La mexicana Brisa Silva la 'bota' en Irán

La basquetbolista mexicana emprendió una aventura para jugar en Irán, país en el que las mujeres viven de una manera absolutamente diferente.
 La basquetbolista mexicana emprendió una aventura para jugar en Irán, país en el que las mujeres viven de una manera absolutamente diferente.
Ciudad de México -
  • 'Siempre preguntaba si podía destaparme. Jamás me dijeron que sí', platicó
  • 'Cuando conocí a mi entrenador, no pude darle la mano', relató

La basquetbolista Brisa Silva tomó entre sus manos el hiyab negro que usó para cubrir su melena rizada en cuanto pisó el aeropuerto de Teherán, en Irán. Era octubre y sus ansias por jugar para el Bandar Abbas de la Súper Liga local poco a poco eran cubiertas con una y otra y otra prenda en su cuerpo. Su corazón, nacido en Chametla, Sinaloa, cosquilleó:

"Mi primer sentimiento fue coraje, llegar a un país donde nadie te conoce y encima saber que te han mentido (dice y se refiere a su pago que no llegó mensualmente como firmó en su contrato). Después llegó la nostalgia por la actitud de las personas del medio oriente, ver cómo te tratan por ser mujer y sin importar que seas extranjera".

Es el Día Internacional de la Mujer, una fecha que se celebra en muchos países del mundo --incluido Irán--y el relato de la experiencia de una de las mejores basquetbolistas de México que partió a la República Islámica para hacer lo que más le gusta, jugar, pone de tapete la esencia de la raíz del festejo: "La lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre (ONU)".

Siete de la mañana (diez de la noche en México); Brisa se levanta, toma un licuado y se dirige al gimnasio junto con una compañera de Serbia. Las reglas de Irán, gobernado por clérigos, quienes incluso tienen más poder que el político, dicen que las mujeres no pueden andar solas en la calle, tampoco hablarle a los hombres ni tener contacto físico: "Yo conocí a mi entrenador y no pude darle la mano".

De regreso a su lugar de descanso, desayuna y más tarde come. Encuentra un primer encanto: "Los mariscos y la fruta". Brisa, también medallista de plata en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 con el equipo nacional, se reúne a las 15:30 con las demás compañeras del equipo, algunas solo jugadoras, otras mamás y unas más entrenadoras físicas, para practicar durante tres horas.

Por la noche, luego de un baño y una merecida cena, la invitan de vez en cuando a un café o a pasear entre las calles con olor a madera: "Viajábamos en taxi, todo raro porque ellos siempre hablan gritando". Eso y el recuerdo de los hombres fumando a toda hora la persiguen.

Respetuosa de los códigos de vestimenta que desde hace casi 37 años –luego de la Revolución Islámica— las mujeres en Irán deben seguir y que son basados en la interpretación del Corán y la Sharía (ley islámica), hay momentos en los que la mexicana se siente atrapada: "Siempre preguntaba '¿puedo destaparme?' y mi manager–quien falleció en un accidente el 15 de febrero—me decía 'no Brisa, ¡eso es siempre!'. Ella actuaba y me explicaba como si yo supiera todo de su vida o el trato a las mujeres fuera así en todos lados". De hecho, en el 2014, casi tres millones de mujeres iraníes fueron amonestadas y forzadas a firmar un escrito comprometiéndose a no volver a violar la ley sobre la vestimenta.

Por fin llega el fin de semana, los jueves y viernes. Día de partidos y medios de comunicación: "Siempre después de un juego me llamaban para entrevista, pero los manager decían si podía darla o no, tenía que estar tapada. No había fotos en los partidos y si había hombres en el púbico, no nos destapábamos".

Los días pasaron y solo ella y la basquetbolista de Serbia terminaron los entrenamientos: "Éramos buen equipo, pero a las locales no les pagaron y dejaron de entrenar, les valía si jugaban bien o no". Así, se quedaron con el tercer lugar. Para la sinaloense ni en Abu Dabi, Dubái, Jordania o Siria –países a los que también ha ido a jugar-- el trato de la mujer es como en Irán.

De regreso a México, a más de 13 mil kilómetros de Irán, la basquetbolista fue recibida por su familia con un pozole, refresco de cola, pastel. Con la maleta aún sin desempacar, la cabeza destapada y todavía con sabor a orégano en su boca da un primer drible cuando se le pregunta: '¿si hubiera que luchar por una causa que beneficie socialmente la condición de las mujeres en Irán ¿te sumarías?'.

Brisa responde: "No iría de nuevo hasta Irán, lo haría desde mi país, con nosotras sucede en zonas marginadas, en lugares que menos imaginamos, siempre lucharía por los derechos de los seres humanos y si se trata de las mujeres con mayor razón". La desigualdad de las mujeres no está tan lejos.

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