Los años noventa (un recuento)

Los maravillosos años ochenta, quedaban atras. Y con ellos el América que a lo largo de la nueva década no conseguiría un solo título. En la Temporada 1990-1991 los Pumas de la UNAM barrerían con...

Los maravillosos años ochenta, quedaban atras. Y con ellos el América que a lo largo de la nueva década no conseguiría un solo título. En la Temporada 1990-1991 los Pumas de la UNAM barrerían con todos sus contrincantes. Con 55 puntos, ocho por encima de su más cercano perseguidor, también se convirtió en el cuadro más goleador con 67 tantos y los menos goleados con 30. Un jovencito con una pierna explosiva y gran visión, se convertía en el máximo romperredes: Luis García Póstigo.

En la final, a la cual accedieron sin mayores problemas, los Pumas se encontraron con su acérrimo rival: El América, que llegaba a la última instancia tratando de mostrar que todavía dominaba la escena futbolística, pero sus mejores días habían quedado atrás, spultados por la década que recien terminó.

El primer partido de la Gran Final se disputó el 19 de Junio de 1991, América de local se imponía 3-2 a los recios Pumas, que sin embargo, abrieron el marcador con gol de Luis García, pero hacia el minuto 18 América goleaba 3-1 y parecía una debacle para el cuadro universitario, que con gol de Patiño al comienzo de la segunda mitad, puedo dar cifras definitivas al marcador.

El segundo encuentro se llevó a cabo el 22 de junio en la cancha de la Ciudad Universitaria, ahí, un veterano de mil batallas que regresó del retiro para jugar su última campaña con el conjunto que le dio fama, lograría un golazo de tiro libre: Ricardo “El Tuca” Ferreti con ese solitario tanto, le daba el título a los Pumas tras diez años de ayuno, y que el reglamento señalaba que en caso de empate, los goles como visitante serían determinantes.

En la Temporada 1991-1992 la gran sorpresa la dieron los esmeraldas de León, que un año antes había logrado el ascenso de la mano del Rey Midas Víctor Manuel Vucetich. En las filas del León un delantero marcaba la pauta: Milton Queiroz “Tita”, un brasileño de gran potencia, fácil dribling y gran carisma que le dió a su equipo la fuerza necesaria para llegar a la final. El otro conjunto que llegó a la máxima instancia, fue el cuadro del Puebla. El primer encuentro se jugó el 4 de Junio de 1992 y muy parejo, con emociones por ambos lados, terminaría 0-0. En el segundo encuentro, disputado en el Campo Nuevo del León, los esmeraldas aprovechando la condición de local y en tiempos extra lograron dos tantos para ganar 2-0 y llevarse el título.

El cuadro de los prietitos, el Atlante, dirigidos por Ricardo La Volpe, llegaría a la final del Torneo 1992-1993. Tras 47 años sin ser Campeón, tenía en sus manos la posibilidad de hacer una nueva historia con un equipo plagado de jóvenes como Félix Fernández, “El Piojo” Miguel Herrera, el profe Cruz, el “Potro” Gutiérrez, Andrade, Cantú, Luis Miguel Salvador y Daniel Guzmán entre otros. Del otro lado, tenían de rival al equipo del Monterrey.

El primer partido de la Gran Final se disputó en el estadio atlantista el 27 mayo 1993, los azulgrana con gol del “Travieso” Gzmán ganarían apenas 1-0, por lo que el encuentro de vuelta en e Tecnológico de Monterrey con la afición al cien por ciento en favor de los locales, hacía pensar que la mesa estaba servida para los regios, sin embargo, a base de tesón, juventud y dinámica el 30 de mayo de 1993 el Atlante se coronaba al vencer 3-0 al Monterrey en su propia casa. La afición a la cual se le ha dado en llamar la mejor de México, reconoció al campeón con un fuerrte aplauso al momento de dar la vuelta olímpica con el trofeo en mano.

El Rey Midas que había llevado un par de años atrás al León al título, Víctor Manuel Vucetich, tomó las riendas de los Tecos de la UAG que no tenía títulos en sus alforjas. Una vez más, Vucetich llevó a su equipo a al gran final. A lo largo del certamen 1993-1994, los Tecos habían arrasado con la liga y en la liguilla demostraron su buen futbol. La gran final la disputaron contra otra sorpresa,los Santos del Torreón, que comenzaban a tejer su propia historia. En el partido de ida el 27 de abril de 1994 fue ganado por los locales de Torreón 1-0, mientras el de vuelta, el 30 de abril, fue en su totalidad para los de Guadalajara, que ganaron 2-0 para llevarse, por primera vez en su historia, el título de liga.

En la década de los noventa, dos equipos marcaron época, el primero de ellos fue sin duda el Necaxa. El equipo de los rayos al inicio de la década, comenzó a cambiar su fisonomía y fue en la Temporada 1994-1995 cuando empezó a cosechar frutos. Manuel Lapuente conjuntó un cuadro de buenos elementos entre los que se encontraban Navarro, Higareda, Vilches, Becerril, “Cuchillo” Herrera, García Aspe, Alex Aguinaga, Luis Hernández, “El Ratón” Zárate, Ivo Basay y Ricardo Peláez entre otros.

