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La leyenda húngara que dejó el Mundial 1938 para graduarse como abogado

Si la historia del argentino Manuel Ferreira te sorprendió, prepárate. Ocho años después, en Francia 1938, otro crack y capitán, el húngaro György Sárosi, repitió la hazaña, demostrando que antes de la gloria, estaba la profesión.

György Sárosi,  la estrella que se vio forzado a elegir entre el honor de su país y su futuro fuera de las canchas. (Imagen creada con IA)
György Sárosi, la estrella que se vio forzado a elegir entre el honor de su país y su futuro fuera de las canchas. (Imagen creada con IA)
Ciudad de México

Creerías que un capitán abandonando a su selección en pleno Mundial para presentar un examen es una anécdota única, una de esas joyas irrepetibles del fútbol romántico. Pues no. La historia, caprichosa como es, nos regaló un segundo capítulo casi idéntico, protagonizado por uno de los mejores futbolistas europeos de la primera mitad del siglo XX: el Dr. György Sárosi, el cerebro y cañonero de la mítica selección de Hungría que llegaría a la final en 1938.

En la antesala de la Segunda Guerra Mundial, con Europa en máxima tensión, Francia albergaba la tercera Copa del Mundo. Hungría, uno de los equipos favoritos, se preparaba para su debut en octavos de final. Sin embargo, su estrella y líder se vio forzado a elegir entre el honor de su país y el futuro que le esperaba fuera de las canchas.



¿Quién era este ‘Doctor’ del Gol?

György Sárosi no era un simple futbolista; era un fenómeno. Un delantero total, ambidiestro, con un físico imponente, letal en el juego aéreo y con una inteligencia táctica fuera de serie. Fue un one-club man, dedicando toda su carrera al Ferencváros de Budapest. Pero su brillantez no se limitaba al césped. A la par de su carrera deportiva, Sárosi estudió en la universidad y obtuvo un doctorado en Derecho, lo que le valió el apodo de ‘El Doctor’ en el mundo del fútbol. Era la encarnación del deportista completo, un ídolo que combinaba cerebro y músculo.

¿Por qué Faltar a un Debut Mundialista?

El 5 de junio de 1938, Hungría debía enfrentar a las Indias Orientales Neerlandesas (hoy Indonesia) en la ciudad de Reims. Para sorpresa de la prensa y los aficionados, el nombre de Sárosi no apareció en la alineación titular. La razón era tan poderosa como la del argentino ‘Nolo’ Ferreira: el calendario del Mundial chocaba directamente con las fechas de sus exámenes finales en la Facultad de Derecho de Budapest.

Obtener su título de abogado era un pilar fundamental en su vida. En una era donde ser futbolista no garantizaba la estabilidad económica de por vida, asegurar su futuro profesional era una decisión pragmática y respetada. Sárosi priorizó su educación, dejando temporalmente a su equipo para convertirse, oficialmente, en el Dr. Sárosi.

¿Afectó su Ausencia al ‘Equipo Maravilla’?

Absolutamente no. Tal era el poderío de aquella selección húngara, conocida como el ‘Equipo Maravilla’ (precursora de los ‘Magiares Mágicos’ de los 50), que la ausencia de su capitán apenas se notó. Hungría aplastó sin piedad a su rival con un contundente 6-0. La maquinaria ofensiva magiar funcionó a la perfección, demostrando que tenían talento de sobra para suplir, momentáneamente, a su máxima figura.

¿Cómo fue el Regreso del Capitán?

Con el deber cumplido y el título de abogado bajo el brazo, Sárosi se reintegró a la concentración húngara para disputar los cuartos de final contra Suiza. Y su regreso fue espectacular. Anotó un doblete para sellar la victoria por 2-0 y dejar claro quién era el jefe.

Su actuación estelar continuó en las semifinales, donde marcó uno de los cinco goles en la paliza de 5-1 sobre Suecia. Ya en la gran final, se hizo presente en el marcador una vez más, anotando el segundo gol de Hungría contra la poderosa Italia de Vittorio Pozzo. Aunque los húngaros terminaron perdiendo esa final por 4-2, Sárosi cerró el torneo con 5 goles, consolidándose como Bota de Plata y uno de los mejores jugadores del Mundial.

La historia de György Sárosi, el capitán que se ausentó por ley, es otro testamento de una época donde los futbolistas eran hombres con múltiples facetas, héroes en el campo y ciudadanos con responsabilidades fuera de él. Un recordatorio de que, antes de los patrocinios y los salarios estratosféricos, existía un compromiso con la vida que a veces, solo a veces, era más importante que un partido de futbol.

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