Agradezco al Diario Milenio la gentil invitación y el espacio que me concede para compartir algunas ideas y reflexiones sobre el apasionante mundo del futbol. En esta colaboración resulta obligado hablar del Club Universidad Nacional, una institución cuya historia y legado trascienden las canchas y a la propia comunidad universitaria para convertirse en un referente del futbol y de la sociedad mexicana.
Hablar de Pumas es hablar de identidad. De una mística y una filosofía construidas a lo largo de siete décadas y estrechamente vinculadas con los ideales de la Universidad Nacional Autónoma de México. La sana competencia, la responsabilidad, la confianza, la solidaridad y el compromiso son valores que han acompañado al Club y que explican buena parte de lo que significa representar los colores azul y oro.
Esa identidad tiene raíces profundas. La UNAM posee signos que la distinguen y generan un sólido sentido de pertenencia: su escudo, su lema, su himno y el Estadio Olímpico Universitario. A ellos se suma el Club Universidad Nacional, que desde el futbol ha llevado el espíritu universitario a millones de personas.
Cada uno de esos símbolos encierra una historia y una responsabilidad. El lema universitario, “Por mi raza hablará el espíritu”, expresa la vocación y los ideales de nuestra Máxima Casa de Estudios; el himno acompaña momentos significativos de la vida universitaria; el escudo representa a una institución dedicada a la docencia, la investigación y la difusión de la cultura; y el Estadio Olímpico Universitario es la casa del deporte universitario: es un espacio emblemático donde generaciones han celebrado, sufrido y construido recuerdos alrededor de los colores azul y oro.
En las tribunas, ese sentimiento adquiere una expresión propia. El Goya, entonado con orgullo y emoción, rebasa el significado de un grito deportivo: es una manifestación de pertenencia que une generaciones y recuerda que Pumas no puede entenderse separado de la Universidad que le dio origen. La expresión “piel dorada y corazón azul” sintetiza ese vínculo emocional que difícilmente desaparece una vez que se adopta.

A lo largo de su historia, el Club ha sido un espacio de formación y oportunidades. Esa tradición permite entender el futbol no solamente como competencia, sino también como formación integral. El conocimiento científico, educativo y cultural de la Universidad mantiene un vínculo permanente con el proyecto deportivo y encuentra en la cantera uno de sus principales espacios de expresión, que es imperativo fortalecer.
La vocación formativa adquirió una nueva dimensión con el nacimiento de nuestro primer equipo femenil profesional. El futbol femenil representa el compromiso social por ampliar oportunidades para que más mujeres puedan crecer y desarrollarse en el ámbito deportivo y personal. El desafío es consolidar un equipo competitivo y consistente, capaz de mantenerse en liguilla y aspirar a los primeros lugares.

En todo este recorrido, la afición ocupa un lugar fundamental. Su apoyo, fidelidad y también su exigencia han acompañado al equipo en las victorias y, especialmente, en las derrotas. Una afición que ha permanecido al lado del Club tiene derecho a demandar nuevos objetivos, mejores resultados y nuevas estrellas en la playera.
Durante siete décadas, el Club Universidad Nacional se ha construido mediante un enorme esfuerzo colectivo. Jugadores, entrenadores, trabajadores, directivos, universitarios y aficionados han contribuido a preservar una institución que debe mantenerse leal a los valores de la UNAM.
Por ello, representar su himno, su lema, su escudo, su estadio y sus colores constituye un privilegio, pero, sobre todo, una responsabilidad.

