Florentino López, el español mexicano

Los viejos aficionados, sacarán el baúl de los recuerdos y no les costará trabajo tener presente a Florentino López.

Los viejos aficionados, sacarán el baúl de los recuerdos y no les costará trabajo tener presente a Florentino López, aquel portero español, ídolo con Toluca, que contribuyó con su seguridad debajo de los tres palos, para darle dos títulos al conjunto escarlata en la década de los sesenta. Esto lo saben, pero muchos piensan que Florentino llegó hecho un arquero a nuestro país, ya que jugó inclusive con el Real Madrid, antes de hacerlo con el Toluca, en donde tendría sus mejores 10 años. Hace unos días, platicaba con un viejo aficionado al Toluca, de esos de cepa, que prácticamente se ofendió cuando le dije que no, que Florentino López llegó desde niño a México y que fue en nuestro país, en donde adquirió lo necesario para dedicarse a la profesión de portero, obviando lógicamente que las cualidades ya las tenía. Algunas llamadas del fanático toluqueño con otros aficionados, sacaron en conclusión que sí, que ya había jugado en México y luego marchó de nuevo a España, pero que había llegado pocos años atrás para jugar con Irapuato. Me permití contarles la historia y ahora se las cuento a ustedes de cómo y cuándo llegó en realidad Florentino a nuestro país. Espero que a los lectores jóvenes que disfrutan del futbol, también lo hagan de de la historia de nuestro balompié, en este caso de uno de los mejores arqueros de la década de los sesenta. Florentino López López, nació el 24 de agosto de 1935 en Cázares, España. Por motivo de la Guerra Civil, al igual que muchas otras, la familia de Florentino tuvo que abandonar la llamada Madre Patria y el destino los trajo a México en 1939. La familia López, compuesta por Santiago y Lucina y sus tres hijos: Agustín, Santiago y Florentino, quien tenía apenas cuatro años de edad, comenzaron una nueva vida en la ciudad de México. Florentino, al igual que sus hermanos, ingresó al Colegio Madrid. Su gusto por el Futbol inició porque su papá lo llevaba a ver los partidos de la Liga Mexicana, sobre todo, aquellos en los que jugaban el España y el Asturias. A los 8 años, Florentino ya tenía su uniforme estilo Blasco, de aquel legendario portero seleccionado español. Florentino, con su uniforme de arquero, llegó a ser mascota del Asturias en varias ocasiones y desde entonces, le nació la idea de ser futbolista. A la edad de 12 años, entró al Hispano Mexicano, para cursar la secundaria. Ahí, logró ser campeón de atletismo y le dedicaba mucho tiempo al equipo de futbol. Cuando terminó la secundaria, la familia tuvo que abandonar el DF, ya que a don Santiago le habían ofrecido un buen trabajo en una Compañía de Seguros de Vida, en la Comarca Lagunera.   En Coahuila, Florentino ingresó al bachillerato en el Colegio Cervantes y lo primero que hizo fue preguntar por el equipo de futbol y allá fue a dar, sin embargo, su padre se lo había prohibido, ya que quería que se dedicara a “algo serio”. Con el Cervantes, entrenaba de 5 a 7 de la mañana y jugaba en horas de deporte; por las tardes, después del colegio, formó con otros españoles avecindados en esos lares, un equipo al que le llamó Deportivo España. El equipo fue inscrito en la mejor liga de la región, que jugaba en el estadio San Isidro y en donde –ante la falta de futbol profesional- llegaban muchos aficionados queriendo ver buenos partidos. La media de asistentes era de tres mil personas. El equipo España jugaba muy bien y la fama del conjunto creció, de tal manera, que algunos periódicos locales ya le dedicaban espacio y hablaban, entre otras cosas, del gran portero hispano que tenía el conjunto. Esto, fue contraproducente para Florentino, porque su papá leyó las notas y le prohibió terminantemente jugar al futbol. Entre dimes y diretes, Florentino había sido seleccionado por la Selección de la Laguna, que representaría al estado en un torneo nacional y los organizadores fueron a darle la buena nueva y a solicitarle a don Santiago que le diera permiso. Ante las súplicas y al ver que representaría a todo el estado, este aceptó y fue así como Florentino comenzó su carrera ya en forma. Corría ya el año de 1952 y el equipo León de la Primera División, aquel de la "Tota” Carbajal, “Capi” Montemayor, Battaglia, Varela y Costa, entre otros, realizó un partido de práctica con la selección lagunera y el DT Antonio López Herranz, quedó impresionado con la elasticidad de Florentino, por lo que lo invitó a probarse. Florentino, con sus 16 años a cuestas, fue contratado por el cuadro leones y cedido en préstamo al Irapuato, que jugaba en Segunda División, para que el muchacho se fogueara. El  conjunto fresero era dirigido por el ex internacional español Fernando García, quien de inmediato se dio cuenta de que tenía una joya entre manos. Titular indiscutible con el Irapuato, contribuyó de manera exitosa a que el equipo subiera a la Primera División, en donde comenzó la liga como titular, pero tras cuatro partidos, siguió el consejo de su padre de que marchara a España, porque quería verlo jugar en su tierra. Llegó a España y el Real Madrid lo aceptó en sus entrenamientos, sin embargo, se quedó sin poder jugar, porque la carta le pertenecía al León. En ese momento el Real Madrid no se decidió a comprarlo y finalmente fue el Valencia el que pagó 40 mil pesos para quedarse con el joven de 18 años. El Valencia lo prestó al Mestalla, en donde causó sensación y cuando ya se aprestaba a regresar a Valencia, el gobierno le mandó un aviso, como era español de nacimiento, tenía que hacer su Servicio Militar. Luego de 16 meses perdidos, sin poder jugar al futbol, regresó a Valencia, pero este conjunto ya tenía dos arqueros y marchó al Plus Ultra, filial del Real Madrid, para ponerse a tono. Finalmente, fue rescatado en 1959 por el primer equipo del Real Madrid y luego de un año con los merengues, fue prestado al equipo mexicano del Toluca por una temporada, pero se quedaría por diez años, logrando dos títulos de Liga y dos Campeón de Campeones 1966-1967 y 1967-1968, dándole seguridad y gloria al arco choricero. Florentino se retiró en 1970 y aunque no pudo vestir la playera tricolor por nacer en España, ni la roja, porque se sentía más mexicano que español, dejó huella como uno de los grandes guardametas del futbol nacional.

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