De las porras a las barras

Hace no mucho tiempo, el acudir a un estadio de futbol en México era una cosa cien por ciento familiar. Las llamadas porras, no eran más que una continuación de amistad y compadrazgo en el que...

Hace no mucho tiempo, el acudir a un estadio de futbol en México era una cosa cien por ciento familiar. Las llamadas porras, no eran más que una continuación de amistad y compadrazgo en el que familias enteras gustosas de irle al mismo equipo de futbol, decidían reunirse en torno a él en las tribunas, buscando una zona específica en las gradas y apoyando con banderas, y gritos de aliento a su equipo favorito. Pero en los últimos años, esto ha cambiado paulatinamente, ya que el surgimiento en nuestro país de las llamadas barras, tal y como acontecen en Sudamérica, ha desvirtuado el gusto por el deleite de un deporte como el futbol y lo ha ido convirtiendo en un acontecer violento, generando que en algunos estadios, las anteriores porras de aliento se conviertan hoy en día en consignas y palabras soeces y majaderas en contra de los aficionados rivales y los desmanes, antes aislados, son pan de todos los días. Las barras llegaron a México en 1996 cuando directivos del Pachuca decidieron traer a nuestro país a cuatro elementos, jefes de sus respectivas barras en sus equipos en Chile y Costa Rica Jorge Díaz Paredes "El Chino", Eduardo "Lalo" González, Federico Pérez y Alex Fernández, procedentes de La Católica y del Saprissa respectivamente. La idea fundamental era tener –como ocurre en Argentina- el apoyo irrestricto de las porras que no dejaban de alentar a sus equipos aún cuando el marcador les fuera adverso o estuvieran en los últimos lugares de la tabla. Cuando la Barra Ultra Tuza se presentó en sociedad en un partido en contra del América, causó tal expectación que diversos equipos decidieron crear sus propias barras, así surgieron La Monumental, grupo radical del americanismo, La Irreverente que apoya al Guadalajara, La Rebel de los Pumas, La Adicción en Monterrey, de la cual salió un grupo de jóvenes que inclusive decidieron ir a la casa de Antonio De Nigris y atacarla con huevos por-según dijeron- la mala actuación del atacante rayado; la Libres y Locos del Tigres, La Barra 51 del Atlas, que en diversas ocasiones se ha enfrentado a la policía y muchas más. Sin embargo, las barras mexicanas no sólo han copiado los cánticos y alegrías de las sudamericanas, sino también las formas violentas de mostrarse en contra de los grupos rivales. Los espacios vacíos dejados por los verdaderos aficionados temerosos de ser agredidos, han sido tomados por grupos de guerra armados con cualquier objeto u "arma" que sirva para agredir; llámense banderas, palos, monedas o bengalas y cohetones. Si el objetivo era mantener prendida a la tribuna los noventa minutos, creo que el resultado final no fue el esperado por los directivos, porque muchas de estas barras se comportan violentamente, insultan y llegan a la agresión física, como ocurrió en el partido América-Pumas en CU en el Verano 2001, en el que el autobús visitante fue destruido, el juez de línea alcanzado por un cohetón y los aficionados americanistas golpeados y vejados por seudo aficionados. La Monumental, por ejemplo, se le ha salido varias veces de la mano a sus directivos y ha llegado incluso a agredir a la porra familiar del mismo América, es decir que el ataque no es ya solamente a los grupos rivales, sino a las porras del mismo equipo al cual supuestamente apoyan. Es México uno de los pocos países en los que en la tribuna todavía puedes ver a dos acérrimos rivales como son los seguidores chivas y americanistas unidos, sentados en la misma hilera, cada uno apoyando a su equipo y gastarse broma, compartiendo -sea cual sea el resultado- el mismo transporte al final del encuentro; pero poco a poco esto se está perdiendo, las Barras se están volviendo inmanejables y si la violencia causada por estas no es controlada, en tiempo no muy lejano estaremos hablando de un acto fatídico. Las barras están compuestas en su mayoría por jóvenes que buscan desfogar sus presiones y conjuntarse con gente de su edad, y son muy dados a imitar -tanto lo bueno como lo malo-sin pensar. Algunos directivos, han optado por tomar medidas tales como aumentar la seguridad en los estadios, poner cámaras de televisión y retenes en las calles aledañas, pero mientras no se busque apoyar más a las porras familiares, en donde los nuevos elementos -niños y jóvenes- sean proclives a ver una convivencia sana y lograr que las porras locales en lugar de amedrentar a las rivales, les den la bienvenida como porras amigas, todo parece poco para lograr regresar nuestro futbol a la convivencia sana en donde aficionados americanistas y chivas, regios y rayados, pumas y azules, puedan convivir, impulsando cada uno a su equipo, sí, pero todos juntos como antaño, apoyando al futbol mexicano, recordando que el balompié es sólo un juego, que como tal unidos, debemos disfrutar.

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