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Raíces, El Comienzo: Mariana Kahlil de vivir en hospitales a brillar de nuevo sobre el fuego

Un accidente que le causó quemaduras de tercer grado, por poco le cuesta la vida, pero la tenacidad la elevó como un ave fénix

RESURGIÓ DE LAS CENIZAS: La impactante historia de Mariana Kahlil | Raíces: El comienzo
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Raíces, El Comienzo. La historia de Mariana Kahlil (MT IA)
Raíces, El Comienzo. La historia de Mariana Kahlil (MT IA)
Daniel Santillán
Ciudad de México

En la mitología griega, el ave fénix es símbolo del renacimiento y de la reconstrucción, eso es lo que Mariana Kahlil vivió desde muy pequeña, para hoy convertirse en una historia de fortaleza y superación.

Llegamos a su casa en Chihuahua intrigados por conocer la fuente de esa fuerza que la caracteriza. Una fortaleza física y mental que la llevó de ser una niña al borde de la muerte por quemaduras, a una atleta capaz de conquistar un reality de máxima exigencia física.

Su historia comenzó en el jazz, una disciplina que desde pequeña le ayudó a entender el significado de la dedicación, la constancia y el perfeccionismo.

"Es tenaz y terca en muchas cuestiones. Le gustaba estar yendo a gimnasia, eso lo trae, trae esa dedicación por hacer deporte y con eso nunca batallamos con ella", empezó su padre, Óscar Kahlil, al describirla.

El accidente que marcó su vida

La niña que apenas comenzaba a descubrirse y disfrutar sus pasiones sufrió, junto a su familia, un accidente que marcaría su vida. Una llave de paso provocó una explosión y, de un momento a otro, su realidad cambió para trasladarse de hospital en hospital.

La explosión alcanzó a Mariana, a su hermana Luisa y a su madre Karla Jacott. Las tres quedaron en estado grave con quemaduras de tercer grado.

"La vida nos cambió en un segundo, se volvió otra. Éramos unas niñas, fue complicado, shockeante, con mucha adrenalina. Pocos recuerdos tenemos de ese día", compartió su hermana mayor.

En un abrir y cerrar de ojos, quien era una niña alegre, que se dejaba guiar por la libertad del jazz, quedó al borde de la muerte y posteriormente resguardada en hospitales con prendas de compresión para tratar su piel.

Crecer con el dolor inseparable 

Con todo y aquellos “trajes” especiales y la máscara para tratar las quemaduras, nada frenaba la determinación de Mariana por regresar a su disciplina. La niña que antes encontraba libertad en el movimiento tenía claro que quería volver a bailar.

"Lo único que preguntaba Mariana era si iba a volver a bailar. Le decía que sí, y lo creía. Cuando la llevo el primer día fue terrible para mí, ver que no podía hacer muchas cosas. Mariana me decía que le dolía cada movimiento, su piel se reventaba y salía sangre", confesó su madre.

En su familia, Mariana encontró el respaldo necesario para no solo recuperarse, sino también volver a exigirse.

"Mucha gente pensaba que cómo la llevábamos tan pronto del accidente, pero era una necesidad de volver a una normalidad, precisamente para sentir que esa normalidad iba a llegar. Sí fuimos un poco agresivos, pero ellas también lo pedían", dijo su padre.

"El baile te permite expresar, divertirte, reírte. No podíamos caminar, no podíamos movernos, no teníamos casa porque había explotado. Todo era diferente y el jazz nos ayudó a conectar un poco con lo que éramos antes", agregó Luisa.

La campeona sin corona 

Con el paso del tiempo, Mariana continuó hacia adelante. Creció y encontró nuevas pasiones como el CrossFit, donde halló un nuevo reto para llevar su cuerpo a nuevos límites.

"Se volcó hacia el CrossFit, le gustó mucho. Yo me enojaba con ella porque se trepaba a la cuerda y se cortaba la piel. Me enojaba bastante", dijo su padre.

Fiel a su tenacidad, Mariana no desistió en su nueva disciplina. Buscaba dominar cada reto, pero el desafío más grande no terminaría llegando en el gimnasio, sino en la televisión.

Años después, Kahlil entró a un reality deportivo donde conmovió con su historia, pero sobre todo asombró por la fortaleza de su cuerpo y de su mente.

La tenacidad mostrada desde niña, esa misma que la acompañó entre hospitales, tratamientos y momentos de dolor, fue la que llevó a Mariana a contar su historia a un nivel masivo. Con cicatrices, lágrimas y sacrificios, volvió a demostrar esa fortaleza que la caracterizó desde pequeña.

La corona del reality era lo de menos. Pasar de hospitales, máscaras y trajes de compresión, a convertirse en una referente de exigencia física, ya era una victoria para aquella niña que un día tuvo que aprender a resurgir de sus propias cenizas.

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