La miasis es una enfermedad parasitaria provocada por larvas de mosca que se desarrollan en el cuerpo humano o animal, siendo una de las más peligrosas la causada por el gusano barrenador (Cochliomyia hominivorax). Aunque es poco común en humanos, su detección temprana es fundamental para evitar complicaciones graves. Conocer los síntomas y señales de alerta puede marcar la diferencia entre una atención oportuna y un problema de salud mayor.
Uno de los principales indicios de miasis es la presencia de una herida que no cicatriza y que, con el paso de los días, empeora. A diferencia de una infección común, la lesión suele presentar dolor intenso y constante, acompañado de inflamación, enrojecimiento y secreción con mal olor. En algunos casos, la persona puede notar una sensación de movimiento dentro de la herida, una señal clara de la presencia de larvas.
Otro síntoma frecuente es la aparición de pequeños orificios en la piel por donde supura líquido, sangre o pus. Estos orificios sirven como punto de entrada y respiración para las larvas. En infestaciones más avanzadas, es posible observar directamente los gusanos, de color blanquecino, alojados en el tejido afectado, lo que suele generar angustia y alarma en quien lo padece.
Además de los signos locales, la miasis puede provocar síntomas generales como fiebre, debilidad, malestar, dolor de cabeza y, en algunos casos, aumento de los ganglios cercanos a la zona afectada. Si la infestación no se trata a tiempo, existe el riesgo de infecciones bacterianas secundarias, daño profundo en tejidos e incluso complicaciones sistémicas.
Las personas con mayor riesgo de desarrollar miasis son aquellas que viven en zonas rurales o tropicales, tienen heridas expuestas, mala higiene, enfermedades crónicas, sistema inmunológico debilitado o dificultades para el autocuidado. Adultos mayores, personas en situación de calle y pacientes encamados también se encuentran entre los grupos más vulnerables.
Ante cualquier sospecha de miasis, es fundamental acudir de inmediato a un médico. El tratamiento consiste en la extracción completa de las larvas, la limpieza profunda de la herida y el uso de medicamentos para prevenir o tratar infecciones. Bajo ninguna circunstancia se recomienda intentar retirar los gusanos sin supervisión médica, ya que una extracción incompleta puede agravar la lesión.
Reconocer a tiempo los síntomas de la miasis es clave para recibir tratamiento oportuno. Mantener las heridas limpias, cubiertas y vigiladas, así como acudir al médico ante cualquier cambio inusual en la piel, es la mejor forma de prevenir esta enfermedad asociada al gusano barrenador.
