Promotores y Representantes

El futbol es a nivel mundial el deporte con mayor número de seguidores, cada Copa del Mundo es vista por miles de millones de personas en todo el planeta. Es el deporte más difundido y atrae, como...

El futbol es a nivel mundial el deporte con mayor número de seguidores, cada Copa del Mundo es vista por miles de millones de personas en todo el planeta. Es el deporte más difundido y atrae, como consecuencia lógica, grandes intereses económicos. En la cancha, el juego lo hacen los futbolistas, pero fuera de ella, los manejos del dinero por concepto de publicidad, comercialización, compra y venta de jugadores, derechos televisivos y cientos de cosas más, la hacen los directivos. Aunque el futbol tiene más de cien años, -en 2002 en México se cumple el centenario del primer Torneo de Liga- los intereses por la injerencia en las cartas de los jugadores fuera de los directivos es más reciente. Antaño, cuando un jugador interesaba a un equipo y el futbol no era profesional, un representante del club se acercaba al prospecto en cuestión y le ofrecía un empleo en la institución, compañía o fábrica que tenía a su cargo al equipo de futbol, por ejemplo si querían llevarse al elemento en cuestión al Necaxa, entonces se le daba trabajo en la Cía. de Luz y Fuerza, una bonificación extra y permiso para faltar al trabajo en días de partido o de entrenamiento en caso dado de que entrenaran. Si el joven aceptaba y era menor de edad, entonces el encargado de firmarlo, iba con los padres del muchacho para pedirles su autorización y asunto arreglado. Una vez que el futbol mexicano se profesionalizó, allá por 1943, las cosas no cambiaron mucho, se hablaba directamente con el jugador, les ofrecían un sueldo, y a meterse a la cancha a jugar al futbol. Todavía hace treinta años, era común ver como muchos jugadores llegaban al club que pretendía hacerse de sus servicios acompañados de sus padres para que les ayudaran a leer el contrato y entre todos decidieran si convenía a los intereses que buscaba el joven futbolista. Un ejemplo de esto es Arturo "Gonini" Vázquez Ayala, que acudió a las instalaciones del Atlante cuando éste quiso contratarlo acompañado de su progenitor. En los últimos años, sin embargo, han surgido por todos lados promotores y representantes que, aduciendo por los intereses de sus clientes, buscan una mejora sustancial en salarios, fichajes, y se dedican a elogiar las cualidades muchas veces infladas de sus representados. El futbolista se ha convertido en un mero objeto de valor, en el que la calidad de ser humano pasa a segundo término. A los directivos no les interesa saber si el jugador es un buen hijo o el mismísimo diablo, sólo basta saber que juega al futbol y que su imagen vende por sí sola. Ante la exagerada comercialización del deporte en el mundo y concretamente del futbol, el jugador no puede estar expuesto al monstruo de mil cabezas que -como en una novela de ciencia ficción- pretende despedazarlo en todo momento. Es por esto que con el paso del tiempo, han surgido otro grupo de personajes que sirviendo de enlace entre directivos y jugadores, se dedican a buscar según ellos- el bien total para sus representados. El manejo de futbolistas se ha convertido en un negocio muy lucrativo, y no en todos los casos para el jugador desgraciadamente. Como en cada una de las profesiones, existen los buenos y los malos, los que realizan su trabajo adecuadamente y los que solo tratan de obtener el mayor provecho para ellos mismos sin importarles las consecuencias colaterales, como son cartas infladas y jugadores arrepentidos por la firma de contratos leoninos, cuya mayor ganancia nadie sabe quien se la llevó. Existen dos tipos de enlaces entre jugadores y directivos, cuyas funciones parecen iguales pero que en verdad no lo son tanto, los promotores y los representantes. Los Promotores son personas dedicadas -como su nombre lo indica- a promover a diversos jugadores, muchos de ellos desconocidos, ofreciéndolos en la mayoría de las veces a directivos incautos a los cuales les llevan videos editados en caso de futbolistas extranjeros- con sus mejores jugadas, pintando al elemento en cuestión como todo un Crack esperando que alguien le de una oportunidad. Si el jugador quiere ganar diez pesos, el promotor se encarga de pedir veinte por él, el directivo le ofrece quince a lo que accede el promotor, creyendo hacer un gran negocio el directivo compra al jugador quien termina por recibir oho pesos de los diez que buscaba, el promotor una vez cerrado el trato, se desentiende del jugador y lo deja ya, a su suerte. En caso de jugadores nacionales, el promotor se dedica a especular entre sus conocidos en el medio, sobre tal o cual futbolista, inventándoles tres o más posibles compradores, intentando inflar su precio y así, el que finalmente se lo lleva paga mucho más de lo que en verdad valía, y lógicamente la ganancia del promotor es más alta. El representante, a diferencia del promotor, se mantiene unido al jugador, trata de manejarle una imagen deportiva, y en ocasiones fuera del futbol, además de ser la persona de confianza que lleva sus finanzas. La intención del representante es que el jugador se dedique 100% a su profesión mientras ellos se dedican a la negociación y a todo a aquello fuera del terreno de juego. No todos los promotores son malos, ni todos los representantes buenos, inclusive varios futbolistas prefieren trabajar sin ninguno de los dos, aunque es cierto que el desgaste que produce una negociación cuando hay de por medio gran cantidad de billetes, determinan en muchas ocasiones lo que se hace dentro de la cancha. Un jugador a disgusto por lo que gana o deja de ganar, no siempre rinde lo mismo. La existencia de promotores y representantes no tiene que ser necesariamente mala, lo mismo que su relación con directivos y jugadores, solamente que funcionaría mejor en forma regulada, reglamentada, especificando claramente las funciones de cada uno de los componentes del balompié para que ésta gran empresa que es el futbol mexicano, funcione en verdad como tal. NOTA:En 1995 El América contrató a un supuesto jugador alemán de nombre Mauritzio Gaudino, ofrecido por un promotor, quien engañó a propios y extraños. Gaudino no era más que un futbolistas semi profesional buscado por la justicia de su país por dedicarse a traficar con automóviles robados.

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