El reconocimiento entregado por el Consejo Mundial de Boxeo a Brandon Mosqueda no llegó como un gesto aislado ni como un premio simbólico. Fue la consecuencia directa de un proceso deportivo que tuvo como punto culminante la victoria en el Grand Prix, un torneo de alta exigencia que colocó su nombre en el mapa internacional del boxeo.
Mosqueda, boxeador mexicano de perfil discreto y recorrido poco mediático, regresó a la Ciudad de México tras cumplir el objetivo en Ryad. En el aeropuerto fue recibido por su familia, un momento que él mismo describió como uno de los más significativos del año.
“Fue muy emotivo ver a mi familia, mi gente más cercana, más querida en el aeropuerto recibiéndome, y después de tanto trabajo, del sacrificio en este año, bien contento y bien agradecido”
Su vida cambió
El triunfo marcó un punto de quiebre no solo deportivo, sino también personal. Hasta hace poco, Mosquera combinaba su carrera boxística con el reparto de comida en motocicleta, una rutina que implicaba desgaste físico y presión constante fuera del ring. Ese escenario quedó atrás, aunque, como él mismo reconoce, el alivio no significa comodidad.
“Dejamos problemas, pero vienen problemas más grandes. No lo vemos así, lo vemos como redoblar el esfuerzo, hacer lo mejor por nuestro trabajo, y que en este 2026 se vengan buenos retos”
Desde inicios del año pasado, Mosqueda tomó una decisión clave: dejar por completo su empleo para enfocarse al cien por ciento en el boxeo. El resultado fue inmediato.
“Desde el año pasado, a inicios, dejamos el trabajo totalmente para enfocarnos a esto y nos dio resultado. Entonces seguiremos por este camino”
¿Su entorno ha cambiado?
A pesar del reconocimiento público y de una mayor exposición, su entorno no ha cambiado de forma drástica. En su barrio, asegura, lo siguen viendo como siempre.
“Todos me siguen viendo como ese chavillo que iba en la moto, el que anda con los amigos, en el frontón, en todos lados. No veo que cambie mi forma de ser y me siguen viendo con el mismo cariño”
El respaldo familiar ha sido constante durante el proceso, particularmente en los momentos de mayor incertidumbre.
“Bien orgullosos, bien contentos de que estamos dando resultados, de que nos traemos las victorias y me siguen apoyando al pie de cañón toda mi familia”
En el plano emocional, Mosqueda admite que aún asimila lo conseguido. Ganar el Grand Prix no estaba fuera de sus planes, pero sí representaba uno de los mayores desafíos de su carrera.
“Hay veces que no me la creo. Yo sabía que este año era un torneo complicado, una hazaña difícil. Lo conseguimos, entonces sé que puedo lograr más cosas”
Uno de los motores centrales en esta etapa es su hija, a quien menciona como su principal fuente de motivación cotidiana.
“Sigue siendo mi mayor motivación, mi impulso a seguir cada día. Hay veces que nos levantamos muy temprano y no dan ganas, pero la veo y digo que depende de mí”
Aunque su hija aún no habla, el reencuentro tras el torneo fue significativo para él. “Me ve, me reconoce y risa y risa con mi hija”.
Lejos de sentirse satisfecho, Mosqueda tiene claro que el Grand Prix no es el punto final de su trayectoria. “Me siento realizado, pero nunca conforme. Este no es el objetivo principal, fue un objetivo que se nos cruzó. Vamos por el campeonato del mundo absoluto, primero Dios”.
El reconocimiento del WBC en la Ciudad de México funciona como una validación institucional de su momento deportivo, pero también como una señal de que Brandon Mosqueda ha dejado de ser una historia silenciosa. Hoy es un nombre que empieza a ser observado con atención dentro del boxeo profesional.
