Brasil 1950. Con puntualidad inglesa

Después de que el mundo se vio conmocionado por la II Guerra Mundial, años en los cuales no se verificaron ni Juegos Olímpicos ni Copa Mundial de Futbol, el mundo volvió a una tensa calma tratando...

Después de que el mundo se vio conmocionado por la II Guerra Mundial, años en los cuales no se verificaron ni Juegos Olímpicos ni Copa Mundial de Futbol, el mundo volvió a una tensa calma tratando de olvidar los estragos de la guerra. Uno de los primeros acontecimientos que marcaron la modernidad y la nueva paz, sería el Mundial de 1950, que se llevaría a cabo en Brasil –en Europa los graves daños causados por la devastación de los conflictos bélicos hacían casi imposible cualquier competencia de esta índole- y al que concurrirían 14 naciones.

La pasión de un Mundial superaría a la improvisación, pero era claro que al país amazónico le faltaba organización. Unos días antes del primer encuentro de la justa, el Maracaná, imponente coloso para 200 000 personas, parecía más un almacén lleno de materiales de construcción, tablas por todos lados, varillas, costales de cemento y ladrillos, que un estadio de futbol. Todo hacía indicar que el partido inaugural, el Brasil-México no se jugaría ahí.

Sorteando todos los contratiempos, el partido se llevó a cabo, pero como parte de esta impuntualidad, el 24 de junio de 1950, se acercaba la hora del encuentro y el presidente Brasileño Getulio Vargas no llegaba. El delegado de la FIFA se acercó a George Reader, árbitro ingles elegido para pitar el partido, y le indicó que retrasara lo más que pudiera el inicio del mismo, para que el presidente brasileño pudiera dar por inaugurado el campeonato del mundo.

Reader, se negó a tal situación. Como buen ingles, el árbitro alegó que en su país –en donde se inventó el futbol- se le tenía al deporte como cosa seria y que se acostumbraba a iniciar con puntualidad –puntualidad inglesa, por supuesto.

Cabe decir que el encuentro dio inicio a la hora señalada, ni un segundo más, ni uno menos. El presidente brasileño llegó más de media hora retrasado y dicen los que estaban cerca de él, que se molestó mucho de que no lo hubieran esperado. El resultado del partido es lo de menos, aunque por si quieren saberlo, Brasil goleó 4-0 a los nuestros.

Al término del partido, la prensa tanto brasileña como extranjera se fue sobre el árbitro para sacarle un par de declaraciones, sin lugar a dudas la de ocho columnas. Las preguntas versaban sobre el porqué no había retrasado el inicio de la contienda en distinción al mandatario y su familia.

El nazareno explicó que él acostumbraba a respetar los horarios, que si él siempre llegaba a tiempo, pedía lo mismo de los otros, no importando su investidura, además de que la prensa extranjera y los comentaristas de radio de todo el mundo estaban sujetos a un horario para poder trasmitir su información.

El presidente Vargas, sólo sonreía cuando le preguntaban al respecto, pero no comentó nada del incidente, pero dos semanas después, cuando se disputó la final entre Brasil y Uruguay, misma que nadie en el país amazónico quería perderse, Getulio Vargas llegó, acompañado por su comitiva al estadio con media hora de antelación.

No fuera la de malas que les tocara el mismo árbitro insolente y puntual…

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