Alejandra Llaneza y la resurrección del golf

La norteamericana Margaret Abbott y la mexicana Alejandra Llaneza son dos golfistas cuya vida coincide en el campo, pero en épocas diferentes.
La norteamericana Margaret Abbott y la mexicana Alejandra Llaneza son dos golfistas cuya vida coincide en el campo, pero en épocas diferentes.
 La norteamericana Margaret Abbott y la mexicana Alejandra Llaneza son dos golfistas cuya vida coincide en el campo, pero en épocas diferentes.
Ciudad de México -
  • Alejandra Llaneza sumó en octubre pasado los puntos para obtener una tarjeta de la LPGA

El golf olímpico de la rama femenil une historias con 116 años de diferencia. La norteamericana Margaret Abbott y la mexicana Alejandra Llaneza son dos golfistas cuya vida coincide en el campo, pero en épocas diferentes. La primera ganó la competencia en los Juegos Olímpicos de París 1900 contra otras nueve mujeres, pero desde entonces el golf salió del calendario olímpico.

Más de un siglo después, el deporte de los 18 hoyos regresará a los Juegos de Río de Janeiro 2016 y la segunda compartirá el campo con otras 59 participantes. Las historias son lejanas, sin embargo, estas dos mujeres dibujan cuánto han cambiado los Olímpicos, el deporte y la vida, mientras el golf estuvo ausente.

Margaret Abbot creció en Chicago en una familia de la ‘socialité’. Su madre, Mary Abbot, era editora de literatura y novelista. Debido a su gusto por las artes ambas viajaron a París en 1899 con el fin de que Margaret, de 21 años y miembro del Chicago Golf Club, estudiara arte. Al siguiente año cuando se llevó a cabo la “Exposición Universal Internacional de Paris” (en la que se enclavaron los Juegos Olímpicos), las Abbot se enteraron que estaban abiertas las inscripciones para participar en una ‘competencia de golf para mujeres’ y se anotaron. En ese momento, ninguna de las dos sabía que se trataba de un evento de talla olímpica.

LAS HISTORIAS EMPIEZAN A ENTRELAZARSE

Alejandra supo desde muy temprano acerca de la importancia de unos Juegos Olímpicos, pero pronto se enteró de que el golf no formaba parte de la máxima justa de verano. El bastón fue su pasión desde muy pequeña. Su padre la introdujo al juego a la edad de seis e incluso vivió con ella un mes y medio en Estados Unidos cuando tenía 13 para acompañarla mientras jugaba torneos.

Pero igual que Margaret, fue su madre Concepción quien la llevó de la mano a la disciplina diaria. Juntas jugaron un tiempo y ganaron un torneo del Día de las Madres “yo ponía la bola en el green y ella metía todos los putts, estuvo muy divertido”, dice.

De acuerdo al libro The Complete Book of the Summer Olympics la joven Margaret, junto con otras cuatro norteamericanas –incluida su madre– y tres competidoras francesas, formaron parte de la Final de nueve hoyos que duró el torneo femenil y Margaret se quedó con el primer lugar con una tarjeta de 47 golpes (su madre quedó en séptimo con 65).

El mismo documento señala que de regreso a casa, la joven golfista les dijo a sus familiares que quizá había ganado el torneo “porque aparentemente las francesas no habían entendido la naturaleza del juego programado para ese día y jugaron con tacones altos y faldas apretadas”.

Más de cien años después, las voces de las golfistas dan cuenta del tiempo transcurrido: “Ahora el concepto de ‘desfile’ en el golf nos permite usar ropa deportiva pero que también se vea bonita”, dice Alejandra, quien en octubre sumó los puntos suficientes para convertirse en la segunda mexicana (la primera fue Lorena Ochoa) en obtener una tarjeta de la LPGA.

El torneo de golf llevado a cabo en Compiegne el siglo pasado, fue considerado por la revista Golf Illustrated como un “exitoso torneo de moda” y también destacó que las jugadoras tenían problemas para ejecutar los tiros porque los espectadores estaban demasiado cerca.

El amateurismo que rodeaba al deporte nacido en Inglaterra en los inicios de los Juegos, contrasta con el profesionalismo de las golfistas de todo el mundo que, como Llaneza, egresada de la Universidad de Arizona de la carrera de Estudios Interdisciplinarios, le han abierto el camino a la disciplina en la máxima justa deportiva. Su itinerario de entrenamiento da más indicios sobre el avance del golf femenil: Practica entre seis y siete horas por la mañana en el campo de golf, de las cuales dedica tres para el juego corto (su especialidad). Por la tarde tiene un entrenamiento de gimnasio específico enfocado a los músculos que se usan en el swing de golf, a la elasticidad y la coordinación, un trabajo que se realiza “con ligas donde haces movimientos para involucrar todo el cuerpo y mantener el equilibrio y la fuerza”, comenta.

Lo que Margaret entendía como “la naturaleza del golf” hoy Alejandra lo traduce como “comodidad”. Para la golfista mexicana la dedicación de las miles de mujeres que lo practican en el mundo suma esfuerzos que dan pasos hacia la igualdad: “es un deporte que hasta el momento no ha dado las oportunidades para todas, pero ha crecido mucho y se van abriendo puertas; especialmente con todo lo que hizo Lorena Ochoa (en México).

Sí siguen siendo un poco más hombres los que lo practican, pero no hay una diferencia tan grande en cuanto a número. Donde se nota más es en las bolsas de los premios que hay en la gira LPGA, algo donde todavía tenemos camino que recorrer para acercarnos a los premios similares a los de los hombres, aún son casi una décima parte de lo que ganan ellos”, reflexiona.

Diez de las 19 mujeres que participaron por primera ocasión en los Juegos Olímpicos de 1900 eran golfistas. Margaret no sólo se convirtió en la primera norteamericana en ganar un primer lugar (la mayoría no ganó medalla, más bien copas o trofeos), sino también la primera y única golfista hasta el momento premiada. Sin embargo, se dice que murió en 1955 sin saber que el torneo en el que había participado y que ganó, era parte de los Juegos Olímpicos, debido a la caótica organización.

Hace seis años, a finales de 2009, Alejandra se enteró de que el golf sería parte del programa en Río de Janeiro y ese fue uno de sus días más felices en el deporte.

“Reviví un sueño de la niñez. Ir a los Juegos Olímpicos en el deporte que siempre he amado”, algo que su gran referente Lorena Ochoa no logró. México tiene derecho a dos sitios y Llaneza se encuentra en el lugar 51 de los 60 cupos posibles:

“Vienen muy buenas jugadoras pero creo que podemos estar dentro de las medallas”, asegura con la ilusión de volver a la competencia de los cinco aros, como quien sabe que el bastón lleva más de un siglo de descanso. Alejandra es una de las siete mujeres de Latinoamérica que en este momento la International Golf Federation considera como una de las dos jugadoras de México (la otra es Gaby López en el lugar 57) que irán a Río 2016 a representar a México.

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