Trofeos y tuzo-bonos

Dicen que prometer no empobrece.

Dicen que prometer no empobrece.

Y no hay equipo en el futbol mexicano que arranque la liga sin ilusionar a sus seguidores con dar el máximo esfuerzo en la campaña y buscar el título. Suena como algo normal.

Así como también hay cuadros de los llamados "grandes", de los que decimos que calificar a la Liguilla no es ningún mérito sino una obligación.

Y es que como hace poco comentó mi amigo Miguel Gurwitz, "dime cuánto inviertes y te diré a que aspiras".

Pero debe resultar muy difícil para los encargados de manejar la mercadotecnia de ciertos conjuntos el inventar campañas publicitarias dirigidas a sus aficionados, señalando que irán por el campeonato cuando como en el caso del Atlas, eso no sucede desde 1951, Tigres de la U. de Nuevo León desde 1982 o Cruz Azul hace 10 años.

Pero el caso de Pachuca es ya una apuesta segura para todo aquel que compra el famoso "tuzo bono", que sin mayor preocupación de sus diseñadores puede mostrar la leyenda de... "incluye entrada a las finales". Y les cumplen.

Y es que sin caer al detalle de las historias de este éxito tuzo que todos hemos escuchado en las últimas horas, no puede dejar de impresionarme la enorme facilidad que este equipo tiene para ganar trofeos.

Hoy de hecho, quiero compartir con ustedes una anécdota que viví cuando hace 7 años fui invitado junto con otros amigos y colegas a conocer el terreno donde se iba a construir lo que hoy es la famosa Universidad del Futbol.

Resulta que todo era terreno, escombros, cerros de material, cemento y varillas y entonces guiados por la voz de Andrés Fassi caminábamos mientras escuchábamos que de tal a cual lugar serían los vestidores, las canchas, el gimnasio, las oficinas, el consultorio, el comedor, etc.

De pronto se hizo un alto al camino y el Director Deportivo nos presumió que Pelé sería el encargado de inaugurar la Universidad y que a un lado de la entrada estaría la "sala de trofeos", a lo que de inmediato un integrante de la caravana (Ara Piloyan, hoy comentarista en Estadio W y buen amigo de la institución tuza) dijo a todo pulmón y en tono irónico... ¿Y para qué ponen esa sala si no han ganado nada... acaso van a comprarlos? Y siguiendo la broma, muchos lanzaron la carcajada.

Entonces, tomando sin enojo la crítica de su amigo, Fassi le dijo... " tranquilo padrino… que ya vendrán".

Y créanme que cada vez que veo a los Tuzos levantar un trofeo, me vuelven a la mente aquellas escenas.

Porque hoy, lo que sobran son momentos inolvidables de Jesús Martínez, Vidrio, De Anda, Caballero, Chitiva, Calero y muchos otros alzando los brazos y mostrando una corona de liga, CONCACAF y ni qué decir, de la Sudamericana.

De la misma forma, me acuerdo cuando hace 12 años viajaba a Pachuca con la flojera de llegar a transmitir en un estadio casi vacío para ver un partido de un equipo sin alma, sin aspiraciones para ser grande y del cual no nos extrañaba estuviera navegando en la mediocridad de la Segunda División o la Primera "A".

Ni qué decir de futbolistas con cierto nombre que todavía hace unos años se negaban a "bajar de categoría" según ellos cuando los Tuzos los adquirían en un Draft.

Hoy el tema es diferente.

Pachuca creció, es grande, tiene una sala de trofeos envidiable y las filas para comprar el abono anual son comunes.

¿Alguien sigue pensando que tantos logros sean casualidad?... yo creo que no, y por cierto según me dijeron, la Directiva ya está pensando en ampliar el tamaño de su sala donde exhiben los trofeos.

Y es que obviamente ya no caben.

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