Los aficionados (desde las tribunas)

Es grato llegar a un estadio y ver largas filas de aficionados que, con las playera pegadas a la piel, las banderas ondeantes y las caras pintadas con los colores de su equipo favorito, intentan...

Es grato llegar a un estadio y ver largas filas de aficionados que, con las playera pegadas a la piel, las banderas ondeantes y las caras pintadas con los colores de su equipo favorito, intentan ingresar al recinto futbolístico a la espera de ver "el partido" de su vida. Una vez adentro, al elegir el sitio desde donde se va a presenciar el espectáculo, procura sentarse con los suyos, con los de su clase, con los de su especie futbolística. Las tribunas, llamativamente vestidas, se convierten en panaceas de gozo, firmemente ambientadas por miles de hombres que se revisten en uno solo al vertir sus cánticos sobre el terreno de juego a la espera de que aquellos once dioses que fueron a ver los regalen con un juego emocionante, alegre y por supuesto preciso, lleno de goles. Hay quien dice que sólo se necesita de jugadores para que haya futbol, pero sin seguidores el juego desaparecería. En el ámbito profesional porque sin aficionados no hay dinero y en el aspecto meramente deportivo porque sin seguidores desaparece pasión y sin ésta, la alegría y/o la tristeza en las gradas y por tanto, el espíritu moriría inexorablemente y el futbol también. Existen dentro de los aficionados los seguidores y los hinchas, claramente diferenciados porque los primeros disfrutan el partido, lo gozan y lo sienten. Si su equipo gana están alegres, si pierden tristes por algunos minutos. En la semana, entra el calor de la discusión con seguidores rivales, los de "los otros equipos" pero la vida continúa y a esperar el domingo siguiente. Los hinchas en cambio, viven el futbol como una religión, el balompié no es cosa nada más del fin de semana, sino de los siete días y cada una de sus 24 horas cuando menos. Existe sin embargo una tercer vertiente que no llega ni a categoría es la de aquellos que asisten o ven tan solo los llamados partidos clave, los de Copa del Mundo o las finales de liga. Estos son tan solo espectadores ocasionales atraídos por la novedad y no vale la pena ocuparse de ellos. El verdadero aficionado sufre y goza con su equipo, lo sigue en las buenas y en las malas aunque también es el crítico número uno cuando ve que las cosas no funcionan por displicencia de los jugadores o los temores del cuerpo técnico que mandan al equipo a jugar un futbol ratonero. Pero gane o pierda, el aficionado auténtico es fiel a la causa, bien sabe que por muy virtuoso que sea su equipo no es imbatible y que existen los buenos y los malos tiempos. Un caso claro es el América, que tuvo una época brillante que le duró una década de éxitos y títulos y que en los últimos diez años no ha logrado conseguir más que algunas semifinales tanto a nivel local como internacional (Copa Libertadores), sin embargo, el aficionado sabe que en algún momento las buenas épocas llegarán y se disfrután aún más por el largo tiempo esperado y por eso llena los estadios donde se presenta. Los aficionados, sean seguidores o hinchas, se dividen a su vez en subclases, siendo algunas las siguientes: LOS ABSOLUTOS: Son aquellos que se desviven por el club y sus jugadores, piensan que si su equipo gana es el mejor del mundo y si pierde, fue por error arbitral o por que el rival se vino a encerrar. Cuando juegan feo es por una mala racha Son incondicionales, y nunca de los nunca insultarán o chiflarán a sus jugadores. LOS SABELOTODO: Son los sabihondos del futbol, saben a donde va a tirar el jugador que tiene la pelota, saben más que el director técnico y dirigen desde las tribunas. Si su equipo falla se molestan y están dispuestos si se les permitiera- a dar lecciones de cómo jugar, como dirigir y como manejar las transferencias del club. LOS VOCIFERADORES: Estos seguidores se subdividen a su vez en dos clases, LOS PAYASOS: que gritan algo molesto pero divertido en contra del árbitro "se te olvidaron los lentes en la casa"- o de algún jugador contrario "te hablan del bosque, que les falta un tronco"- y voltean buscando la aprobación o la carcajada de quienes lo rodean. y LOS AMARGADOS: Se la pasan vociferando al igual que los payasos, pero con el afán tan solo de insultar, y no se escapan ni los contrarios ni los de su propio equipo, buscan solo lo malo del partido para descargar la bilis, es como dice Valdano "la terapia del pobre". LOS ESTRAFALARIOS: Estos buscan llamar la atención de algún modo, visten de manera diferente, casi siempre pintados, con grandes sombreros, máscaras y pendientes o adornos de cualquier tipo fuera de lo común de cualquier otro aficionado. LOS SOLITARIOS: Son aquellos a los que les gusta ir al estadio solos, son pocos dados al grito o la faramalla, más bien taciturnos que analizan el partido para sí mismos. LOS CERVECEROS: (No confundirlos con los bebedores moderados). Pueden entrar dentro de todas las anteriores vertientes, pero se distinguen porque el partido por lo regular no les interesa. Entre más beben mejor se sienten y el encuentro y el resultado del mismo es tan solo el pretexto para poder tomar. LAS PORRAS: Compuestas por niños, jóvenes y adultos. En ella converge la familia y los mismos intereses, casi siempre amigos dentro y fuera de los estadios. LAS BARRAS: Normalmente compuesta por jóvenes que buscan desfogar sus presiones y conjuntarse con gente de su edad. Copian los cánticos sudamericanos y últimamente también la violencia. LOS NOVATOS: Comienzan a ir a los estadios. Empiezan a definir su gusto por una u otra escuadra, normalmente acompañan a los adultos o van en grupos de aficionados similares a ellos. Gritan, tratan de seguir los cánticos de los más avezados o de las barras, pero todavía lo toman a juego. NOTA: Existen otras clases de aficionados, pero sin embargo estos son los más representativos, solo cabe recordar a los directivos y a los mismos jugadores que después del balón, el "número 12" es la parte más importante del futbol, por lo cual se le debe cuidar y atesorar, buscando además incrementar la hinchada con buen juego y mejor futbol.

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