¿Calificar está en sueco?

Dice Tomas Boy que "ni queriendo no vamos al Mundial".

Dice Tomas Boy que "ni queriendo no vamos al Mundial".

Y es que el "jefe" sabe de futbol y entiende que ganando los partidos de locales y sumando "algo" por mínimo que sea tendríamos uno de los 3 boletos para Sudáfrica que reparte nuestra zona. Y además hay una Repesca.

En otras palabras, sería el colmo que fuéramos tan malos y no lográramos colarnos en la benévola CONCACAF.

Pero, ¿entonces porque hay tanta preocupación en el ambiente, tantas críticas a Eriksson y tanto miedo declarado en actitudes por parte de la famosa familia futbolera? Simplemente porque nos inquieta el "cómo".

Ir a un Mundial es atractivo, nos involucra en esa fiesta, emociona y genera que el negocio deportivo cobre vida, pero estando ahí a cualquiera le gusta sentirse protagonista y precisamente "ahí está el detalle".

Ir por ir, se les da a muchos.

Ya sea porque en su eliminatoria dieron la campanada, porque el sistema les favoreció o simplemente porque tuvieron suerte, pero ir a competir para ganar algo no es un tema de todos los contendientes. México, país futbolero por excelencia, puede presumir de ser un cliente frecuente que salvo raras excepciones ha estado al menos en el 70 por ciento de los mundiales.

Pero más allá de ser un gran anfitrión dos veces avanzando un poco más de lo normal en esos casos, no hemos trascendido.

Y resulta que en tiempos modernos, a partir de 1993 la Selección entonces dirigida por Miguel Mejía Barón nos hizo soñar que ya estamos listos para pelearle de tú a tú a cualquiera y hemos tejido ilusiones de hacer un papel histórico que nos ubique al lado de los llamados "grandes".

Porque digamos que nuestra liga es más que decente.

Sin ser la Inglesa, Española o Italiana, aceptemos que nuestra afición no se puede quejar de la competencia casera, sus inversiones, las figuras, el apoyo comercial, transmisiones de TV y muchos factores que la convierten en un evento más que bueno. La bronca viene cuando hablamos del llamado Tri.

Por eso hay tanta preocupación de cara al juego contra Estados Unidos.

Porque a la salida de Hugo Sánchez, quien tuvo el error de hacerse cargo de una Selección menor que a la postre fue su harakiri al no calificar a los Juegos Olímpicos, se habló mucho en la FMF de buscar como sucesor a un candidato que rompiera esquemas, nos enseñara y abriera los ojos, contagiara de una personalidad diferente y nos llevara al éxito.

Y entonces míster Sven-Göran Eriksson apareció en la escena.

Pero resulta que a 8 meses de su gestión nada de lo esperado ha sucedido, las actuaciones han ido de mal en peor y sigue dando la impresión que ni siquiera sabe aún donde está parado.

De manera que al menos mi preocupación no es como dice Tomás Boy saber si calificaremos o no. Lo quiero dar por descontado, sino ¿qué nuevo estilo de juego hemos adquirido, de que han servido las experiencias de nuestros exportados y será verdad que como nunca antes tenemos una talentosa generación de triunfadores?

Hasta hoy los resultados dicen que sólo hay deudas y compromisos por cumplir. Pero quiero ser positivo y pensar que a partir del 11 de febrero comienza una nueva historia.

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