El futbol estropeó su candidatura presidencial

Corría el año 1951. El Partido oficial en el poder estaba a unos días de designar candidato presidencial. Todo parecía indicar que éste sería el Licenciado Casas Aleman, que, inclusive, había sido...

Corría el año 1951. El Partido oficial en el poder estaba a unos días de designar candidato presidencial. Todo parecía indicar que éste sería el Licenciado Casas Aleman, que, inclusive, había sido ya "destapado" por importantes sectores de México.

Para garantizar su candidatura, Casas Alemán decidió presentarse en un lugar público, en donde se convocara gran cantidad de gente en espera de que el presidente Miguel Alemán Valdés se diera cuenta que contaba con el respaldo del pueblo.

En el estadio de la Ciudad de los Deportes -lo que hoy en día se conoce como Estadio Azul- se llevaría a cabo una serie internacional entre Veracruz y el San Lorenzo de Argentina el día 6 de febrero de 1951. Habría estadio lleno. No podía darse mejor ocasión.

Llegó Casas Alemán acompañado de su séquito. El público como si se hubiera puesto de acuerdo empezó a corear: ¡solo, solo, solo, solo!, con la intención de que este personaje de la política mexicana avanzara al medio campo sin más elementos que su propia persona. El licenciado Casas Alemán, detuvo a su comitiva y, entusiasmado, se encaminó al centro del terreno de juego.

En las tribunas, lo rodeaban 45,000 espectadores. Casas Alemán tomó impulso para dar la patada inicial, cuando en las gradas se escuchó "Uuuunnnoooo, dddoooossss, tttrrrreessss", y cuando se esperaba la clasica porra, en lugar de esta se ecuchó el chiflido característico del día de las madres: "Fiu,fiu,fiu,fiu,fiu". La gente estaba indignada por los despilfarros del gobierno alemanista, del cual Casas Alemán era uno de los principales funcionarios, por si fuera poco se apellidaba Alemán y, además, había llegado tarde a la inauguración, por lo que el partido llevaba retrasado más de media hora.

Días después, se "destapó" al candidato. Este no era ya Casas Alemán, como todos pensaban, si no don Adolfo Ruiz Cortines, un hombre ya viejo con fama de mesurado y ahorrador y que nunca había sido silbado en un estadio de fútbol...

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