seleccionadas nacionales, hoy no hay ninguna y, cuando las eligen, no las apoyan ni con el boleto de avión”.

Tocar de puerta en puerta para buscar patrocinadores --que en un principio mostraron su falta de credibilidad--, cotizar arbitrajes, pedir gimnasios prestados, diseñar el logo, los uniformes, armar un plan de juego, un reglamento, convocar jugadoras, tomar fotografías, hacer estadísticas y por último hacer las cuentas, fueron los pasos de Abril para lograr su sueño en una ciudad carente de programas sociales: un lugar de paso y expectativas, pero al mismo tiempo, de límite y bloqueo para las mismas.

Hace diez años el libro Violencia Sexista, algunas claves para la comprensión de feminicidio en Ciudad Juárez, lo describió más a fondo: Juárez es el “espacio proclive para que la vulnerabiblidad de sus habitantes se agudice y cobre sus víctimas, entre quienes en la extrema precariedad de ser mujeres, de ser migrantes y de ser pobres, se vuelven blanco de la violencia, el abandono y el olvido”.

El fenómeno de la violencia de género desatado y reclamado desde hace casi 20 años en esa ciudad, llegó a tener una tasa de casi 60 homicidios por cada cien mil mujeres en el 2010 (basado en el estudio “Carga Global de la Violencia Armada 2015. Cada cuerpo cuenta”).

El avance de los pasos de la ex jugadora de 1.88 metros de estatura fue agigantado, pero también sintió piedritas en el camino: “Un día hablamos con una regidora que nos dijo ‘no, no, yo tengo más eventos qué organizar para la sociedad que uno deportivo, eso no importa”. Aunado a ello, los rumores de algunas personas que decían que “quería monopolizar el basquetbol femenil” no fueron impedimento para Abril, más bien pensó “están hablando, vamos bien”.

Sin ganancias y con la satisfacción como única paga, la ex basquetbolista se apoyó también de los recursos económicos de su prometido, así como de su sueldo como diseñadora en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) para seguir.

“Espero poder cambiar algo con el basquetbol, tengo un defecto, me gusta mucho este deporte y más que una cuestión económica o vivir de él, me gusta la idea de buscar talento y hacerlo destacar”, reflexiona y sabe que para llenar las gradas, todavía habrá que hacer mayores esfuerzos en la próxima temporada.

 

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