La historia de la Selección Mexicana en los Mundiales está marcada por momentos que rozan la gloria y terminan en tragedia. Uno de ellos quedó tatuado en la memoria de los aficionados y se dio en la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014.
En aquel entonces, el equipo nacional se quedó a minutos de eliminar a Países Bajos en los octavos de final, en un partido que derivó en el ya inmortal “no era penal”.
Un momento que aún no se asimila
Para Marco Fabián de la Mora, protagonista de aquella generación, el recuerdo sigue tan vivo como doloroso.
“Lo que vivimos ese día fue algo que no se puede explicar fácilmente; veníamos de hacer una fase de grupos muy sólida, habíamos competido de tú a tú contra selecciones importantes, y en ese partido estábamos a nada de hacer historia, de dar ese paso que tanto se le exige a México, pero todo cambió en cuestión de minutos, en un abrir y cerrar de ojos que todavía hoy cuesta asimilar”, dijo en entrevista.
México había superado la fase de grupos tras empatar sin goles ante Brasil, vencer 1-0 a Camerún y derrotar 3-1 a Croacia. En octavos, el equipo dirigido por Miguel Herrera se adelantó con gol de Giovani dos Santos al minuto 48, pero el cierre fue devastador. Wesley Sneijder empató al 88’ y, ya en tiempo de compensación, el árbitro marcó un penal polémico tras una supuesta falta de Rafael Márquez sobre Arjen Robben, que Klaas-Jan Huntelaar convirtió para el 2-1 definitivo.
“Todavía con el paso de los años te pones a analizar la jugada, a recordar cada detalle, y entiendes que hay decisiones que marcan carreras completas, que cambian destinos de selecciones enteras, y ese penal fue una de ellas, porque no solo nos dejó fuera, sino que también nos quitó la oportunidad de demostrar hasta dónde podía llegar ese grupo que venía haciendo las cosas muy bien”.
Sentimiento de frustración
Por supuesto, en cuanto silbó el árbitro el final del encuentro, los mexicanos se fueron destrozados al vestidor. No había nada que decir, el dolor y la rabia estaban presentes, y con verse los unos a los otros entendían que no era momento de hablar.
“Entramos al vestidor y lo único que recuerdo es un silencio larguísimo, incómodo, doloroso; parecía un velorio, nadie hablaba, nadie encontraba palabras, porque sabíamos que habíamos hecho todo para ganar, que habíamos estado a la altura, y que por detalles, o por decisiones que se escapan de nuestras manos, se nos iba algo que ya sentíamos nuestro”.
El mediocampista también recordó cómo ese momento marcó a todo el grupo:
“Era muy fuerte porque incluso antes del final ya nos veíamos en la siguiente ronda, no por confianza excesiva, sino porque el partido lo teníamos controlado; entonces recibir ese golpe fue como un balde de agua helada, algo que no esperas, que no entiendes en el momento y que te deja completamente vacío”.
"Lo más duro de todo es que en el vestidor sabíamos que habíamos sido superiores en muchos lapsos del partido, que habíamos controlado a un rival de jerarquía mundial, y que el resultado no reflejaba lo que realmente pasó en la cancha, por eso ese silencio del que hablo fue tan pesado, porque no era solo tristeza, era una mezcla de impotencia, frustración y una incredulidad que nos acompañó durante mucho tiempo”.
A pesar del golpe, el regreso a México tuvo un matiz distinto porque la gente los recibió con los brazos abiertos, un panorama diferente al que creyeron podrían tener. Por eso, explicó Marco, el trago amargo pasó más rápido.
Y es que entendieron que “el equipo dejó todo en la cancha, que peleamos hasta el final, y de ahí nació con más fuerza esa frase que hasta hoy sigue acompañando ese partido: ‘No era penal’”.
Marco Fabián, quien disputó también la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018, donde México logró una histórica victoria 1-0 sobre Alemania, reconoce que ese tipo de experiencias definen a una generación.
“Los Mundiales no te dan margen de error, son torneos donde no puedes parpadear, donde cada jugada puede cambiar tu historia; por eso duele tanto, porque sabes que esas oportunidades no se repiten fácilmente, y cuando las tienes tan cerca, perderlas de esa forma te marca para siempre”.
A más de una década de distancia, aquella tarde en Fortaleza sigue siendo uno de los capítulos más recordados en la historia del futbol mexicano. Para Marco Fabián, no es solo una jugada polémica, sino un recuerdo que resume la eterna lucha del Tricolor por trascender. Estuvo cerca, pero faltó el último paso.
“Nos quedamos con esa espinita, con la sensación de que pudimos hacer algo más grande, pero también con el orgullo de haber representado a millones de mexicanos que nunca dejaron de creer en nosotros”.
