Un millón de veces

Entre partidos, tiros a gol, trabajos de técnica individual, cascaritas y "toritos", seguramente he pateado más de un millón de veces el balón.

Entre partidos, tiros a gol, trabajos de técnica individual, cascaritas y "toritos", seguramente he pateado más de un millón de veces el balón. Una de las primeras veces fue en un torneo que hicimos en la colonia, teníamos un baldío que adaptamos como canchita de fut, el trofeo era una figura de cartón cubierto con papel aluminio, la Final la jugamos los de la calle Rio Grijalba contra la Clemente Orozco; había llovido todo el día, era un lodazal, íbamos 3-3 y faltaban 2 minutos para los penales, el mejor de nuestro equipo tiró de muy lejos, el portero apenas la rozó y con el lodo se atoró antes de rebasar la línea de gol, yo llegué y barriéndome la metí, gritos por todos lados, abrazos y palmadas, fue una sensación y orgullo indescriptibles, ahí me di cuenta que eso quería hacer toda mi vida. Pasaron los años y pude hacerme profesional, tuve la fortuna de jugar prácticamente en todos los estadios del país, no anoté mil goles pero algunos hice, fui seleccionado en casi todas las categorías, Campeón Centroamericano, subcampeón Panamericano, dos Campeonatos de Primera División, además varias veces disputé el no descenso, en general, las satisfacciones fueron muchas, viví también cosas que opacan los buenos momentos, peculiaridades que para los que vivimos de esto son completamente normales. En mis 14 años en esta profesión vi niños tratando de abrirse paso para llegar a Primera División rompiéndose la rodilla en un entrenamiento, no teniendo otra opción más que regresar a su casa, en el mejor de los casos a estudiar; jugadores rogando por sus cartas para probar suerte en otro lado, obviamente sin tener respuesta, ¡¡el "Draft", Dios!!, el "Draft". Conocí amigos que se dejaron de hablar porque uno cobraba más que el otro, golpes y escupitajos al momento de repartir las "primas", promesas rotas por directivos al no haber un papel de por medio, amenazas por estos mismos si no aceptas sus términos y condiciones, prensa amarillista y negativa cuyo único objetivo es destruir. Llegué a un equipo una vez y un jugador que tenía tiempo siendo titular ahí me recibió en su casa, comíamos juntos todo el tiempo y salíamos todas las tardes a cualquier lado, el primer día que me pusieron de inicio en un interescuadras y me equivoqué, el entrenador volteó hacia mi "amigo" y le dijo, "tienes razón, éste no puede jugar ni de casualidad". Patadas y trompadas porque el "nuevo" le hacía un "túnel" al veterano, pensamientos reprimidos de que el jugador que ocupa tu posición se lastime y tú entres, o estar sentado en la banca y querer que pierda tu equipo para ver si el siguiente partido alineas o el entrenador es relevado. Meses sin cobrar, conatos de huelga, en la cancha la frase "a ese no se la des" era el pan nuestro de cada día, gritos y mentadas si te equivocabas en un pase, no querías ni estar cerca de la pelota en ocasiones, los lunes de "molestias musculares" o "piquetitos" para no hacer los trabajos físicos, las tarjetas amarillas o rojas "intencionales" porque tenías un evento el siguiente fin de semana. De repente me empezó a costar levantarme a "jugar", de repente tres horas de mi día era mucho tiempo en la cancha, ¿autógrafos? ¡que lata!, de repente mi pasión, mi vida, lo que más disfrutaba se había convertido en mi "trabajo", el pasto comenzó a oler diferente y la pelotita dejó de causarme tanta gracia. De repente me di cuenta que después de haber pateado más de un millón de veces el balón nunca volví a sentir lo mismo que ese día en aquel baldío lleno de lodo. El futbol como lo empezamos a visualizar cuando somos profesionales no tiene nada que ver con la alegría y el amor que sentiamos de niños por este juego.

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