Las chinches de cama son una de las plagas domésticas más molestas y difíciles de eliminar. Aunque pueden estar presentes durante todo el año, sí existen momentos en los que su aparición en casa se vuelve más frecuente. Conocer cuándo hay mayor riesgo ayuda a prevenir infestaciones antes de que se salgan de control.
El periodo en el que más aumentan los casos de chinches suele coincidir con las temporadas de calor, especialmente primavera y verano. Las temperaturas más altas aceleran su ciclo de vida: los huevos eclosionan más rápido y las ninfas se desarrollan con mayor velocidad, lo que permite que la población crezca en menos tiempo. Además, el calor favorece su actividad nocturna, que es cuando salen a alimentarse.
Otro factor clave no es solo el clima, sino el movimiento de personas. Durante vacaciones, puentes largos y temporadas de viajes, el riesgo de llevar chinches a casa aumenta. Estos insectos son expertos en esconderse en maletas, mochilas, ropa, sillones o colchones. Hoteles, hostales, transporte público y viviendas de renta temporal son puntos comunes donde pueden adherirse a objetos personales sin que la persona lo note.
También es común que las infestaciones se detecten más en otoño, pero no necesariamente porque haya más chinches, sino porque ya tuvieron meses para reproducirse sin ser vistas. Muchas personas no se dan cuenta del problema hasta que las picaduras son constantes o aparecen manchas oscuras en sábanas y colchones.
En invierno, aunque su actividad disminuye un poco, no desaparecen. Las casas con calefacción mantienen temperaturas ideales para que sobrevivan. Por eso, pensar que el frío las elimina es un error frecuente.
Las chinches salen principalmente por la noche, atraídas por el calor corporal y el dióxido de carbono que exhalamos al dormir. Si hay personas en casa, siempre tendrán una fuente de alimento, sin importar la estación.
La mejor prevención es revisar equipaje después de viajar, lavar ropa con agua caliente, aspirar colchones y revisar costuras, cabeceras y grietas. Detectarlas temprano marca la diferencia entre un problema pequeño y una infestación difícil y costosa de erradicar.
