Los Juegos Olímpicos y el culto al cuerpo

Más de dos mil años después, el misticismo que aún rodea el concepto de la figura, sigue siendo una representación tan atractiva para los espectadores que ahora admiran a las atletas, mientras que...
Más de dos mil años después, el misticismo que aún rodea el concepto de la figura, sigue siendo una representación tan atractiva para los espectadores que ahora admiran a las atletas, mientras que para ellas significa solo el vehículo.
 Más de dos mil años después, el misticismo que aún rodea el concepto de la figura, sigue siendo una representación tan atractiva para los espectadores que ahora admiran a las atletas, mientras que para ellas significa solo el vehículo.  (Foto: Notimex)
Ciudad de México -

El culto al cuerpo es tan antiguo como los griegos. Competir desnudos era una tradición que en el año 150 a.c. significaba un acto por el que a las mujeres casadas se les negaba el acceso a los estadios.

No todos eran tan desinhibidos y por ejemplo a los bárbaros les apenaba mostrar sus cuerpos.

Más de dos mil años después, el misticismo que aún rodea el concepto de la figura, sigue siendo una representación tan atractiva para los espectadores que ahora admiran a las atletas, mientras que para ellas significa solo el vehículo, perfecto o no, mediante el cual logran resultados.

Bien lo dijo Homero en la Odisea: "No hay mayor gloria para un ser humano vivo que aquella que gana con sus manos y sus pies”, y la máxima atleta de todos los tiempos en México –campeona centroamericana, panamericana, mundial y olímpica-, María del Rosario Espinoza, le da la razón: “El trabajo del cuerpo de una atleta se ve más en el atletismo, en voleibol, en natación. Con nosotros pasa algo diferente, el estereotipo de la atleta del taekwondo ha cambiado mucho, antes el cuerpo era muy bajito, hoy es delgado, alto y no tan musculoso, aunque no se ve, pero sí se aprecia a simple vista".

Además de exigirse dar resultados a través de la apropiación y entrenamiento del cuerpo y mente, una taekwondoína como María del Rosario, quien en el recién Abierto de España de la especialidad derrotó a la campeona olímpica de Londres 2012, Milica Mandic, más allá de la estética, el espejo y la cultura griega, la perfección de su figura tiene un solo objetivo: “al momento de trabajar mi cuerpo, pienso en no correr el riesgo de una lesión, yo soy bajita en mi categoría por eso debo ser más explosiva y rápida, eso es lo que más me importa".

¿Pero qué significa el cuerpo lejos de los griegos? Elsa Muñiz en su libro "Pensar el cuerpo" dijo que "la sociedad dispone e induce a los individuos para conseguir un cuerpo que luzca joven, delgado, sexual y exitoso, mientras que es una vergüenza 'vivir' en un cuerpo obeso, viejo o enfermo".

¿Cuál es la conexión entonces de la sociedad actual con los griegos y su obsesión por mostrar el cuerpo perfecto y desnudo?

En la obra "The Naked Olympics" se cree que “los historiadores modernos han intentado interpretar la desnudez como un ritual de iniciación, prácticas religiosas e incluso tradiciones prehistóricas de caza dado que los hombres se cubrían de aceites para enmascarar su olor”. Sin embargo, dice también, la explicación puede ser más sencilla: “la desnudez apela al puro exhibicionismo de los atletas griegos que les daba la oportunidad de mostrar sus físicos y la forma del cuerpo desnudo se hizo completamente arraigada en la cultura de gimnasio. De hecho la palabra gymnos, significa desnudo”.

Para la también taekwondoína medallista de plata panamericana, Paulina Armería, hay aproximaciones entre atletas "no te miento, te ves en el espejo y estás orgullosa de tu cuerpo; al final la perfección es más bien el darte cuenta de que cuando estás peleando gracias a todo el trabajo que le has puesto, estás más explosivo, pateas más fuerte, más alto, estás más flexible, es como si tuviéramos unos mini súper poderes".

El público encuentra entonces atractivo el cuerpo de las atletas porque éste se ha convertido en “una metáfora para controlar lo que está fuera de nuestro alcance”, como dice de nuevo Muñiz pues ilusoriamente el cuerpo nos pertenece y podemos remediar sus defectos, salvaguardarlo del paso del tiempo y conservar la juventud “que tan preciada es en nuestros días. Pero el cuerpo es al mismo tiempo la realidad”.

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