¡To-re-ro, To-re-ro!

Cuando los aficionados en las tribunas griten ¡Ole! ¡Ole! -como si estuvieran en una plaza de toros- hay que recordar a Rafael Mollinedo.

Hoy en día resulta común que, tras una jugada brillante -por ejemplo un túnel, un buen pase o simplemente cuando un equipo “pasea” al rival- los aficionados en las tribunas griten ¡Ole! ¡Ole! como si estuvieran en una plaza de toros ante un buen torero. Pues bien, esto en el futbol tiene su historia… El 24 de junio de 1938 el América y el España se enfrentaban para jugar la Final del Torneo de Copa. El favorito era el Real Club España, ya que el América atravesaba por un mal momento en lo futbolístico y en lo económico. En la Liga apenas había terminado a media tabla y algunos jugadores no pasaban por sus mejores días. Tal vez, quien más destacaba en la plantilla dirigida por Rafael Garza Gutiérrez “Récord”, era su guardameta.   Rafael Mollinedo, considerado como adelantado a su tiempo, tenía unos lances fantásticos, con movimientos casi felinos y que gustaba de la jugada espectacular, la de la foto. Cabe decir que por aquellos años los porteros eran más sobrios, siempre pegados a los tres palos, de donde casi no salían. Mollinedo, en cambio, gustaba abandonar la portería y adelantarse a los linderos de su área, lo que causaba la hilaridad del aficionado y el enojo de sus entrenadores. En este encuentro por la Final de Copa, el arquero era el mismísimo Mollinedo, quien esa tarde salió inspirado. Con goles de Ostos y Argüelles en la primera mitad y Octavio Vial en la segunda, el América ganaba contundentemente. El España, por su parte, sólo había logrado besar las redes de Mollinedo en una ocasión. Ya casi terminaba el encuentro y con el España encima, Mollinedo detenía todo, absolutamente todo y fanfarroneando, luego de una atajada espectacular, se paseaba junto a la portería como torero. Venía lo que parecía la última jugada, cuando Pedrol cayó en el área y mientras los americanistas se quejaban de que el jugador se había dejado caer, los del España celebraban que el nazareno hubiera marcado la pena máxima. El “Pato” Gual, gran delantero del España y que lo había sido también del Barcelona, tomó el balón y, pasando frente a Mollinedo, se burló de éste, haciéndole ver que en verdad no había sido penalti. La cosa no paró ahí, Gual, jactándose sobre dónde iba a meter el esférico, le señalaba una de las esquinas inferiores. Mollinedo, molesto por las burlas, se paró frente a las tribunas que tenía atrás de la portería, se quitó la gorra y la lanzó al público, dedicándoles “El Toro”. La afición, lo celebró y mientras Mollinedo se dirigía a la portería caminando cual torero, la gente le comenzó a aplaudir. Gual tiró y Rafael en un gran lance, desvió el balón a un lado. El árbitro, ante las quejas de los españistas, que dijeron que Mollinedo se aventó antes, repitió el penal. Mollinedo lanzó besos al público. Gual volvió a tirar y el guardameta nuevamente la desvió, a tal suerte, que quedó en los pies del delantero, quien contrarremató, mientras Molliendo alcanzaba a malabarear la pelota y tras un bote, la abrazó, terminando así con el peligro. Mollinedo se paró con el balón en las manos y el árbitro pitó el final. En las tribunas, la gente enloquecida, y sintiéndose en la plaza de toros, comenzó a gritar ¡Ole! ¡To-re-ro, To-re-ro! Mientras que el arquero agradecía caravaneando y caminando como si tuviera capote en mano. Varios aficionados abandonaron sus cómodos asientos y bajaron a la cancha, para levantar en hombros a Molliendo, paseándolo por la misma y sacarlo así del estadio, que más bien se había convertido en una Plaza de Toros. El América se alzó con el campeonato de Copa, venciendo 3-1 y en los partidos siguientes, cuando jugaba el América, en las tribunas comenzaba a escucharse el ¡Ole!, en forma cada vez más constante, hasta que se hizo extensivo en todas las plazas y en todos los encuentros del futbol mexicano, en donde un equipo domina con claridad al otro… Twitter @CarlosCalderonC

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