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El futbol en Espaa es algo ms que un espectculo de masas

Barcelona y Real Madrid son los clubes ms populares en Espaa. (Foto: Getty Images)
Barcelona y Real Madrid son los clubes ms populares en Espaa. (Foto: Getty Images)

MEDIOTIEMPO | Agencias
Madrid, Espaa, lunes 25 de Abril del 2011

  • La dimensión social que en poco más de un siglo ha tomado el futbol en España es notable

El futbol, deporte de equipo más importante en España por su número de practicantes, se ha convertido en un fenómeno que se relaciona con factores culturales, sociales, económicos e incluso políticos. Aunque suene a tópico, el futbol es algo más que dos equipos de 11 personas persiguiendo un balón.

Las últimas encuestas sobre hábitos deportivos muestran que 900 mil espectadores, más del 2 por ciento de la población, acuden cada semana a los estadios para ver a los equipos de Primera y Segunda División de la Competición Nacional.

Sin embargo, el mayor impacto del futbol en España está en la televisión, donde logra audiencias enormes: el 15 por ciento de la población sigue de manera habitual el futbol cada Jornada, cifra que se eleva a 20 por ciento cuando se trata de partidos de la Eurocopa.

Por ejemplo, durante el Mundial de Sudáfrica 2010, los partidos de la Selección Española alcanzaron audiencias aún mayores, llegando incluso al 50 por ciento en la Final del Campeonato.

La dimensión social que en poco más de un siglo ha tomado el futbol en España es notable. Comenzó su recorrido nacional a finales del Siglo XIX y principios del XX, con la fundación de los primeros clubes: Athletic de Bilbao (1898), Barcelona (1899) y Real Madrid (1902).

El primer Campeonato de Liga en España se celebró en 1929, una fecha que marcó el inicio de una competición que iría ganando importancia y espectadores de forma constante durante la década de 1930 (con el paréntesis de la guerra) y 1940.

Sin embargo, la verdadera explosión del futbol en España se produjo al llegar en los años cincuenta, cuando la rivalidad entre el Real Madrid y el Futbol Club Barcelona adquirió otra dimensión, y la dictadura del General Franco comenzó a utilizar este deporte como marco sustitutivo de la política, creando un ámbito desviado e inocuo de libre discusión.

En ese entonces, el Real Madrid, dirigido por el empresario Santiago Bernabéu, se convirtió en un símbolo del Régimen, que a través de él proyectaba una favorable imagen internacional.

Paralelamente, el Barcelona (o Barça) se convirtió en "algo más que un club de futbol", lo que eufemísticamente vino a significar que fue, para la población catalana, un soterrado símbolo nacionalista.

Al llegar la década de 1990, la rivalidad Real Madrid-Barça fue superando tales dimensiones supra-deportivas, para convertirse en un espectáculo de masas de carácter global que ha concitado la atención de millones de espectadores en todo el planeta.

Cuando juegan el Real Madrid y el Barcelona no sólo compiten dos equipos. Simbólicamente también compiten dos ciudades que rivalizan por su prevalencia en el país, dos proyectos de estado (centralista y federal), asociados a dos identidades colectivas (española y catalana).

También supone una confrontación deportiva entre los empresariados madrileño y catalán, que participan en la gestión de sus respectivos equipos, y, por tanto, el choque directo entre dos modelos de gestión.

Por un lado, se encuentra el modelo representado por el entrenador del Barcelona, Josep Guardiola, quien ha apostado claramente por la cantera del club, frente al empresarialismo de Florentino Pérez, Presidente del Real Madrid y que está fundamentado en la contratación de estrellas mundiales que refuercen la proyección del club en la esfera global.

El futbol posee un peculiar ingrediente para lograr un potente atractivo social. Se trata de la visión de los futbolistas como "hijos del pueblo", que logran fortuna con base en sus méritos, esfuerzo y compromiso.

La población se identifica con los jugadores, considerados una suerte de héroes a quienes es importante seguir. También hay que sumar la incertidumbre en el resultado, la estética del propio deporte e incluso de los equipos (cuyas camisetas se han convertido en emblemas), la dimensión en términos de ocio barato, factores que hacen del futbol un espectáculo de masas con gran repercusión económica.

