Lavando uniformes

Corría la década de los cincuenta. Octavio "La Pulga" Vial era el entrenador del América que atravesaba por una mala situación económica. Esos años, con Vial al frente, el cuadro crema había...

Corría la década de los cincuenta. Octavio "La Pulga" Vial era el entrenador del América que atravesaba por una mala situación económica. Esos años, con Vial al frente, el cuadro crema había recuperado parte de su prestigio al obtener el Torneo de Copa en 1954, además que peleaba por refrendarlo en ese 1955.

Era un viernes por la noche y el sur de la ciudad había sido atacado por una fuerte tromba que inundó algunas arterias de Insurgentes, Copilco, Av. Universidad y zonas aledañas. América jugaba esa noche en el estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria pero por la lluvia, el encuentro se suspendió cuando faltaba todavía casi medio partido por desarrollarse.

Como la situación económica del club no era muy bollante, cada quien acostumbraba llegar al estadio por sus propios medios. Esa noche, la situación impedía que algún auto de alquiler pudiera acceder a la zona del estadio, por lo que los jugadores permanecieron juntos mientras el cielo dejaba de llorar. Octavio Vial que vivía a unas cuadras del estadio -Muy cerca de lo que hoy en día es el la estación del Metro Copilco- los invitó a su casa mientras el clima mejoraba.

La señora Vial, dama hermosa en verdad, los atendió con gusto. No era la primera vez que su esposo llevaba a quince jugadores a compartir la sal y la pimienta. Pero aquella ocasión fue muy especial: imposibilitados para bañarse en los vestidores de C.U., cada uno lo fue haciendo en la ducha familiar de los Vial. Los uniformes se fueron amontonando uno a uno en un rincón del baño. Ya cambiados, cenaron y se fueron, el último en salir fue Manuel "La Bruja" Gutiérrez, no sin antes recordarle al entrenador que "mañana a medio día tenemos que reanudar el partido y no tenemos otros uniformes".

Octavio muy amoroso fue con su mujer y le pidió de favor, si es que ella accedía, claro está, si es que ella comprendía, pues, que nadie más podía hacerlo, que necesitaban los uniformes limpios para el día siguiente.

La señora, accedió. Tuvo que lavar toda la noche doce uniformes atascados de lodo y pasto y tres más algo sucios pero que no llenaban las características de los primeros. A las 5 de la mañana terminó y los tendió en la cocina, porque afuera continuaba lloviendo.

Fueron llegando uno a uno los jugadores a casa de los Vial, decidieron verse temprano y desayunar ahí. Al vestir su indumentaria, ésta se encontraba todavía húmeda por lo que el argentino Héctor "Cacho" Uzal se atrevió a comentar: "Y no habría manera de que vos le diera una planchadita". Fue tal la expresión del rostro de la señora, que Octavio Vial hizo salir a sus jugadores diciéndoles "no muchachos, ya se nos hace tarde".

La joven y amante esposa había hecho la cena, lavado toda la noche y preparado el desayuno de una orda de jugadores. Ese día, la señora Vial que acostumbraba escuchar por radio los partidos que dirigía su esposo, no quiso saber nada de futbol...

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