Alfredo Sánchez, el jugador que nació 'Viejo'

Quiero hablarles de una de las viejas glorias del futbol, ídolo del América de los años 30, decano y símbolo del futbol mexicano.

El día de hoy quiero hablarles de una de las viejas glorias del futbol orizabeño, ídolo del América de los años 30, decano y símbolo del futbol mexicano, de aquellos que todavía jugaban por amor a la camiseta y que recordamos a unos años de su muerte: Alfredo “El Viejo” Sánchez. Alfredo, comenzó su carrera a los 13 años en las juveniles del ya desaparecido ADO de Orizaba y el América puso los ojos en este joven futbolista que lo mismo atacaba que defendía, tenía un gran resorte –sin ser muy alto- a la hora de ir a rematar, recuperaba con pundonor todos los balones que peleaba y mostraba un gran entusiasmo a la hora de jugar. En 1929 llegó a los entonces llamados azulcremas y en su primer partido causó sensación entre la afición, ya que le hizo tres goles de cabeza a Ernesto Pauler, gran arquero del Necaxa. Alfredo se hizo de inmediato de un lugar en la alineación americanista y un año más tarde, sería parte de aquella Selección Mexicana que disputó la Primer Copa del Mundo en Uruguay 1930. Alfredo, cabe decirlo, siempre fue “Viejo”. El sobrenombre lo recibió de su propio padre el día que nació. Era rubio como el sol y con la cara arrugada, por lo que el primer comentario que hizo a su esposa sobre el niño fue el siguiente: “¡Mira, parece un viejo!”… y “viejo” se quedó para siempre. Así le dirían en casa y en el colegio y en el futbol fue su marca de guerra. El amor de Sánchez al América es inenarrable. En aquellos años la mayoría de los jugadores no cobraban por jugar, por lo que tenían que trabajar en otra cosa para poder mantenerse. Alfredo, por ejemplo, tenía dos trabajos. El entonces Presidente del América, Juan de Dios Bojorquez, le pidió a su amigo y gran americanista y quien también aportaba dinero para el club, Marte R. Gómez, para que le consiguiera un empleo en la Secretaría de Industria y Comercio que presidía Luis L. León, gran amigo del político tamaulipeco. Aburrido, desde un escritorio, Alfredo le comentó a Bojorquez que no le alcanzaba el dinero que le pagaban, esperando que le consiguiera otra cosa o que por lo menos le diera un bono como el que recibían algunos de los jugadores ya veteranos, pero el directivo lo que hizo fue buscarle un segundo empleo, un trabajo en la dependencia de Patentes y Marcas y de ahí se lo llevó a el Departamento Central (hoy Gobierno del DF) en donde lo puso como Inspector de Espectáculos, algo que casi le causa un infarto al jugador, ya que su misión consistía en irse a los centros nocturnos que le fueran asignados y ver que se cumpliera la ley.   Así, cada noche, visitaba lugares de moda como “El Jacarandas” o “El patio”, en los que era recibido con una botella “cortesía de la casa” y le asignaban la mejor mesa, para que constatara que el espectáculo ofrecido era el que correspondía. Sánchez cada noche se iba a acostar a las 3 o 4 de la madrugada, pero tan sólo unas horas después tenía que estar entrenando con el equipo y de ahí salir disparado a su primer trabajo ¡La Locura! Alfredo jugó desde 1929 y hasta su retiro en 1943 con el América. Con el equipo ganó la Copa de 1937-1938, líder de la media cancha, reforzó a todos los equipos capitalinos cuando llegaban a nuestro país escuadras extranjeras a jugar las famosas series de aquellos años. Recibió, por tanto, reconocimientos del España, Asturias, Atlante y el Necaxa e inclusive de la Selección Vasca, a la que reforzó ante Estudiantes de la Plata. Incansable, fue el Capitán del equipo por muchos años, herencia del gran Rafael Garza Gutiérrez “Récord”. Hombre probo, de gran corazón, compañero y amigo, ya no pudo saborear las mieles del profesionalismo. En la que sería la última temporada de la Liga amateur fue dirigido por “El Corzo” Luis Regueiro, quien simplemente lo dejó esa temporada en la banca. Tan sólo jugaría un partido y al saber que Regueiro posiblemente seguiría al frente, prefirió el retiro. Varios equipos lo querían, era un incansable, no paraba de correr y jugar, los años no pasaban por él, pero se debía al América y no pensaba siquiera jugar en otra escuadra. Inventor del grito de guerra que por muchos años acompañó a los azulcremas ¡Fibra América! , Capitán de la Selección en los Juegos Centroamericanos de 1938 -en donde se ganó el Oro-, ganador de la Medalla al Mérito Deportivo de aquel año, “El Viejo” se retiró joven del futbol. Se fue como había llegado, con la frente en alto, con su gran sonrisa y dando todo por aquel América, en el que jugó por amor a la camiseta…

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