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David Benavidez: el boxeador que aprendió temprano que los sueños también separan familias

Cuando el Monstruo Mexicano habla de su carrera, no lo hace como quien recita una biografía deportiva, sino como alguien que entiende que el boxeo no es solo una profesión: es una herencia, una identidad y a veces, una renuncia.

David Benavidez, cuando el boxeo es herencia. (Foto: Instagram benavidez300)
David Benavidez, cuando el boxeo es herencia. (Foto: Instagram benavidez300)
Olga Hirata
Ciudad de México

Antes de que existieran los reflectores, los cinturones y los grandes eventos, estaba la historia de su familia. Y en esa historia, como ocurre con muchos peleadores, aparece la figura del padre. En una entrevista exclusiva para mediotiempo, David Benavidez hablo no solo de boxeo y de la vida cotidiana. También nos dejó ver un poquito de su interior.

“La historia de mi papá es una historia que él siempre ha luchado por su familia. Yo vivo lo mismo ahorita para mi familia también”, dice el boxeador mexicoamericano.


La frase no suena a discurso preparado; suena más bien a una continuidad. A una vida que parece seguir un guion que empezó mucho antes de que él subiera a un ring.

Hijo de padre mexicano, originario de Guerrero, y de madre ecuatoriana, Benavidez carga con una identidad que no cabe en una sola bandera. Pero cuando habla de sus raíces, lo hace con una convicción que no deja espacio a dudas.

Me siento muy orgulloso de mis raíces. Mi mamá es de Ecuador, mi papá de Guerrero, México. Me siento orgulloso de tener sangre de los dos países”.

Ese orgullo también tiene una dimensión simbólica en el calendario del boxeo. Su próxima pelea, programada en la tradicional semana del 5 de Mayo, representa para él algo más que otro combate.

“Es mi primera pelea en una fecha de 5 de mayo y estoy muy orgulloso de tener esta fecha”, explica.

Para cualquier boxeador con sangre mexicana, pelear en esa semana es casi un rito de paso. Es la vitrina que durante décadas han ocupado figuras que definieron generaciones. No es casualidad que Benavidez entienda el momento como un punto de inflexión. “Esta pelea va a ser un evento que me va a llevar a ese nivel”, afirma.

El precio del sueño

Pero detrás de ese momento hay una historia menos visible: la de los sacrificios que construyen a un peleador.

Benavidez comenzó a entrenar siendo apenas un adolescente. Su padre, el ex boxeador y entrenador José Benavidez Sr., tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: mudarse para perseguir el sueño profesional. La consecuencia fue una separación que aún hoy pesa en la memoria del campeón.

“Desde los 13 hasta los 20 no vi a mi mamá como por cinco años buscando el sueño del boxeo”. No habla con resentimiento. Pero tampoco intenta romantizarlo y sigue. “No se siente bien. Todavía me afecta porque fueron muchos años sin hablar, sin ver a mi mamá, mi hermana, toda mi familia”.

En un deporte que suele glorificar la dureza, Benavidez reconoce algo que pocos dicen en voz alta: que el camino al éxito también deja cicatrices emocionales.

“Dejé todo para seguir mi sueño en el boxeo. Es algo triste, pero a veces son cosas que se tienen que hacer para llegar a otro nivel”.

Un campeón moldeado por el trabajo.

Si algo define la carrera de Benavidez es la disciplina obsesiva que heredó de su padre.

“Siempre me dijo que tienes que trabajar duro para llegar al próximo nivel. Y así ha sido toda mi vida”. Esa mentalidad también se refleja en sus números. Con más de treinta victorias en su carrera y una tasa de nocauts cercana al 80 %, Benavidez se ha consolidado como uno de los peleadores más agresivos de su generación. Su estilo combina volumen de golpes, presión constante y una confianza que suele obligar a sus rivales a pelear incómodos.

Pero, curiosamente, cuando se le pregunta por el futuro, su respuesta no gira en torno a estadísticas ni cinturones.

Prefiere imaginar otra escena.

Una arena llena. Un niño mirándolo desde las gradas.

“Que le siga echando ganas, porque este deporte no va a ser fácil. Vas a tener que dejar todo en el gimnasio todos los días para llegar a ese momento de ser campeón mundial. Pero sí es posible, y siempre tienes que tener fe en Dios porque Él te va a llevar allí”, le diría al pequeño David Benavidez.

El mensaje es sencillo, casi austero, pero encierra una verdad que pocos conocen mejor que él.

El boxeo es algo muy difícil. Tienes que poner todo en esto para llegar a ese momento de ser campeón mundial. Si no pones todo en el deporte, no vas a llegar a hacer nada, porque este deporte es bien difícil”, sentencia.

Una pelea entre mexicanos

Su próximo combate añade un elemento especial: enfrente estará Gilberto Ramírez, más que un rival, es alguien con quien comparte historia.

“Sí, 100 %. Es la pelea más importante. Esta pelea va a ser un evento que me va a llevar a ese nivel. Y es una bendición también porque voy a pelear con mi amigo Zurdo Ramírez. Tengo diez años trabajando con él. Él me dio la oportunidad de hacer sparring para prepararlo para su primera pelea de campeonato”.

Por eso, Benavidez describe el combate con una mezcla de respeto y ambición. “Es algo que los dos merecemos: un evento bien grande entre dos mexicanos”.

En el fondo, el boxeo funciona así: amigos que un día se convierten en rivales, historias que se cruzan dentro de un ring, sueños que solo pueden sobrevivir si alguien más los pierde.

Cuando se le pregunto qué pasaría si la pelea no saliera como espera, Benavidez responde con una convicción que parece más instintiva que estratégica.

“Yo no pienso en eso… yo me preparo para ganar”. Dice con convicción y determinación propias de un pugilista.

En el boxeo, como en la vida que lo rodea, a veces esa es la única respuesta posible.

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