Estadio lleno

Corría el año de 1964. El Veracruz, después de muchos años de no jugar en la primera división, regresaba al máximo circuito y trataba de hacer huesos viejos.

Corría el año de 1964. El Veracruz, después de muchos años de no jugar en la primera división, regresaba al máximo circuito y trataba de hacer huesos viejos.

El 9 de agosto, ante estadio lleno, en la fecha 10 se enfrentaba al Guadalajara en el estadio Deportivo Veracruzano.

El referente de la escuadra jarocha era un sudamericano llamado José Luis Aussín, quien comenzaba a llamar la atención por su movilidad dentro y fuera del área enemiga. Aussín escapaba con gusto por las bandas, sabía llegar por el centro y se desmarcaba con suma facilidad. En una descolgada de las muchas que había realizado, fue detenido de mala forma por José “Jamaicón” Villegas, recio defensa del Rebaño Sagrado.

El árbitro del encuentro, el internacional mexicano Felipe Buergo, no apreció la falta durísima aplicada al delantero y se acercó a este y le dijo que se levantara, dejando correr la jugada.

Unos segundos después el balón salió por la lateral y el capitán jarocho al ver que Aussín no se levantaba, se acercó al nazareno y molesto le dijo:

-“Señor Buergo, ¿ya vio que entrada?

Felipe no contestó de inmediato, alzó la vista hacia las tribunas, recorrió lentamente las mismas con la mirada, volteó a ver a Jesús Mercado que seguía –molesto- esperando la respuesta del árbitro y con toda tranquilidad le dijo:

-“Pues sí, ¡vino un chingo de gente!”…Buergo ordenó el saque de banda y el partido prosiguió, ante el desconcierto del capitán veracruzano que se tuvo que tragar su coraje…

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