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Columna de Enrique BeasEditorial Mediotiempo

Salvajada al corazón

Admito que he contado mucho de futbol americano, pero nadie me había avisado que las horas contarían siglos llenos de inmortalidad, recuerdos llenos de minutos y corazones paralizados en quirófanos televisados.

Ojos que no bostezaban, labios que no respiraban y momentos que no pasaron. La realidad ficción y las atrapadas imaginarias en la línea muerta del tiempo para los que serán siempre los culpables de una sobredosis de adrenalina y emociones.

¡Bienvenidos, bienvenidos! A la era de los Mannings, a las fechas saturadas de salud en un consultorio que permita revisarte de la salvajada al corazón.

Hace ya un poco más de 10 años que la Conferencia Americana era dominante cuando llegaba la gran fiesta y aniquilaba a los de la Nacional. Pocas sorpresas se habían marcado en la Unión Americana en talantes deportivos. Y es curioso, porque las de más relevancia se han dado entre dos ciudades: Boston y Nueva York. En esta ocasión fueron los de la Gran Manzana quienes doblegaron a los bostonianos. Por fin el alma de la metrópoli cosmopolita por excelencia ya descansa mejor, después de aquella voltereta inolvidable en la serie de campeonato entre las Medias Rojas y los Yanquis para romper la maldición del Bambino.    

Y otra vez con partituras perfectas en el script de la zaga entre estas dos grandes poblaciones que controlan de cierta manera a los Estados Unidos. Otra vez sus historias nos hacen participar en el consumo mediático (otro ejemplo es con su lenguaje en los medios de comunicación en el tema político: Obama-Clinton). Otra vez todos leemos que se rompió la perfección, que los registros serán olvidados por las hazañas, que Brady volvió a perder contra el linaje Manning y que el juego sigue siendo esa contorción de emociones en la industria del óseo humano que atrapa a millones en un súper domingo. Otra vez las epopeyas gringas le regalan al televidente una salvajada al corazón. 

Un breve paréntesis. De nuevo los mexicanos atacaron el noble corazón de la audiencia y pecaron de espectáculo en uno de los mejores eventos deportivos. Aquí recuerdo a un maestro nato del periodismo con unos de sus pasajes narrativos. Ryszard Kapuscinski, que citando un poco de su obra El Imperio, narra: Sólo tenían que salvarse aquellas iglesias y aquellos palacios de la aristocracia que habían sido construidos con ladrillos y piedra… de ahí la demolición de las iglesias por los bolcheviques no sólo fue una lucha contra la religión, sino también un intento de destruir los únicos vestigios del pasado, un intento de destruir la historia, para que sólo quedase desierto, un agujero negro. Como el agujero negro que en este año las producciones magnas de entretenimiento en nuestras cadenas de televisión abierta destruyeron, dejando al espectador un agujero negro del gran duelo que pasará a la historia. Las producciones de espectáculos dentro del deporte durante las transmisiones nos dieron una dañina salvajada al corazón.        

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