A lo largo de la temporada, el equipo espectacular fue el del América de Leo Beenhakker, que gustaba y goleaba casi en cada encuentro, sin embargo, un cambio de timón inexplicable hacia el final de la temporada dio al traste con este grupo, por lo que el Necaxa no hizo más que capitalizr los errores de las Aguilas para crear su propia historia. El Necaxa llegaría a la final en contra de la Máquina de la Cruz Azul.

Ambos partidos se jugaron en el Estadio Azteca, el primero, disputado el 1 de junio de 1995, terminó con empate a un gol, pero el segundo y definitivo fue por completo para el Necaxa que logró dos goles obra de sus estrellas del momento, Alex Aguinaga e Ivo Basay, para así, obtener su primer título de la era moderna.

Al año siguiente, en la temporada 1995-1996, el Necaxa nuevamente alzaba la mano para pedir la Copa de Liga. A lo largo de la temporada mostró que deseaba repetir la hazaña no importando que en frente tendría a la gran sorpresa de la década: los toros del Celaya. La novedad de este certamen fue el valor de tres puntos por partido ganado

El Atlético Celaya era el benjamín de la Primera División, se había coronado en la Primera A y buscaba no solamente mantenerse en el máximo circuito, si no además dar la gran campanada. El Celaya contrató, para empezar a abrir boca, a una figura de talla mundial. Emilio Butragueño vino a regar los campos mexicanos con su magnífico futbol. El cuadro jugando bien, daría una muy buena liguilla y en la final solamente quedó a un paso de consagrarse en su primer año. El partido de ida se disputó el 1 de mayo de 1996 el marcador final fue de 1-1. En el segundo encuentro, muy disputado pero con cerrojo por ambos bandos, terminaría 0-0, el título, nuevamente el gol como visitante daba un título.

En la temporada siguiente en el Invierno de 1996, primer torneo corto de la década, el Necaxa volvió a dar muestras de su poderío y llegó a la Gran Final. De igual manera, en el Verano 1998 llegaría a la máxima instancia. Sin embargo, en este par de ocasiones se conformaría con el segundo lugar.

En el Invierno de 1998 el Necaxa cerraría con broche de Oro su hegemonía en los años noventa con un título más. El 10 de diciembre de 1998, enfrentaba en el primero de la gran final al rebaño sagrado del Guadalajara en el Azteca. El encuentro terminaría 0-0 y daba la impresión que las Chivas tendrían todo para ganar y llevarse el título. El 13 de diciembre el Estadio Jalisco hacía los honores a ambas escuadras. Guadalajara tuvo los mejores acercamientos, pero dos errores defensivos aunados a dos aciertos de los visitantes, dieron al Necaxa su tercer título de la década.

El primer campeón de los torneos cortos, en el Invierno de 1996, sería un equipo de provincia que comenzaba a destacar y que ya había dado muestras de su poderío al llegar, dos años atrás a una final. El Santos de Torreón realizó un magnífico certamen, sólo por debajo en puntos del Atlante de Miguel Mejía Barón. El Santos llegó a la Final sin un gran cartel, pero con jugadores bien dirigidos por Alfredo Tena. Los elementos más destacados que tenía el cuadro lagunero, eran Benjamín Galindo, un veterano de las mil batallas, Miguel España y un jovencito que comenzaba a despuntar: Jared Borguetti.

El otro contendiente de la Final era ni más ni menos, que el Necaxa. El partido de ida fue ganado por los capitalinos 1-0, con un lamentable autogol. En el segundo partido, sin embargo, explotó toda la artillería santista para vencer 4-2 a un fiero Necaxa que no quería darse por vencido. Santos, lograba su primer título y demostraba que en el norte, también se sabía jugar bien al futbol…

En el Verano de 1997, las llamadas superchivas dirigidas por el “Tuca” Ferreti lograron llegar a la Final. En frente, tenían ni más ni menos que a un equipo fantástico, fuera de lo común que lo mismo se vestían con máscaras carnavalescas, que ofrecían buen futbol con melenas pintadas de amarillo. El Toros Neza que dirigía fuera de la cancha Enrique Meza y dentro de ella Antonio Mohamed, era todo un espectáculo sin igual.

El primer partido de la gran final se disputó el 29 de mayo de 1997, en la cancha de Neza el resultado final mostraba empate a un gol, lo que pronosticaba un segundo encuentro muy parejo. Sin embargo, en el encuentro disputado en Guadalajara, solo hubo un equipo. El rebaño sagrado de las Chivas, salieron en vena y lograron endilgar una de la mayores goleadas en una final ganaron 6-1, con cuatro goles del “Gusano” Nápoles, que dió sin dudarlo, el mejor (y único) partido de su carrera.

Todo indicaba que los grandes regresaban por sus fueros. En el Invierno 1997 y luego de 17 años de no serlo, el equipo de la Cruz Azul conseguía el campeonato en dos encuentros candentes. El primer partido de la gran final, fue de un solo gol. Al minuto 53 el maestro Benjamín Galindo lograba darle a la Máquina el triunfo. El segundo de la serie final, fue muy disputado, como en un guión bien armado, León logró anotar justo en el mismo minuto en el que lo hizo Cruz Azul en el primer partido, al minuto 53 Missael Espinoza ponía parejo el marcador global.

