El ataque y la defensa (Las formaciones)

En el futbol, el gol es el invitado aguardado por todos, tanto jugadores, entrenadores o aficionados que esperan a que el balón se pose en las redes para festejar -si les es propio- o enfadarse...

En el futbol, el gol es el invitado aguardado por todos, tanto jugadores, entrenadores o aficionados que esperan a que el balón se pose en las redes para festejar -si les es propio- o enfadarse -si les es adverso-. Cuando el futbol moderno comenzó hace poco más de cien años, existía una norma que duró por mucho tiempo y que inclusive hoy en día algunos aún practican: Si tenemos el esférico, atacamos; si lo tienen los contrarios, defendemos. A lo largo de la historia las formaciones han variado de tal forma que de ser completamente ofensivas en los primeros años, se volvieron netamente defensivas en las últimas décadas. Antaño, -decía Desmond Morris- les movía más la gloria de la victoria que el temor a la derrota. Y así era. La formación clásica estaba basada en tan solo dos defensas, tres medios y cinco delanteros, con los clásicos extremos, los interiores y el centro. Los partidos, normalmente terminaban abultados, se metían muchos goles y se recibían otros tantos, la defensa era mínima y aquí lo importante era incrustar más goles que el rival. La afición, por consiguiente se acostumbró a un espectáculo de anotaciones. El futbol estaba orientado hacia el ataque. Y vino el tiempo de los entrenadores. Se buscó un equilibrio entre la defensa y el ataque y las tácticas de juego rebasaron a los broncos delanteros que atacaban sin orden pero con el corazón por delante. Se apuntaló la defensa con tres hombres, la media se resintió retrasando a un jugador para que el ataque siguiera con cinco futbolistas, por lo que hacia los años cuarenta la carga ofensiva seguía latente. Poco despúés, se protegió aún más la zona trasera con cuatro defensores, la media también creció a cuatro y la delantera quedó con solo dos hombres. El famoso 4-4-2 sudamericano funcionó en escuadras como la brasileña y revolucionó en la década de los cincuenta. Se consideró que el futbol era más funcional con pocos elementos adelante -pero que sabían anotar- y con más jugadores bien consolidados atrás que evitaban la caída del marco propio, pero no hay que olvidar que el estilo sudamericano se presta para que, con movilidad, la ofensiva no se resintiera. En la década de los sesenta, Helenio Herrera "transformó" aún más la forma de ver al futbol y como buen precursor del catenacio italiano mandó aún más atrás a sus hombres, llegando atacar con tan solo un elemento y en muchas ocasiones, sin delanteros netos, basándose en una defensa bien consolidada, jugando de la media cancha hacia atrás buscando solamente el contragolpe en el momento oportuno. Ante el gran negocio que representa el futbol, en el que los resultados no solo son lo más importante, sino que son lo único, las nuevas generaciones de entrenadores se han vuelto temerosos, buscando solamente conservar su puesto mediante la búsqueda del punto. Para ellos vale más jugar mal y ganar que jugar espectacularmente y perder, son pocos los que buscan jugar bien y ganar de igual manera. Es tal el miedo de perder que destruyen el juego con formaciones medrosas y asustadizas. Ha llegado a tal grado el temor de un entrenador a ser destituido, que en los últimos años el bloque tradicionalmente de tres posiciones (defensas, medios y delanteros), se ha transformado, creando un nuevo sector. Es común en la actualidad que se hable de un 4-2-3-1, con cuatro defensas, dos carrileros, tres medios y únicamente un delantero. La defensa de los Directores Técnicos acerca de los carrileros, es que, saliendo por las bandas puedan sumarse al ataque con sorpresa, sin embargo, no dejan de ser dos defensas más que restan fuerza a la delantera. No debemos olvidar -y los directivos y entrenadores tampoco debían dejarlo de lado- que, aunque algunos lo nieguen, la mejor defensa es el ataque y si se molestan por la falta de estadios llenos, deberían arriesgar más por un futbol espectacular, verán que los aficionados, llegan por sí solos... NOTA: En la temporada 1994-1995 el América dirigido por Leo Benhakker era una máquina de hacer goles, jugaba espectacularmente y cada semana llenaba los estadios. El Atlante del Invierno 96 dirigido por Mejía Barón, ganó casi todos sus juegos, en su mayoría con diferencia de un gol, jugaba al contragolpe, defendía correctamente, achicaba la cancha y su futbol era frío y poco espectacular. Terminó la temporada como el súper líder de la competencia, sin embargo, su estadio permaneció vació durante la temporada. ¿Que prefiere el aficionado espectacularidad y buen futbol o permanecer en primer sitio con un futbol medroso?. Cada uno tiene la respuesta...

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