La despedida de Borja

El América dirigido por Raúl Cárdenas prácticamente tenía borrado de sus planes al gran delantero Enrique Borja, la Selección tampoco lo tomaba en cuenta.

Fue exactamente el 18 de septiembre de 1977. El América dirigido por Raúl Cárdenas prácticamente tenía borrado de sus planes al gran delantero Enrique Borja, la Selección Nacional, que se preparaba para ir al Mundial de Argentina con José Antonio Roca, tampoco lo tomaba en cuenta y el ídolo tuvo la dignidad de anunciar su retiro eligiendo al menos el partido en que quiso hacerlo. Y fue ese mediodía en el Estadio Azteca y contra los Pumas (el único equipo que defendió antes de llegar al América) que se anunció como el juego de su adiós. Yo era uno de tantos chamacos que admiraban al carismático goleador y no me podía perder aquella jornada. En los días previos hubo mucho ruido, reportajes, suplementos, un disco incluso en el que Enrique platicando sobre la música decía algo como "…adiós mis pumas, mi Selección, adiós América mi último amor, gracias te doy pueblo mexicano te llevo dentro del corazón". Ese domingo el canal 2 tuvo también enlaces al estadio desde muy temprano, se le vio llegar, uniformarse, rezar, salir al campo, posar con los dos equipos, etc. No me olvido que cuando América saltó a la cancha (con la playera azul) y apareció el famoso "9" la gente estaba de pie gritando a coro ¡Borja, Borja, Borja! y Enrique tomando de la mano a sus dos hijos y rodeado de niños (uno de ellos por cierto Emilio Azcárraga Jean que no rebasaba los 12 años) llegó hasta el centro del campo, levanto los brazos y como un torero agradeció las ovaciones, hizo una caravana y siguió recibiendo homenajes, charolas, premios y entrevistas. Más tarde de lo normal el juego comenzó y en un ambiente cargado de emoción las acciones en los dos marcos eran de ida y vuelta en un partido vibrante. Curiosamente, Borja que debutó con la UNAM en 1964 y pasó al América en el 69, tenía 8 años con los "cremas" pero nunca le había podido anotar a su ex equipo. Pero aquella mañana mágica seguramente tenía el sello de un guión divino y lo que todos esperábamos sucedió... uno y dos goles de Borja sobre la cabaña de Jorge Marcín fueron el colofón a la jornada que terminó 4-2 a favor de los locales. Y no fueron anotaciones "normales" pues ambas llevaron el sello del "borjazo" (o sea tirando con una pierna para conectar casi cayendo y golpear el balón medio chueco pero con la dirección de gol en uno y llegando oportunamente para empujar la pelota en el otro) provocando que la emotiva mañana que estaba destinada a homenajearlo tuviera el final soñado por todos los asistentes. En un palco al que dedicaba con un beso sus goles no podía faltar su familia, su mamá, Sagrario su esposa, en otro sus amigos y en todo el estadio sus admiradores que atestiguábamos el último partido del ídolo. Recuerdo que de salida compré un pequeño banderín de fieltro blanco que tenía de un lado la cara de Enrique y a lo largo simplemente decía "adiós Enrique Borja" con la fecha impresa en la parte de abajo. No sé en dónde quedó, pero estuvo tanto tiempo pegado en la pared de mi cuarto que ese "18 de septiembre de 1977" se me quedó grabado para siempre. Qué bueno. Y es que en México no es normal que un jugador se vaya cuando está en plenitud, con un marco esplendoroso, en un partido oficial, siendo el héroe de la tarde y dejando una imagen tan grande como sucedió con Borja. Los años me llevaron a los medios de comunicación y cada vez que se acerca la fecha busco el pretexto para mencionar aquel episodio. Y este 2009 no fue la excepción. Como cada año el martes pasado en televisión presenté un reportaje sobre efemérides semanales en el que incluí el tema y presenté algunos recortes y fotografías de la época. No podía faltar horas después la llamada, que también desde hace varios años me hace Enrique porque "todavía me acuerde". Ya se hizo costumbre. Pero yo pregunto ¿alguno de los 100 mil que estuvimos ese día en el Azteca hemos podido olvidar lo que vivimos ahí? Créanme amigos de Medio Tiempo que hay páginas imborrables que como aficionados conservamos en un lugar especial de la memoria y al menos para mí aquel día fue inolvidable. ¡Qué lástima que tantos otros jugadores importantes y carismáticos no se fueron con un partido igual!

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