Grandes errores: los guardametas

El futbol es un juego de errores, dijo alguna vez Johan Cruyff.

El futbol es un juego de errores, dijo alguna vez Johan Cruyff. "El balompié debe ser dinámico, y este deporte vive justamente de los errores, puesto que si todos jugaran perfectamente, los encuentros terminarían cero a cero".

Al fondo, dentro del área chica, el que manda es el portero. Los cancerberos suelen ser los héroes, los que evitan que su meta sea violada, pero cuando cometen un error, este resulta imperdonable para el aficionado. Grandes guardametas tienen su momento trágico, de poca gloria, de vergüenza personal, aquel que nunca quisieran haber vivido, la multitud no perdona al portero, con un solo error –dice Eduardo Galeano- "el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición…".

Uno de los errores más conocidos, aquel que de tanto hablarlo se ha vuelto un clásico, es el autogol de Miguel Marín. El hombre de acero, "Supermán" del área chica, como le llamaba Ángel Fernández, era un extraordinario guardameta que hasta en sus errores fue superior a los demás.

El 23 de mayo de 1976, en un partido de liga sin mayor trascendencia entre Cruz Azul y Atlante, que podía quedar en el olvido, el "Gato" Marín, portero de La Máquina Celeste, al tratar de despejar, se arrepintió de último momento y cometió el autogol más célebre del futbol mexicano, y tal vez del mundo, cuando impulsando el esférico con su mano, la clavó en su propia meta. El autogol es tan célebre, que aparece en los archivos de la FIFA como el error más significativo de un portero.

Un error que también es recordado, es el que protagonizó el guardameta Erubey Cabuto en el partido Atlas-Toros Neza del 2 de agosto de 1997 cuando al minuto 84 del encuentro, Mohamed cobró un tiro libre. El esférico lento, sin mayor merecimiento, llegó a Cabuto, en una jugada que era totalmente para el portero, sin embargo, el esférico de manera dramática le pasó por debajo de los brazos al guardameta atlista, el cual, dese luego fue abucheado desde las tribunas.

Y como olvidar el partido Necaxa-Morelia del 9 de agosto de 1997, cuando Ricardo Martínez, portero de los ates, se fue a rematar faltando unos minutos para la conclusión del encuentro, Martínez no sólo no pudo hacer nada al frente, sino que regresó mal y no pudo cubrir su marco, lo que aprovechó Cuauhtémoc Blanco para anotar la puntilla a los morelianos.

Uno de los porteros que sistemáticamente cometía errores que le costaban puntos a su equipo, era Javier Lavallén de los Pumas, recordemos tan sólo con dos ejemplos algunas de sus fallas que, en verdad fueron muchas: en el Pumas-Morelia del 31 de julio de 1997, un tremendo error del portero universitario le costaron dos puntos a los Pumas (min. 31), semanas más tarde, un nuevo y tonto error de Lavallén en el partido Pumas-Atlas el 10 de agosto, le volvió a costar el triunfo a los del Pedregal, la afición de plano se metió con el guardameta que en una acción reprobable se metió con el público asistente, insultando de manera grosera.

Félix Fernández fue otro de los guardametas que no se salva, en el partido Pumas-Atlante del 31 de agosto de 1997, cometió un tremendo error imperdonable, que le dió el triunfo a los Pumas en el minuto 53. Y cómo olvidar otro error del mismo Félix, cuando en el encuentro entre el Atlante y el Cruz Azul el 11 de enero de 1998, un globito del celeste Yegros que no tenía nada, se incrustó en la portería al minuto 35. El error le costó la banca en el siguiente partido y el grito de gol cada vez que Fernández tomaba el esférico.

Y si un error no fuera suficiente, el arquero del Puebla, Rabadja en el encuentro Veracruz-Puebla del 6 septiembre de 1997, cometió dos crazos errores para que los jarochos anotaran sus primeros dos goles (min. 19 y 52), que le costaron la derrota a los de La Franja.

En liguillas también se han dado errores costosos, en el Verano 1997 en el partido de Cuartos de Final  entre Pumas y Toros Neza, un error infantil del guardameta Javier Lavallén –de quién sino- le costó a los universitarios su eliminación, cuado le entregó el esférico como un verdadero regalo a Rodrigo "Pony" Ruiz, que agradeció el obsequio empujando el balón a las redes 15 mayo 1997 min. 60.

Hay errores que cuestan un campeonato, y para muestra tenemos dos ejemplos. En el primer partido de la Final del Torneo de Liga 1988-1989, el portero del Cruz Azul, Pablo Larios, casi al comienzo del encuentro, trata de entregar la pelota a un compañero a pocos metros de su meta, sin darse cuenta que el atacante del América, Luis Roberto Alves "Zaguinho", merodeaba con su gran sancada en los linderos del área. Zague robó con facilidad el esférico y anotó al minuto 2 el primer gol que significaba el principio del fin de La Máquina en aquella Final de antología.

Otro gran error en partido de Final de liga, la protagonizó David Ángel Commizo, el guardameta argentino de irrascible carácter, en el segundo partido de la gran Final entre su equipo, el León y el Cruz Azul, en el Invierno 1997, cuando el marcador global se encontraba empatado, en tiempos extra y cuando su conjunto tenía todo para alzarse con la copa, cometió un error garrafal para un arquero de su talante, al minuto 10 del primer tiempo extra Comizzo se vuelve loco y en una jugada de poca importancia agrede arteramente a Carlos Hermosillo, delantero celeste, lo que significaba la marcación automática del tiro penal, y, como consecuencia el posible gol de oro que daría el título al Cruz Azul, y así fue. El mismo Hermosillo cobró el tiro que dió una estrella más a los azules, mientras que el León, por un error de su portero, se quedaba sin un título largamente esperado.

Pero tal vez, el gol más extraño que se ha dado en el futbol mexicano, fue de igual manera, por un error de un guardameta. El 16 de agosto de 1998, en el partido Morelia-Santos cuando faltaban menos de diez minutos para el final, el portero visitante Adrián Martínez toma el balón con las manos, que provenía de un contrario. En las tribunas suena un silbatazo, Martínez suelta el balón y lo adelanta, pensando que habían marcado fuera de juego, dejándolo a merced del centro delantero Valenciano que al ver el esférico junto a sus pies y percatarse que el nazareno no señalaba nada, pateó el esférico hacia la portería, consiguiendo este extraño tanto que queda ahí para la historia.

Estos son tan sólo, algunos grandes errores de guardametas.

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