Mitos y propuestas para erradicar la violencia

La propuesta de Vergara es, como tantas otras suyas, simplemente para tratar de quedar bien

En estos últimos días, la violencia ha sido el tema de moda en el futbol mexicano. Por supuesto, no podría ser de otra manera después de lo que sucedió en el Clásico Tapatío, pero el tema ha calado tan hondo que todo el mundo -incluso gente que no tiene nada que ver con el futbol- ya se ha decidido a poner su “granito de arena” para resolver el problema.

Así, hemos escuchado propuestas de todo tipo, aunque en general se reducen a criticar a la Federación Mexicana de Futbol por su falta de acción y pedir la desaparición de las barras. La solución, lamentablemente no es tan fácil, y diversos factores inciden para que el problema no pueda ser borrado con una decisión radical.

En primer lugar, las barras no pueden desaparecer por un simple asunto ético y legal. Cuando el medio futbolístico se escandaliza porque ningún directivo hizo eco de la propuesta de Jorge Vergara sobre la eliminación de las barras, no se pone a considerar que uno de los derechos inalienables en el país es el de asociación. Cualquier mexicano puede juntarse en un grupo para hacer lo que le dé la gana siempre y cuando no vulnere la ley.

Por supuesto, ahora dirán “es que las barras vulneran la ley”. Pues no realmente. Algunos elementos de algunas barras lo hacen algunas veces, pero en general no es así. Por ello, desaparecer las barras es simplemente imposible. ¿E impedirles la entrada al estadio? Preguntarán. Pues tampoco se puede. Cualquier aficionado tiene el derecho de asistir a un partido siempre y cuando pague su boleto. Impedirle la entrada a alguien que no tiene antecedente violento alguno, o no permitirle sentarse donde haya pagado su boleto abriría la puerta a distintos tipos de discriminación.

Que no por ello se piense que estoy defendiendo lo sucedido en el Jalisco, simplemente quiero dejar claro que la propuesta de Vergara es, como tantas otras suyas, simplemente para tratar de quedar bien, pero en la práctica es imposible. Pasemos entonces a lo que sí se puede hacer, y en qué medida.

Dentro de estas consideraciones éticas que les escribí, no entra, por supuesto, el ayudar a un tipo de aficionado a ir al estadio. Una cosa es no desaparecer las barras y otra darles boletos gratis o más baratos para que vayan al estadio. Sí, son coloridas, y ayudan a que los estadios no se vean vacíos, pero resulta totalmente injusto para el aficionado de a pie, que tiene que poner dinero de su bolsillo. Y, además, el hecho de conseguir la entrada tan fácilmente hace que los barristas se sientan con el poder de hacer lo que les da la gana una vez que están adentro.

Después, está la colaboración con las autoridades. La Ley de Cultura Física y Deporte acaba de ser modificada para aumentar las sanciones contra la violencia pero eso no sirve de nada si no se ejecuta correctamente. Y el problema esencial es que, aunque a nosotros nos parezca impensable, para los gobiernos, la violencia en los estadios es un problema francamente menor. ¿Saben cuántas peleas como las del Jalisco hay en México en un día cualquiera? Incontables. En un país en el que mueren decenas de personas al día por hechos violentos, una madriza más o menos no va a cambiar demasiado.

Por supuesto, que suceda en un evento de interés nacional hace que se vuelva más importante, pero no esperen que los gobiernos destinen enormes recursos para detener la violencia en un espectáculo privado. En ese sentido, la pelota está del lado de los clubes, que tendrían que pagar su propia seguridad dentro del estadio, algo a lo que se resisten desde hace tiempo, así que no parece que, por ese lado, la cosa tenga solución.

Una propuesta más, que yo en su momento suscribí fue quitar puntos a los equipos en cuyo estadio se presenten sucesos violentos, el problema es que eso se presta al mal manejo y la provocación. ¿Qué pasa si la barra del Veracruz va a Quintana Roo, se disfraza de azulgrana y empieza una pelea en un partido del Atlante, o viceversa?

Como ven, la cosa no es tan fácil como se puede leer o escuchar en algunos medios. Y eso que aún no entro en la parte de los intereses creados, los arreglos bajo la mesa y los negocios personales, de los que no tengo evidencia (y por eso no entro), pero que no se pueden descartar. Las preguntas lógicas son entonces ¿se va a quedar todo igual? ¿Se puede hacer algo?

A la primera pregunta, mi respuesta cínica es “sí”. Sinceramente, no creo que pase nada. El tema dejará los primeros planos hasta que vuelvan los golpes en un estadio y entonces de nuevo habrá mucho ruido y pocas nueces. Sobre si se puede hacer algo, me parece que en este caso, la mejor solución es la que ofrece la teoría de las “ventanas rotas”, que dicta que si se mejora el entorno, se solucionará el problema. Es la que aplicó la Premier League y esencialmente desapareció a los hooligans.

Así, la idea correcta de Vergara era la de poner butacas en todo el estadio, no la otra. También podrían evitar la venta de alcohol en las gradas, y que, como en Estados Unidos los aficionados tengan que pararse y caminar para comprar en los pasillos. En la Premier ayudó mucho poner a “stewards” o vigilantes civiles con petos fosforescentes en todo el estadio, para dar la sensación de vigilancia. Y sin duda hay otras más, con un poco de imaginación.

La idea es que, si se crea un entorno amigable o familiar, el público se va a comportar así. Si sirvió para los “hooligans” y para la delincuencia en Nueva York, no veo por qué no serviría para las barras mexicanas, que no están ni siquiera cerca de ese nivel de violencia.

Como siempre, los invito a comentar en el mail de arriba, la sección de abajo o en www.twitter.com/martindelp. Y si quieren saber más de periodismo deportivo o futbol, los invito a mi seminario del 5 de abril en el DF, valdrá la pena, todos los informes aquí.

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