';El costal de papas';

A propósito del Pumas–América me acordé de un caso.

A propósito del Pumas–América me acordé de un caso.

Resulta que en el año de 1969 Enrique Borja era un joven feliz de la vida.

Jugaba con la Universidad, tenía fama, había acudido al Mundial de Inglaterra 66, le marcó un gol a Francia, iniciaba su romance con la cantante Sagrario Baena y se preparaba para jugar la Copa del Mundo de México 70.

Sin embargo, una mañana despertó con la noticia de que el América ya era dueño de su carta y resultó el primer sorprendido.

Lo único que los directivos pumas le dijeron es que tendría que platicar "los detalles" con Guillermo Cañedo y entonces el joven narizón corrió a esa cita furioso porque nadie le había preguntado si quería cambiar de escudo.

En ese momento no importaba que era el popular América quien lo había comprado y que en ese equipo seguramente tendría mayor proyección (tal y como sucedió), lo único que necesitaba el goleador era pedir una explicación a quien lo había adquirido como si fuera "un costal de papas".

Según me dijo el propio Enrique la plática con Cañedo no fue nada cordial.

Por un lado reconocía que era un profesional y que hasta entonces "las reglas del juego" decían que los futbolistas "pertenecían" a quien les pagaba, pero para él resultaba una falta de respeto cerrar esa operación sin haberlo consultado.

Finalmente no le quedó de otra que aceptar lo que sus dirigentes habían negociado, pero gracias a su fama logró que el entonces Presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz (con quien lo unía un parentesco lejano) le recibiera, escuchara y tomara medidas al respecto.

Si bien el pase de Borja con los "cremas" ya no podía deshacerse, sí al menos quedaba establecido que a partir de entonces se impediría que los futbolistas fueran tratados como mercancías.

Con el paso de los años Enrique seguramente le dio gracias a la vida pues llegó al América en una época dorada para el club y al lado de Carlos Reinoso formó una mancuerna histórica para nuestro balompié.

Tres veces levantó el título individual de goleo y su imagen de ídolo alcanzó alturas insospechadas.

Pero fue un hecho que esa decisión ajena a su voluntad nunca pudo asimilarla.

Muchos años después la famosa recomendación presidencial quedó archivada y por ejemplo el joven puma Alberto García Aspe fue víctima de lo mismo cuando le dijeron que se iba al Necaxa. Con el tiempo también dice que le da gracias a Dios por una operación que en principio le molestó por la forma en que se hizo.

Descansaba en Acapulco cuando le avisaron que sin preguntarle ya era propiedad de los Rayos.

Ni qué decir de la infinidad de historias que año con año se viven en los famosos Drafts.

Así, la conclusión sería que a casi 40 años de distancia del caso Borja, los futbolistas siguen siendo para los directivos auténticos "costales de papas" en donde salvo raras excepciones (como sucedió con Gonzalo Pineda quien se nego a salir de Chivas) deben aceptar lo que digan sus "dueños".

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