“La Marrana” Castañeda

Se llamaba Felipe Castañeda Pérez. Le decían "La Marrana", porque acostumbraba escupirle al balón cada vez que lo tomaba en sus manos. En el torneo 1942-1943, cuidando la cabaña del Marte, fue...

Se llamaba Felipe Castañeda Pérez. Le decían "La Marrana", porque acostumbraba escupirle al balón cada vez que lo tomaba en sus manos. En el torneo 1942-1943, cuidando la cabaña del Marte, fue considerado el mejor portero de México.

Castañeda acostumbraba entrar al campo de juego antes que los demás integrantes, inclusive, antes de que el público abarrotara las tribunas. Se acercaba a la portería que le tocaría en turno proteger y enterraba en ella cruces y figuras.

La superstición de Castañeda era en verdad de fábula: No tomaba el salero si provenía de la mano de otra persona, nunca de los nuncas pasaba por debajo de una escalera y odiaba con toda su alma a los gatos negros. Pero sin duda, por lo que más se le conocía a este carismático portero era por su costumbre a rezar durante el partido cuando el cuadro rival lo atacaba.

Sus rezos favoritos eran: ¡Ciégalos, Santa Lucía, ciégalos Santa Lucía!" cuando venía un avance enemigo y cuando le lanzaban un tiro peligroso, atinaba a decir: "¡Atájala San Blás, atájala San Blás!".

Un domingo, cuando Castañeda ya pertenecía a los tiburones rojos del Veracruz, los atlantistas, no fueron cegados por Santa Lucía y un tiro del "Caballo" Mendoza se fue a anidar a las redes mientras se escuchaba el clásico "¡Atájala San Blás!".

Rufino Lecca, peruano de gran valía y compañero de equipo de Castañeda, al ver que este había cerrado los ojos al momento del disparo, fue por el balón al fondo de la portería y le dijo enojado a su cancerbero: "¡Atájela usted, hijo de Puta, que es el que cobra!" y se regresó, con el balón en las manos a colocarlo en el centro de la cancha…

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