El ídolo

Era el año de 1993. El Atlante, tras larga, larga espera, llegaba de nueva cuenta a una final del fútbol mexicano. En la liguilla, eliminó al Necaxa, superlider del torneo regular; enseguida, dejó...

Era el año de 1993. El Atlante, tras larga, larga espera, llegaba de nueva cuenta a una final del fútbol mexicano. En la liguilla, eliminó al Necaxa, superlider del torneo regular; enseguida, dejó fuera al León, campeón el año pasado y por último disputaba contra Monterrey, jugando en el Azteca primero y después en la Sultana del Norte.

El primero de la final fue para el Atlante 1-0. Se esperaba que el Monterrey remontara con facilidad, pero no fue así. En el Estadio Tecnológico, el Atlante terminó su obra goleando 0-3, para un contundente 4-0 global.

La gente, loca en las calles, celebraba: ¡Por fin el equipo del pueblo, ganaba un título!. ¡Después de 47 años obtenía la gloria! El éxito alcanzado, se fue diluyendo en los días posteriores.

Los jugadores regresaron a sus actividades habituales y recibían una felicitación por aquí y otra por allá, sin que nada cambiara trascendentalmente en su vida para ellos. Salvo para uno.

Nació en Huetamo, Michoacán. Hasta ese día, había sido uno más del pueblo. Uno que jugaba en el Atlante, pero nada más. Aquel día que los azulgrana salieron campeones, José Guadalupe Cruz a quien apodaban el "Profe" ya no era uno más entre los mortales. Era el jugador del equipo campeón del fútbol nacional. Automáticamente se convertía en ídolo.

Huetamo, normalmente tranquilo, se vistió de fiesta para recibir al héroe. Se adornaron las casas y los corredores. Se pintaron fachadas y se arreglaron las calles. Ese día que estaba destinado para que "El Profe" regresara, se declaró de asueto. Las escuelas cerraron y nadie fue a trabajar. Las calles se llenaron de jóvenes y viejos que vitoreaban al paso de José Guadalupe Cruz. Todos querían tocarlo, todos lo aclamaban. Aquel decía: es pariente mío. Aquel otro: yo lo conozco desde pequeñito.

Cruz saludando desde el automóvil descubierto, pasó lentamente cada una de las calles hasta llegar al Palacio de gobierno. Ahí, lo recibió ni más ni menos que el presidente Municipal. No podía ser de otra manera. Se le ofreció una gran comida y se festejó toda la noche.

Hasta hoy en día, en Huetamo, Michoacán, se recuerda que ahí nació José Guadalupe Cruz, actual director técnico del Atlante, cuyo gran mérito fue el haber jugado la final el día que el Atlante salió campeón...

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