Permítame tantito

Ricardo Peláez Linares, fue uno de los jugadores nacionales que logró un nombre en el futbol mexicano en base a su trabajo, carácter y tesón. Con un sitio entre los grandes rematadores de cabeza,...

Ricardo Peláez Linares, fue uno de los jugadores nacionales que logró un nombre en el futbol mexicano en base a su trabajo, carácter y tesón. Con un sitio entre los grandes rematadores de cabeza, pasó a los archivos como el mejor goleador de Necaxa en toda su historia. Sin embargo, la forma en la que llegó al conjunto rayo, es digna de ser comentada.

Peláez debutó el 12 de julio de 1985 con las Águilas del América. De inmediato demostró sus dotes de goleador. En apenas 14 partidos, logró anotar 13 tantos. Su clase, su dedicación y ganas de ser alguien en el futbol dieron frutos. De inmediato fue considerado titular, en un equipo en el que a otros, inclusive consagrados, les cuesta años de intentos.

Tras el Prode 85, el México 86 (dos torneos cortos que se jugaron en lugar de la temporada 1985-1986) y la temporada 1986-1987, ya tenía un lugar asegurado, aunque una lesión en el quinto metatarsiano parecía frenar por un momento la carrera del espigado y letal delantero.

El argentino Cayetano Rodríguez se había hecho cargo del América en 1987 y Peláez, preocupado, se acercó al timonel para saber cúal era su situación, porque veía que el argentino poco lo tomaba en cuenta en los entrenamientos.

Rodríguez, le daba largas a Ricardo cuando este le pedía que platicaran un momento.

-“Ché, me agarraste ocupado, mañana platicamos”… “Ché, disculpa, pero me tengo que ir, mañana sin falta sí vemos tu asunto”… “Pero Ché, ahora no puedo, pero por la tarde te lo prometo, nos sentamos a platicar”…

Los días pasaban y Ricardo seguía esperando la ansiada conversación. Los registros estaban por cerrar y el delantero no sabía que futuro le esperaba en la institución azulcrema.

En el Necaxa, llamado el hermano menor del América, acababa de llegar otro sudamericano, por cierto del mismo nombre que el estratega de Coapa: Cayetano, pero de apellido raro, en una sola sílaba: Re.

El técnico necaxista de inmediato se comunicó con Ricardo y le dijo sin preámbulos “Ricardo, te quiero en el Necaxa. Ya hablé con los directivos y si tú aceptas, de inmediato firmas tu contrato con nosotros”

Ricardo que se sentía molesto ante el trato del entrenador americanista, no lo pensó dos veces. Se decidió por el Necaxa. Cayetano Ré le hizo saber que ellos comenzarían a entrenar hasta el lunes siguiente, por lo que le sugirió que ese fin de semana siguiera en el feudo águila para que no perdiera ritmo.

Peláez se presentó en Coapa y se puso a trotar. Cayetano Rodríguez lo llamó --“Ché ahora tengo tiempo ven a platicar”.

Ricardo le contestó como lo había hecho Rodríguez en los días previos: -“Ahorita, deje que de una vuelta más y voy para allá”.

El delantero terminó la vuelta y siguió trotando.

-“Ricardo venga para acá”

-“Permítame tantito, deje que termine esta vuelta y voy con usted”.

Unas vueltas más y Cayetano Rodríguez ya molesto, sonó su silbato y le volvió a decir

-“Ricardo, le estoy hablando, venga de inmediato para acá”

Peláez, quien seguía trotando le gritó

-“Espéreme, llego al otro lado y voy corriendo con usted”

Efectivamente. Ricardo Peláez llegó al otro lado, pero una vez ahí tomó la puerta de atrás, se fue a bañar, recogió sus cosas y partió rumbo a una nueva vida llena de éxitos con el Necaxa, el hermano menor que en los años 90`sería considerado el equipo de la década y en donde uno de los mayores referentes del conjunto rayo, sería sin duda, Ricardo Peláez Linares.

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