El destino de los Denver Broncos ha quedado en vilo tras la fractura de tobillo de Bo Nix en la Ronda Divisional. Mientras hay muchas incertidumbres de si la temporada de ensueño de Denver se terminará este domingo en Mile High o el equipo saldrá adelante, gran parte de esta respuesta dependerá de Jarrett Stidham, un quarterback con apenas cuatro titularidades previas que ahora debe cargar con el peso de una ciudad que sueña con el Super Bowl tal y como sucedió hace 10 años y en Santa Clara, la misma sede de este 2026.
Es más que normal sentir escepticismo sobre este suplente, que tiene con una enorme carga y sin un solo partido de preparación, pero si algo nos ha enseñado la NFL es que es una Liga donde lo improbable puede dictar sentencia. Stidham podría fallar en el intento, pero también podría unirse a un grupo de figuras que, contra todo pronóstico, transformaron una crisis médica en una oportunidad dorada para sus carreras.
Porque así como hay casos en los que la crisis se agravó con la pérdida de un titular clave, también hay esas historias en las que el suplente fue el autor de su propia historia, ejemplos que Stidham querrá emular y recordarnos que en la NFL, como en el deporte, todo es posible. Para Stidham, no solo es la oportunidad de enfrentarse a su ex equipo, los New England Patriots, también la de darle un giro a su trayectoria.
El surgimiento de Tom Brady y Kurt Warner
Si Stidham busca una señal de que el anonimato es el preludio de la grandeza, encontraremos los mayores casos de éxito en 1999 y 2001, con un quarterback que forma parte del Salón de la Fama del Futbol Americano Profesional y otro que está a nada de unirse a ese panteón de inmortales.
La historia de los New England Patriots cambió para siempre cuando una hemorragia interna de Drew Bledsoe obligó a Bill Belichick a confiar en un joven Tom Brady. Aquella temporada de 2001, que inició con un récord negativo 0-2, terminó con Brady alzando el trofeo Vince Lombardi tras vencer a los favoritos St. Louis Rams de época que fueron conocidos como The Greatest Show on Turf (El Mayor Espectáculo en el Césped).
Lo irónico es que esos mismos Rams vivieron un cuento de cenicienta dos años antes, con un American Underdog, o una historia improbable en la que el éxito llegó desde el quarterback que menos se imaginaron que sucedería.
Cuando Trent Green se lesionó en la pretemporada de 1999, Kurt Warner —quien venía de la Arena Football y de trabajar en un supermercado— tomó las riendas del Greatest Show on Turf. Warner no solo fue un reemplazo funcional; fue el MVP de la Liga y del Super Bowl, demostrando que un suplente con visión puede ser la pieza clave para llevar un sistema hasta niveles históricos.
Los veteranos olvidados que supieron resistir
Para Stidham, cuya actividad en los últimos dos años ha sido nula, la trayectoria de Jeff Hostetler puede traerle inspiración. En 1990, los New York Giants perdieron a Phil Simms en la semana 15. Hostetler, un veterano con solo dos aperturas en seis años y que coqueteaba con el retiro, tuvo una postemporada impecable que culminó con la victoria sobre los Buffalo Bills en el Super Bowl XXV.
Jim Plunkett vivió un momento similar en 1980. Tras la fractura de pierna de Dan Pastorini, los Oakland Raiders recurrieron a un Plunkett que muchos consideraban acabado. Si bien tuvo un debut desastroso con cinco intercepciones, la gerencia confió en él y no se equivocó: el quarterback comandó una racha histórica que convirtió a los Raiders en el primer equipo comodín en ganar el Super Bowl, con Plunkett como el primer latino nombrado MVP del Gran Juego.
Los que innovaron a sus equipos
A veces, el cambio de quarterback no solo mantiene el nivel, puede llegar a revolucionar el ataque. En 2012, una conmoción de Alex Smith le abrió la puerta a Colin Kaepernick en San Francisco, con el visto bueno del head coach Jim Harbaugh.
Su capacidad para correr y lanzar acabó con defensas como la de Green Bay Packers y llevó a los 49ers a las puertas de un campeonato. Aunque perdieron el Super Bowl XLVII ante Baltimore Ravens, Kaepernick demostró que un suplente con habilidades distintas puede ser un arma letal si el entrenador confía en él.
También tenemos a Frank Reich, quien entró como salvavidas en 1992 por la lesión de Jim Kelly, siendo clave en la remontada ante Houston Oilers, superando un déficit de 32 puntos. Su labor como suplente fue tan respetada que, años después, pero como coordinador ofensivo, fue el guía de otro suplente, Nick Foles.
Las redenciones existen
Earl Morrall es otro relevista de élite. En 1970 salvó a los Baltimore Colts tras la caída de Johnny Unitas para ganar el Super Bowl V, y en 1972 fue el motor que mantuvo la perfección de los Miami Dolphins mientras Bob Griese se recuperaba para eventualmente ganar el Super Bowl VII, el único que tuvo a un campeón invicto.
Si algo le puede aprender Stidham a Morrall es la importancia de mantener el nivel competitivo de su equipo, algo que puede ser bien aprovechado con una de las mentes estratégicas más importantes del siglo XXI como Sean Payton, quien comanda a Denver.
El referente más reciente, y probablemente el primero que se le viene a la memoria a muchos es Nick Foles. En 2017, la rotura de ligamento de Carson Wentz parecía el fin de los Philadelphia Eagles.
Sin embargo, Foles superó toda expectativa al vencer a los New England Patriots en un duelo ofensivo que culminó con un 41-33 en el Super Bowl LII. Su capacidad para ejecutar jugadas de alto riesgo, como la Philly Special (en la que atrapó un pase de touchdown), nos recuerda que el suplente no tiene por qué ser cauteloso o temeroso, sino aguerrido y atrevido.
Este domingo veremos cuál es la resolución de Jarrett Stidham, quien afronta la oportunidad de su vida y que, si todo sale bien como los casos anteriores, podría cambiar su carrera para siempre.