Por su parte, los medios de comunicación masiva han convertido al futbol español en una máquina de marketing global. No sólo empresas de material deportivo buscan patrocinar a este deporte; todos los sectores pueden encontrar rentable patrocinar a un equipo para identificarse con sus valores (trabajo en equipo, seguridad, credibilidad, etcétera) y lograr un aumento de sus ventas.

Detrás del futbol español hay un modelo de negocio difícilmente cuantificable en términos económicos, donde se sospecha que han confluido muchos de los capitales provenientes de la especulación urbanística y la especulación en general.

Los datos del Annual Review of Football Finance, correspondientes al 2010 y publicados por la consultora Deloitte, muestran que la competición futbolística española creció un 4 por ciento, lo que representó ingresos cercanos a los 1.500 millones de euros (unos 2.183 millones de dólares), sobre todo por el crecimiento del Real Madrid y el Barcelona.

Ambos equipos fueron, por segundo año consecutivo, los que más dinero produjeron en el mundo.

El estudio citado reveló que el Real Madrid había ganado 438 millones de euros (unos 637,5 millones de dólares) hasta el 30 de junio del 2010, lo que significó un incremento del 20 por ciento, siendo éste el primer equipo del mundo en ganancias por sexto año consecutivo.

Por su parte, el Barcelona, que ganó al Real Madrid el título de España el año pasado y conquistó la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, tuvo un crecimiento cercano al 10 por ciento en sus ingresos, al lograr un total de 398 millones de euros (579,3 millones de dólares).

Hay que tener en cuenta que este estudio únicamente considera los ingresos directos, pues esto representa sólo la punta del iceberg en la economía del futbol.

Muchos de los clubes están presididos por grandes empresarios, representantes de las mayores corporaciones del país, también magnates del petróleo e incluso personalidades con tintes políticos, como el último Presidente del Barcelona, Joan Laporta, quien tras encadenar unos años de éxitos deportivos, anunciaba la formación de un partido político independentista cuando abandonó la Presidencia del Barça.

Presidir un equipo de futbol otorga notoriedad, fama y respetabilidad social. Los estadios, antes únicamente frecuentados por las clases populares, fueron reformados y ampliados con motivo del Mundial celebrado en España en 1982, que supuso un refrendo a este deporte y a sus mandatarios.

Actualmente, todos los estadios españoles cuentan con palcos que son utilizados por las clases dirigentes para tejer relaciones, llegar a acuerdos y hacer todo tipo de negocios.

El apoyo de personalidades de la política a los equipos de sus ciudades marca una relación equidistante donde los clubs obtienen ventajas económicas que los políticos (sobre todo alcaldes) esperan rentabilizar en votos, pues la simpatía por un determinado equipo de futbol también cotiza en el mercado electoral.

El futbol en España se ha conformado como un espacio simbólico; baste decir que casi el 85 por ciento de la población se siente muy o bastante orgullosa de los éxitos de la Selección Nacional.

El último Mundial supuso un gran éxito para España no sólo en lo deportivo, sino por la participación en la Selección de jugadores provenientes de todas las regiones del país, especialmente de Madrid, Barcelona y el País Vasco, lo que ha simbolizado un cierto triunfo en la unidad.

Consecuentemente, la arquitectura institucional del futbol en España es muy peculiar: el Consejo Superior de Deportes está definido por ley como un organismo autónomo de carácter administrativo, a través del cual se ejerce la actuación de la administración del Estado en el ámbito del deporte. Está presidido por el Secretario de Estado para el Deporte, que es un cargo político nombrado por el Gobierno en turno.

Finalmente, es necesario hacer referencia a un elemento característico de España y su relación con el futbol, el hecho de que este deporte ha venido siendo un factor de distensión para una sociedad que aún no ha resuelto algunas cuestiones políticas fruto de su historia más reciente.

Así, el futbol en España también es un espacio para el debate social, un ámbito que canaliza las pasiones sin que ello afecte de sobremanera a la estructura político-institucional.

En definitiva, y parafraseando el conocido lema barcelonista, el futbol en España es "algo más que un deporte".

[Xinhua]

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