¡Tenía 16 años!

Era el 9 de febrero de 1936. Lórez, extremo izquierdo de los once hermanos del Necaxa estaba lesionado, por lo que Ernesto Pauler entrenador de la escuadra campeona decidió debutar a un jovencito...

Era el 9 de febrero de 1936. Lórez, extremo izquierdo de los once hermanos del Necaxa estaba lesionado, por lo que Ernesto Pauler entrenador de la escuadra campeona decidió debutar a un jovencito de 16 años que había visto en los entrenamientos de la intermedia del Necaxa.

El día del partido, todo eran nervios para el debutante. La noche anterior durmió con el uniforme puesto para no llegar tarde al encuentro. Fue el primero en arribar a la cancha y tal vez el primero en abandonarla. El partido fue excepcional, se jugó magistralmente y el Necaxa ganó.

La primera anotación fue lograda por aquel muchachito de escasos 16 años que dejó pasmada a la defensa con su habilidad de gente grande. Dribló en corto quitándose a ambos defensores y soltó un cañonazo que dobló las manos del "Jorobado" Álvarez, uno de los mejores porteros de México. Durante todo el partido descontroló a la zaga enemiga que veía como disparaba con ambas piernas, como cabeceaba a un lado y a otro y como mandaba los centros directos al pie del compañero.

El público en las tribunas comenzó a gritar ¡Ole! a los balones que eran tocados por este jovencito. Terminó el partido y la gente lo despidió con aplausos a los que se sumaron sus compañeros. Había dado una cátedra de fútbol.

Un reportero se acercó al casi niño y le preguntó su nombre para poder completar su crónica.

Me llamo Horacio Casarín, respondió sencillamente el muchacho que tomó sus cosas y se fue sin más a su casa...

Contado por Horacio Casarín  Cd. de México 1998

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