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José Celorio
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El precio de reiniciar Xbox

Xbox no atraviesa por un buen momento. (Foto: Reuters)
Xbox no atraviesa por un buen momento. (Foto: Reuters)
Ciudad de México

Durante años, Xbox pareció construir uno de los ecosistemas más ambiciosos y diversos de la industria. Mientras Sony fortalecía sus exclusivas narrativas y Nintendo apostaba por sus franquicias clásicas, Microsoft emprendió una agresiva estrategia de adquisiciones para alimentar Game Pass y ampliar su catálogo. Estudios como Ninja Theory, Compulsion Games, Double Fine, Obsidian, Bethesda y, posteriormente, Activision Blizzard formaron parte de una visión que prometía creatividad, variedad y crecimiento sostenido para llegar a prácticamente cualquier tipo de jugador.

No obstante, ese proyecto comenzó a mostrar señales de desgaste. Los despidos masivos, los cierres de estudios y las sucesivas reestructuraciones han evidenciado que Xbox atraviesa una crisis de identidad. Lo que alguna vez fue una estrategia enfocada en expandir talento y diversificar propuestas parece haberse transformado en una búsqueda urgente de rentabilidad.


La diferencia entre las etapas de Phil Spencer y Asha Sharma ayuda a explicar este cambio. Spencer fue el arquitecto de la expansión, impulsando compras multimillonarias y apostando por una cartera capaz de combinar grandes franquicias con proyectos experimentales. Sharma, en cambio, heredó una organización enorme y costosa, por lo que su gestión se ha centrado en simplificar estructuras, reducir gastos y concentrar recursos en marcas con capacidad probada para generar ingresos masivos.


Como resultado, Xbox parece estar redistribuyendo algunas de sus licencias y equipos más importantes. La franquicia Halo ha quedado bajo la responsabilidad de Activision, mientras que Obsidian pasaría a integrarse dentro de la estructura de Bethesda para participar en el desarrollo de una nueva entrega de Fallout. Lo que alguna vez fue una apuesta por la diversidad creativa parece dar paso a una organización más enfocada en maximizar el valor de sus franquicias más rentables como Call of Duty y Minecraft, por mencionar algunas.

Lo más preocupante no es únicamente la magnitud de los recortes, sino la forma en que se han ejecutado. Diversos casos han proyectado una imagen de improvisación dentro de la compañía. El despido del director narrativo de Gears of War: E-Day poco después de que el juego alcanzara la fase Gold alimentó la percepción de que ni siquiera completar exitosamente uno de los proyectos más importantes de Xbox garantiza estabilidad laboral.

El caso de Ninja Theory representa quizás la contradicción más evidente. Durante el más reciente Xbox Games Showcase se presentó Senua, una nueva producción ligada al universo de Hellblade como parte del futuro de la plataforma, pero poco después se confirmaba la muerte del estudio al igual que Compulsion Games. Double Fine sí fue capaz de conseguir su independencia.

Al final, Xbox sigue persiguiendo el mismo objetivo que ha buscado durante años: consolidar su posición en una industria cada vez más competitiva y alcanzar una estabilidad financiera duradera, sin embargo, cada nueva reestructuración parece alejarla un poco más de la cultura creativa que impulsó su expansión.

Quizá esta estrategia termine funcionando desde una perspectiva financiera, pero el costo ya es evidente. No solo se refleja en estudios cerrados o proyectos afectados, sino también en la pérdida de confianza de una comunidad y de un talento creativo que alguna vez vio en Xbox un espacio para innovar y construir el futuro del videojuego.

X | Instagram | Twitch: @iamjosecelorio

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