Automovilismo

Rugidos, asfalto y resistencia: El color del Speedfest 2026

El Autódromo Hermanos Rodríguez fue testigo de una edición más de este exitoso evento que combina la adrenalina con la resistencia.

El Autódromo Hermanos Rodríguez se transformó este fin de semana en el epicentro de la adrenalina (Cortesía)
El Autódromo Hermanos Rodríguez se transformó este fin de semana en el epicentro de la adrenalina (Cortesía)
Olga Hirata
Ciudad de México

La velocidad no pide permiso; se siente en el pecho. El Autódromo Hermanos Rodríguez se transformó este fin de semana en el epicentro de la adrenalina con la primera edición del Speedfest 2026. Entre el olor a llanta quemada y un sol plomizo de 33 grados, el evento no fue solo una exhibición de motores, sino una auténtica prueba de supervivencia humana y mecánica.

Aquí, el espectáculo exige intensidad. Desde las gradas, el público disfruta el rugido, pero en la pista, el “desgaste invisible” condiciona cada vuelta. Genaro Dávalos, de la escudería Dávalos Racing Team, lo vivió en carne propia: un radiador roto y el calor implacable pusieron a prueba su temple.

“El carro se afecta bastante; cuando hace calor corren menos. Cuando está fresco, el auto respira mejor”, explicó el piloto, subrayando que en el asfalto no solo se compite contra otros conductores, sino contra el clima y la física.

Dentro de la cabina, la historia es de resistencia pura. Con temperaturas extremas, la hidratación deja de ser rutina para volverse estrategia. Pero el verdadero juez es el asfalto.

Dávalos destaca la precisión quirúrgica necesaria para gestionar la presión de los neumáticos: “Si sales con mucha presión, las llantas se vuelven resbalosas; si sales muy bajo, te las acabas”.

En esta edición, una nueva chicana por seguridad añadió peligro y complejidad a una fecha que, en palabras de los protagonistas, fue de las más complicadas. Aun así, correr en este recinto icónico —el mismo que pisa la Fórmula 1— es un honor que no se negocia.

Talento contra corriente

El Speedfest también es el escenario donde nacen las nuevas leyendas. Jorge Solís, un joven de 18 años de la escudería Pro-Rally, representa la cara de la insistencia. Sin un apellido de abolengo en el automovilismo —hijo de una veterinaria y un capitán de caballería—, Solís cambió los caballos reales por los de fuerza.

“A los 14 años me dijeron que estaba loco”, recuerda Jorge, quien tras ganar en los karts y entrenar en el Ajusco, hoy compite en las grandes ligas mientras se prepara para estudiar Administración en Deportes.

Para él, estar en el Hermanos Rodríguez es el sueño de todo piloto mexicano. Su mensaje es claro: en un deporte lleno de decepciones, la clave es no rendirse.

Al final, el Speedfest 2026 se resume en eso: pilotos que bajan de sus autos empapados en sudor, equipos que reparan motores a contrarreloj y un público que apoya el talento local.

Sin el glamour inflado de otras categorías, el automovilismo mexicano demostró que tiene garra, corazón y, sobre todo, mucha velocidad. Los motores se apagan, pero el eco de la adrenalina se queda vibrando en el asfalto.

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