Navidad: El futbol durante la Gran Guerra

En esta época del año me gusta recordar esta anécdota que me hace sentir como el futbol es en muchas ocasiones un bálsamo en los momentos difíciles en la historia de la humanidad.

En esta época del año me gusta recordar esta anécdota que me hace sentir como el futbol es en muchas ocasiones un bálsamo en los momentos difíciles en la historia de la humanidad.   Aún durante las grandes guerras que han afectado al mundo, el futbol ha logrado ayudar de alguna manera a olvidar, aunque sea por unos momentos, los odios entre seres humanos, mismos que ni siquiera deberían existir.

El calendario marcaba el 24 de diciembre de 1914, en los frentes de batalla el sonar de los cañones era cosa de todos los días y este no podía ser la excepción, sin embargo, en algún punto entre la frontera entre Francia y Bélgica, algunos soldados que antes que nada eran hombres, padres de familia, hijos o hermanos que añoraban estar con sus familias y de la nada, sin pensarlo, decidieron hacer un alto al fuego.

Por un lado, ingleses y franceses; por el otro, los alemanes.

Cientos de árboles navideños habían llegado al frente alemán para que los soldados sintieran un poco menos aquella guerra sangrienta que cobraba miles de vidas y un poco más el calor de la Navidad. Los germanos, con sus árboles al pie del cañón, se pusieron a entonar canciones navideñas alemanas.   Los ingleses, primero asombrados por lo que ocurría, dejaron de disparar, poco después, también cantaban villancicos.   Los coros en alemán, inglés y francés se unificaron al cantar la Noche de Paz. Algunos oficiales de ambos bandos se atrevieron a abandonar sus trincheras y comenzaron a abrazarse con el enemigo deseándose Feliz Navidad, intercambiando regalos preciados como cigarros, dulces y alcohol.   Durante esa noche y el día siguiente, el de Navidad, hubo cese al fuego. Entonces, ocurrió algo significativo. El 25 de diciembre por la tarde alemanes e ingleses organizaron un partido de futbol.   El sargento Mayor Frank Naden escribió en su diario:   “En el día de Navidad un alemán salió de las trincheras con las manos en alto. Nuestros compañeros inmediatamente salieron de sus trincheras y los alemanes de ellas y nos encontramos en el medio y por el resto del día fraternizamos, cambiamos comida, cigarrillos y souvenirs. Los alemanes nos dieron algunas de sus salchichas y nosotros les dimos algunas de nuestras cosas. Los escoceses comenzaron a tocar sus gaitas y compartimos una rara alegría que incluyó un partido de futbol con los alemanes. Los alemanes nos dijeron estar cansados de la guerra y deseaban que terminara. Al día siguiente recibimos la orden de que toda comunicación e intercambio amistoso con el enemigo debía cesar, pero nosotros no disparamos en todo el día y los alemanes no nos dispararon a nosotros”.

Patearon al calor del juego aunque el día era frío. Disputaron el esférico como viejos amigos y no como soldados enemigos en combate; jugaron un partido de futbol olvidándose de la guerra.   Jean Philippe Rethacker escritor francés un día escribió:

“Pueden verse reunidos al católico intransigente y al antiguo Comandante del ejército húngaro comunista, al protestante austero y al israelita practicante, al negro descendiente de los esclavos africanos y al blanco hijo de colonos portugueses, al futuro médico y al fontanero, al abogado alejado de su bufete y al aldeano privado de su carreta, al cura de parroquia y al concejal más anticlerical… nada resiste al sortilegio del futbol, ni los problemas de raza o de religión, ni las ridículas peloteras de la política, ni las de clase social. Un balón basta para destruir todas las contingencias… el hombre se vuelve semejante a todos los demás hombres”.

El futbol, puede terminar con una guerra. Por lo menos por un momento como ocurrió en aquella Noche Buena de 1914.

¡Felices fiestas les desea su amigo Carlos Calderón!

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