El amigo Miguel

Estoy en Venezuela inmerso en el tema futbolero pero les quiero platicar de una historia muy personal.

Estoy en Venezuela inmerso en el tema futbolero pero les quiero platicar de una historia muy personal.

Se trata de un personaje que desde el día de mi llegada se ha convertido en un hombre indispensable en el desenvolvimiento de un grupo de seis mexicanos que llegamos a cubrir la Copa América para los micrófonos de Estadio W.

Se llama Miguel y apareció cuando en la recepción del lejano Hotel Oasis (que nada tiene que ver con su atractivo nombre) pedimos un taxi.

Casi 30 minutos después de lo acordado se apareció por la puerta un muchacho de 30 años, bajito, medio gordo, con cara de boxeador por su nariz achatada, ojos de oriental y cabello corto, ¡ya llegué!... y desde entonces con mucho gusto, no nos lo quitamos de encima.

El trato era llevarnos urgentemente al trámite de la acreditación y la buena vibra de la plática en el camino sumado a su auto prácticamente nuevo, nos inspiraron la confianza suficiente para proponerle que durante nuestra estancia se convirtiera en nuestro asistente.

Orgulloso del pacto de inmediato le di una playera con el logotipo de la radiodifusora, una gorra bordada con las siglas y le planté tres calcomanías a su carro para identificarlo como parte de la caravana... todo le gustó.

Al llegar a la oficina me la jugué con los hombres que acreditaban y les solicité una especial para nuestro acompañante, con la especificación de que su acceso estaba restringido para algunos sitios, pero sí podría llegar hasta algunos puntos útiles para nosotros.

Y así ha sido. Ya son 15 días con Miguel y este chaparro que ya aprendió albures, costumbres y modos de los mexicanos, es un inseparable.

Algunos días lo nombramos Secretario de Turismo, pues nos lleva a conocer lugares, otros le damos el cargo de Finanzas pues cambia la moneda, más tarde es de Gastronomía, de Seguridad, de Espionaje, de Comunicaciones, de Cultura, de Deportes, etcétera.

Hoy igual carga una maleta con micrófonos y participa de la transmisión deteniendo dos horas uno de ellos desde la tribuna para captar el ambiente que nos trae el súper, detiene jugadores para entrevistas o compra los periódicos desde muy temprano.

Ya nos acostumbró a su música de "reaguetón", a sus términos venezolanos, a su mal humor cuando algún vehículo se le cruza intempestivamente y a su impuntualidad cada vez menos frecuente.

Pero también nos ha confirmado que es una buena persona, que no nos equivocamos cuando decidimos darle un cargo ficticio como "Secretario" y por cierto para él yo soy el "Comandante Moreno"… Sabe unirse al relajo, pero respeta los límites, es alegre y platica de su esposa, su hija y sus amigos. Nos recomienda lugares para comer, para comprar y se sabe rutas y atajos para evadir los espantosos caminos que llevan de Puerto La Cruz a Maturín y Puerto Ordaz.

Gracias a su gafete ya conoció a los jugadores de la Selección Mexicana en la concentración y ha podido entrar a todos los partidos que hemos transmitido, recibiendo en el palco todo eso que pasan a regalar las edecanes (estadísticas, gorras, cilindros, sandwiches, aguas, libros, etcétera) por si fuera poco, el arreglo económico le garantizó una entrada muy buena durante toda nuestra estancia y dice que en tres meses terminará de pagar su coche.

Él es Miguel, el hombre que seguro dentro de cinco días cuando nos despidamos nos va a extrañar, y nosotros a él.

La Copa América nos permitió conocerlo, el destino nos puso en el camino y así ganamos un nuevo amigo en Venezuela, que por cierto lo que peor hace... ¡Es manejar!

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