El niño Baldivieso

A mí me parece que a los 12 años con 11 meses ningún niño del mundo lo está para entrar a una cancha plagada de jugadores mañosos, envidiosos y con más experiencia.

Su padre dice que ya estaba listo para la Primera División. Y a mí me parece que a los 12 años con 11 meses ningún niño del mundo lo está para entrar a una cancha plagada de jugadores mañosos, envidiosos, con más experiencia y que en ningún momento permitirán que un “escuincle” les haga una faena. De hecho, el “recuerdito” de bienvenida que le dejaron ahí quedó. El caso es que así se presentó en Bolivia como jugador del Aurora de Cochabamba el pequeño Mauricio Baldivieso quien recién entró a la secundaria, sufre con las Matemáticas y Ciencias Naturales, juega diario al Play Station, tiene una hora límite para acostarse y ver la televisión en casa (por disposiciones de mamá) y desde el fin de semana es ya también un personaje para el mundo futbolístico que lo conoce a través de la noticia que circula en internet. El padre y entrenador Julio César, fue figura en su país con aquella Selección de los noventa a lado de Carlos Leonel Trucco, el “Diablo” Echeverri y el famoso “Platiní” Sánchez, entre otros. Titular en el Mundial de Estados Unidos 94 y finalista de la Copa América en 1997. Y tuve la oportunidad de platicar con él este lunes encontrándome a un hombre que lejos de cargar con algún remordimiento por el riesgo en que ha puesto a su propio hijo, presume orgulloso el acontecimiento diciendo que los argentinos y brasileños le tienen envidia pues él en Bolivia se atrevió a confiar en el chamaco más joven que registre la historia del futbol en todo América antes que ellos. Yo (y se lo hice saber) estoy convencido que se trata de una barbaridad. No es necesario ser Médico o experto en el tema para notar que a esa edad el niño se encuentra en pleno desarrollo, que lo manda al terreno sin más defensa que su habilidad intentando con ella salir bien librado en una selva de jugadores experimentados que pueden lastimarlo o terminar prematuramente con una carrera que seguramente promete. Pero si al padre (y entrenador a la vez) no le importa eso ¿qué se le hace? Entiendo que hasta hoy los registros en muchos países no tienen límite ni para arriba ni para abajo en eso de la edad, que igual en México puede extenderse el permiso para que en un juego oficial aparezca Don Salvador Reyes a los 71 años a fin de recibir un homenaje “sui generis” y que tampoco se puede impedir que chavos de 14 o 15 años como el cementero Galván o el tuzo Mañón jueguen en el máximo circuito. Pero así como alguna vez sucedió con la gimnasia olímpica ¿no sería bueno reglamentar una edad lógica para permitir que un adolescente se presente en las canchas profesionales y no lo haga antes de tiempo? En todo caso aceptaría que alguien trate de convencerme que con 15 años y 6 meses tal vez (si el desarrollo ha sido bien cuidado) el riesgo pudiera ser menor, ¡pero no con 12 para cumplir 13! Hoy, el papá orgulloso de su retoño sabe que ha causado polémica y no dudo que imagina que los ojos del planeta futbolero seguirán la huella de su chamaco y en una de esas el escándalo le abre las puertas de algún club europeo que se anime a cuidarlo y darle seguimiento, pero de ninguna manera el ejemplo debe cundir. Las historias de pequeños beisbolistas o basquetbolistas que algún día son tocados por una “varita mágica” y de la noche a la mañana se convierten en los héroes del equipo se las dejo al cine de Hollywood que con ese tema ha realizado películas muy divertidas. Pero solo se trata de ficción. En la vida real hoy el futbol debería estar seriamente preocupado por el caso Baldivieso. Mas allá del “nepotismo” al darle el número 10 y hacerlo debutar antes que otros jóvenes que han seguido un proceso me resulta inquietante el tema de cuidar su integridad física y creo que el asunto no se puede dejar pasar. Y voy mas allá, la propia FIFA debería intervenir.

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