La afición, la parte más fiel del futbol

El futbol es un deporte que no siempre ha sido el de mayor número de aficionados en nuestro país. Anteriormente los toros y el beisbol ocupaban el sitio indiscutible de las preferencias del público.

"El futbolista profesional ya no le tiene amor a la camiseta,sino al dinero. El amor a los colores ya solo es profesadopor los aficionados; son los únicos que no los traicionan".Arturo "Gonini" Vázquez Ayala. 1977

El futbol es un deporte que no siempre ha sido el de mayor número de aficionados en nuestro país. Anteriormente los toros y el beisbol ocupaban el sitio indiscutible de las preferencias del público.

Es hacia los años treinta que el futbol comienza a sitiarse como uno de los preferidos. La gente acude en mayor número y es en 1934 cuando se produce el primer gran lleno para ver un partido de la Selección Mexicana que disputaba en contra de Cuba un boleto para asistir al Mundial de Roma.

Don Facundo, el más célebre cronista de futbol de aquellos años comentó:

"Yo no he visto jamás en mis treinta años de futbol, tanta gente congregada en un campo de juego de esta ciudad".

El aficionado, por seguir a su Selección, invadió la calzada de La Piedad causando un embotellamiento de casi cuatro horas para asistir al campo del Necaxa que se ubicaba en lo que hoy es Obrero Mundial esquina con Vértiz.

Era imaginable el desarrollo futuro del futbol, lo cual se veía plasmado en la creciente publicidad fija en los estadios, además de la publicidad que se hacía en los mismos como cuando la Monticello Drugs Co. repartió entre la multitud muestras gratis de sus productos en la reinauguración del Parque España. Era la primera vez que se recurría en México a este tipo de publicidad y era precisamente en el futbol.

Los campos presentaban un magnífico aspecto. Bien delimitadas las gradas de sol y sombra, las primeras eran ocupadas por la gente de menos recursos, como los seguidores del Atlante y Necaxa y las de sombra por los espectadores más potentados, seguidores del España y Asturias. Los del América se dividían en ambas tribunas.

Una de las porras más importantes y ruidosas era la del Atlante, sus integrantes vestían de mezclilla y lucían el típico sombrero de petate que les protegía de alguna forma de los rayos candentes del sol. La del España, era otra clase de porra. En ella se encontraba el español corajudo, fanático de lo que ellos llaman el "furbol" y que gritaba jubiloso y se alborozaba cuando su equipo el "Real Club", anotaba un tanto. El puro no se hacía esperar, su humo era exhalado mientras con un dejo de superioridad, el aficionado dice que son los mejores, los invencibles el mejor equipo del "furbol".

Y los pleitos no pueden faltar, uno de los mayores que recuerda el viejo aficionado, es el del 17 de Enero de 1936, cuando jugando España contra Atlante se desató una bronca fenomenal. Carreño, ídolo atlantista fue expulsado y la gente del graderío de sol comenzó a aventar objetos a la cancha. Botellas, monedas y piedras golpearon a jugadores del España y al mismo árbitro.

El encuentro tardaría más de una hora en reanudarse, para lo cual llegaron más de cien soldados a tratar de calmar los ánimos de una afición que no dejaba que saliera de la cancha el expulsado, ya que querían verlo jugar. Muchas de las gradas de madera, fueron arrancadas y trozadas y fueron a dar a mitad de la cancha. Al final, el jugador del Atlante fue expulsado un año, acusado de azuzar al público. La presión del fanático obligó a que dicho castigo quedara sin efecto. Así se la gastaban los aficionados de sol, los aficionados del viejo "Aclante".

En los años cuarenta, el futbol era ya el deporte de las masas. La creciente fanaticada obligó a la creación de nuevos parques y a la expansión de la Liga a provincia. Estadios como el del "Chabacano" del Asturias, el Paradero en Guadalajara, el del Necaxa en la Ciudad de México, el Revolución en Irapuato y el de la Martinica en León, siempre se encontraban abarrotados. En el torneo 1941-1942, se batieron todos los récords de entradas, ya que casi todos los partidos se jugaron con campos llenos. Tal vez la II Guerra Mundial había influido en que la gente buscara un momento de esparcimiento, un medio de escape. Eran épocas en las que el dinero se tenía, pero no había en que gastarlo, los productos básicos no se encontraban por ningún lado.

A partir de estos años, el futbol había superado todas las expectativas, convirtiéndose no en un deporte más, sino en el principal. El público lo había llevado al pináculo de los deportes en México. El fanático desarrollaría cientos de batallas en las tribunas, lloraría por malos resultados, levantaría en hombros a decenas de héroes que, jugando para los colores, daban lo mejor de sí para conseguir un campeonato. Este era y es el público del juego por excelencia, el futbol...

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