El encuentro se fue a tiempos extras, corría el minuto 14 cuando en una jugada artera, Comizzo, portero leones agredía cobardemente a Carlos Hermosillo con un golpe en la cara. El árbitro señaló el penal que el mismo Hermosillo cobró de manera magistral para darle a Cruz Azul un título tras muchos años de ayuno.

En el Invierno de 1999, un equipo que mostraba su crecimiento día con día, de la mano de una directiva trabajadora, llegaba a la gran final. El Pachuca de Javier Aguirre, sorteando todos los obstáculos, desde una repesca complicada y eliminando a los grandes favoritos Toluca y Atlas, arribaba en contra de Cruz Azul a la disputa por el título.

El 16 de diciembre en la ciudad de los vientos, Pachuca y Cruz Azul empataban a dos tantos. Cruz Azul parecía ampliamente favorito para llevarse el título en casa, pero el corazón tuzo pudo más en el estadio Azul que 30,000 gargantas que apoyaban a los locales. El encuentro, un 0-0 muy ríspido, sólo fue abierto en tiempos extras, cuano Glaría anotaba el gol de oro que le daba al Pachuca su primer título en la época moderna y dejando a los seguidores del Cruz Azul con un mal sabor de boca.

Otro grande se hizo presente en la década de los noventa. El Toluca, que, junto con Necaxa se consagraría como el mejor de aquellos diez años.

El Toluca había tenido malas temporadas que lo situaban más cerca de la división de ascenso que de el campeonato. En 1997, un hombre tomó las riendas del enfermo terminal y le dió un sello propio, Enrique Meza llegó con aquellos jugadores sin mística ni sueños y los hizo volar más allá de dond su imaginación se los permitía.

En el torneo del Verano de 1998 el Toluca que arrancó con la incertidumbre del porcentaje, logró el liderato general y su delantero José Saturnino Cardozo, un extranjero hasta entonces poco conocido en nuestro medio, comenzó a cubrir su nombre de oro logrando el título de goleo.

El Toluca alcanzaría la gloria del campeonato enfrentando en la final al Necaxa, que había demostrado ser el rey. En el primer encuentro, el cuadro rayo obtuvo la victoria 2-1, en el de vuelta, en la mismísima bombonera, al minuto dos ya ganaba 2-0. 4-1 en el global, sin embargo, el cuadro choricero supo remontar lo que parecía irremontable, primero anotó Taboada al minuto 3, al 36 Abundis y al 53 de nueva cuenta el mismo Abundis, el marcador, en forma cardiaca se encontraba empatado en el global 4-4. Y llegó la magia de Cardozo y con dos soberbios goles lograría dar la vuelta para que el Toluca se alzara campeón con un global de 6-4 en uno de los encuentros de final más memorables. El rey Necaxa moría, aquel 13 de diciembre de 1998 nacía un nuevo rey, el Toluca…

Los veranos parecían hechos para el Toluca, en el Verano del 99 nuevamente se hacía del liderato general con 39 puntos. Del otro lado, como oponente en la gran final tendría al Atlas de Lavolpe, que desarrollaba un futbol excelso, de verdadera academia. Sin duda alguna a lo largo de la temporada los partidos más explosivos, los más ofensivos y los mejor jugados, habían sido los protagonizados por estos conjuntos. El partido de ida no defraudó a nadie, terminaría 3-3 luego de que Toluca parecía arrollar en los primeros minutos. El segundo y definitivo cotejo, se desarrolló en la bombonera el 6 de junio de 1999 y en otro estupendo partido, el marcador al finalizar las acciones nos mostraba un 2-2. Las cosas, se decidirían en los penales, tras dos tiempos extras soberbios pero sin anotaciones.

En la serie de pénaltis por parte del Toluca anotaron Taboada y Ruiz, por El Atlas Rodríguez y Zepeda. En la tercera tanda fallaron Estay por los choriceros y Osorno por los de la Academia. Vukic mandó al frente al Toluca y cuando Márquez se acercaba para tirar, fue insultado por Adán Núñez. Se armó la trifulca y pasaron más de 15 minutos para que la ronda penal pudiera continuar. Márquez anotó y Cardozo y Bustos hicieron lo propio, todo se decidiría en muerte súbita. Por El Toluca, el encargado fue Carmona quien no tuvo mayor problema para anidar el esférico en las redes y Julio Estrada tenía el destino en sus manos, sin embargo, se perfiló y... Cristante detuvo el esférico en una fracción de segundo que parecía eterno. El Toluca ganaba su segunda corona de la década.

Ya en el Verano del 2000, comenzaba una nueva década para los choriceros, que, como broche de oro volvió a mostrar su poderío al vencer en la gran final al Santos de Torreón. El Toluca demostraba ser el rey del Verano y obtenía la sexta corona en su historia y se proclamaba a los cuatro vientos como el sucesor del Necaxa, Los maravillos años noventa, llenos de buen futbol habían terminado.Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas