Los Apodos

En el futbol, como en cualquier otro deporte, cuando el deportista recibe un sobrenombre por parte de la afición o de los comentaristas de los medios impresos o visuales, puede decirse, que ha...

En el futbol, como en cualquier otro deporte, cuando el deportista recibe un sobrenombre por parte de la afición o de los comentaristas de los medios impresos o visuales, puede decirse, que ha entrado en una etapa de consagración ­buena o mala- y que por tanto, los demás han vuelto los ojos hacia su persona, su disposiciòn dentro el terreno de juego o su forma de manejarse en algún ámbito de su vida, ya sea personal o profesional. Normalmente, el apodo tiende a ser elogioso para el futbolista, homenaje desinteresado a su persona, una prolongación de sus cualidades, aunque en algunas situaciones, es un sobrenombre que lo sataniza por sus mañas o su forma irreverente de manejarse. Los apodos pueden ser de muchos colores y sabores, algunos verdaderamente sencillos pero elocuentes, otros poéticos y otros más, demasiado barrocos o exagerados, pero al final, si la gente los acepta, harán época y el futbolista que lo sustente, pasará a la historia como un grande del balompié. Por tanto, el apodo es una forma de distinición que recae normalmente sobre los elementos sobresalientes, relevantes de alguna u otra manera y que se convierte en símbolo de distinción, como una segunda identidad del jugador, con el que además, se da color a la narración de un partido. Tal vez los apodos más sobresalientes, son los brasileños, que han hecho de ellos algo superior, mitificando inclusive a la persona que lo recibe. Hay jugadores de los que pocos conocen el nombre, como Edson Arantes, pero sin duda, si se dice Pelé, todos saben de quien se trata. Quien de ustedes queridos lectores, podría señalar sin equivocarse los nombres verdaderos de Didí, Vavá, Zico, Sócrates, Rivaldo y tantos otros que a lo largo de la historia nos han deleitado con su juego. Hay otros que gracias a su manera de conducirse dentro de la cancha, reciben la gracia de ser bautizados con apellidos o apelativos de otros grandes, a Zico por ejemplo, le llamaron El pelé blanco y a George Hagi, el Maradona de los Cárpatos. En México, un hombre hizo del futbol un espectáculo por su manera de narrar y de poner sobrenobres a los jugadores de acuerdo a sus características físicas. Angel Fernández llenó de colores y sabores el firmamento balompedístico nacional. Así, a Miguel Marín por sus lances felinos le llamó El Gato y poco después gracias a su manera de volar en la portería, lo bautizó como Supermán; un gran defensa de los años setenta, fue Miguel Angel Cornero, quien tenía como norma que pasaba el balón o el hombre, pero no los dos, por lo que recibió de Angel el sobrenombre de El Confesor. A Nájera que corría los noventa minutos lo llamó El Siete Pulmones, al jovencito goleador Hugo Sánchez El Niño de Oro, al ídolo Enrique Borja por su prominente nariz, El Cyrano de las canchas, Leonardo Cuellar y su abundante melena fue rebautizado como El León de la Metro y así, por el estilo, cada uno de los veintidos jugadores que pisaban la cancha domingo a domingo, recibían un epíteto por parte de don Angel Fernández. Sin embargo, a lo largo de la historia, han habido apodos famosos, como el del Luis de la Fuente, llamado El Pirata por provenir de los muelles de Veracruz, o el de Horacio Casarín a quien por una corrupción de su apellido, se le llamó Horacio Cascarín, por lo bien que jugaba al futbol. Jaime Belmonte, anotó el gol que dio el primer punto a nuestra selección en el Mundial de 1958, a partir de ahí, se le llamó El Héroe de Solna, en relación al nombre del Estadio donde se consiguió el punto. En la década de los sesenta, se hizo famoso el apodo del brasileño Zague (llamado así porque caminaba en zig zag), que si de por sí ya cargaba con este apodo de su país natal, fue bautizado por la afición mexicana como El Lobo Solitario, porque por aquellos años El América, jugaba con él como único hombre en punta. Años más adelante, apodos como El capitán Furia (Alfredo Tena) o El Sherif (Fernando Quirarte) hicieron historia entre los defensas más reconocidos de la década de los ochenta, o El Vasco Aguirre, endilgado a Javier Aguirre por su ascendencia de aquella región española. En los últimos años, El Brody, como se le llama al acapulqueño Jorge Campos o Zaguinho a Luis Roberto Alves, por ser hijo aquel Lobo Solitario, también se han hecho famosos. A Luis Hernández le dicen el Matador a partir de sus goles a Brasil en la Copa América 97, A Alberto García Aspe, simplemente El Beto o Aspe, Al regiomontano Arellano, como una característica gastronómica zona, le llaman El Cabrito y a Oscar Pérez por su tamaño y su forma de brincar El Conejo. El futbolista mexicano más loado en la historia del futbol, ha recibido múltiples apodos, tal vez por ser el más reconocido, hablamos por supuesto de Hugo Sánchez. Aquí le llamaban El Niño de Oro, en España fue El Manito y años después, ya con su capacidad demostrada al hacer tantos, un periodista español le llamó simplemente Hugol y en México, El Pichichi, por sus cinco títulos de goleo también en España. Los sobrenombres para un futbolista, pueden resultar de muchas circunstancias: sus virtudes física (agilidad, fuerza, etc.), sus características personales (color de cabello, de piel, estatura), el entorno geográfico (lugar de nacimiento, lugar de sus mejores glorias), su equivalencia zoológica (por destreza, apariencia, capacidades, etc.) y muchas razones más, pero sin lugar a dudas, quien recibe un apodo pasa a formar parte viviente de la historia futbolística, para bien o para mal.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas