América y Cruz Azul. Carlos Garcés: Una anécdota compartida

Uno de los pioneros del equipo América es el recordado Carlos Garcés. Él, junto a los Garza Gutiérrez, los Andrade Pradillo y Salido, entre muchos otros, dieron vida al Ame en 1916.

Uno de los pioneros del equipo América es el recordado Carlos Garcés. Él, junto a los Garza Gutiérrez, los Andrade Pradillo, García Besné Sierra, Salido y Nuñez Cortina, entre muchos otros, dieron vida al club América allá por 1916. Carlos Garcés, es además, el creador del himno de guerra deportivo: “Chiquitibum a la bim bom ba” que desde los años veinte y hasta principios del siglo XXI, contagiaba en todos los estadios.

Carlos Garcés, multicampeón con el América, era, además, un excelente atleta, que lo mismo corría los 100 metros que un maratón.  Pero no solo eso, Carlos, se dio tiempo de estudiar y se convirtió en uno de los odontólogos más respetados de aquellos años.

Y ahí no acaba la cosa. Como en los años veinte y treinta el futbol mexicano no era profesional, Carlos, al igual que muchos otros futbolistas, debían de tener una profesión o un oficio que ejercer, ya que del futbol no se podía vivir.

Carlos Garcés, aprovechando su profesión de Doctor en odontología, aceptó una oferta que le llegó de parte de una de las grandes compañías de aquellos años, que le pidió hacerse cargo de los servicios médicos de la Compañía Manufacturera de Cemento Portland “La Cruz Azul”, que tenía capital inglés y de norteamericanos, avecindados en nuestro país, a través del Banco Nacional de México, que aparecía como dueño. La cementera, enclavada en el estado de Hidalgo, en una pequeña ciudad llamada Jasso, trataba colocarse entre las más modernas del rubro.

Nuestro conocido futbolista marchó a Jasso con la ilusión de poder ejercer su profesión, pero con la desilusión de tener que dejar el fútbol de la Liga Mayor, hoy conocida como Primera División. Así, sin más, se despidió de sus compañeros del club América y sentó sus reales en Hidalgo, en donde se encontró que por las tardes tenía tiempo de sobra –al igual que los  obreros- y que podía dedicarlas al deporte.

En Jasso, lo que se jugaba era el beisbol, deporte oficial de la cementera. Garcés, propuso que se cambiara por un deporte más nacional o por lo menos de mayor convocatoria, por supuesto, pensando en el futbol.

Carlos entró en una etapa de convencimiento, pero se encontró con ingenieros norteamericanos que se resistían. Para ellos el rey de los deportes era el beisbol y al fútbol ni le entendían,  Garcés, entonces apeló a que la mayoría de los trabajadores eran mexicanos y que se sentirían más a gusto jugando al futbol.

El Gerente, era un mexicano, el Ingeniero Manuel Marroquín y Rivera, quien junto con Gilberto Montiel, encargado de la Dirección Técnica y Carlos F. Marroquín, Director de la fábrica, americanista de cepa y quien además era un gran deportista, apoyaron a Garcés y se convocó a un “referéndum” para que, por mayoría de votos, se eligiera entre beisbol o futbol.

Carlos Garcés, aprovechando sus dotes futbolísticas, les dio una demostración de manejo de balón y dominadas. Los obreros aplaudieron al doctor, a quien además, reconocían como un consagrado futbolista.

Se realizó la ansiada votación y el futbol ganó, nombrándose a Garcés como entrenador de la nueva liga interna. Se colocaron entonces dos porterías en lo que era el campo de beisbol y comenzaron los entrenamientos, todas las tardes con grupos diferentes, para sacar un representativo.

El 27 de marzo de 1927 se formó el primer equipo, el representativo, al que llamaron Cruz Azul y que sería el que jugaría en contra de los conjuntos de la zona. Ya sea de fábricas aledañas o equipos de pueblos, mientras lograban entrar a una liga bien constituida. Los demás obreros, pasarían a conformar otros conjuntos dentro de una liga interna y buscarían otros nombres para sus conjuntos.

El primer Cruz Azul, jugó con Salvador Rojo, Jacinto Vargas y José Díaz; Rafael Cuevas, Isidoro Díaz y Luis Oviedo; Carlos Romero, Nicanor Oviedo, Alfonso Pérez, Ciro Cuevas y el propio Carlos Garcés.

Con ellos, en la banca, Margarito Reynoso, Luis Romero, José González, Agustín Trejo y Efrén Segovia.

El Cruz Azul había nacido y si bien le dio vida un ícono americanista, comenzaría a formar su propia historia, forjándola a base de grandes éxitos.  

Todavía Carlos Garcés se dio tiempo de ganar dos títulos más con el América y de participar en los Juegos Olímpicos de 1928, pero el mayor tiempo se lo dedicó a los celestes, hasta que por completo su sangre se hizo azul y se consagró a la Cruz, dejando en el recuerdo su pasado americanista.

Sígueme en Twitter: @CarlosCalderonC

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