Si el futbol es como la vida, nada representa mejor esa cualidad que ser portero, esa posición donde uno llega aparentemente por casualidad y carga con el peso de la responsabilidad final. Es la última línea de defensa entre el balón y la portería y, por lo tanto, también la única posición donde la distinción entre héroe y villano es clara. Una atajada exitosa o fallida puede ser la diferencia entre la pena y la gloria.
El caso mexicano no es la excepción, pues hemos sido afortunados de contar con una casta memorable de porteros: Antonio “la Tota” Carbajal, Nacho Calderón, Pablo Larios, Jorge Campos o Memo Ochoa entre los más destacados, mas no los únicos. También cabe destacar a Jaime “el Tubo” Gómez, Francisco Castrejón, Javier “el Gato” Vargas, Óscar “el Conejo” Pérez, Oswaldo Sánchez o Chuy Corona. Incluso la selección actual nos muestra el futuro de la posición con Raúl “el Tala” Rangel.
Mi interés por los porteros y la Selección Nacional es doble. Primero quiero destacar la sexta convocatoria de Memo Ochoa, superando el récord de la Tota Carbajal de cinco. Si Javier “el Vasco” Aguirre lo nombra titular para el partido inaugural, sería su cuarto mundial donde inicia al menos un partido, detrás de la Tota que fue titular en 5. Memo Ochoa fue titular de todos los partidos en tres Mundiales (2014, 2018 y 2022) y la Tota sólo en 2 (1958 y 1962). En este momento sólo el Vasco y Memo saben si continuará esa racha esta justa.
En segundo lugar, quiero analizar la permanencia de Memo Ochoa como testimonio de la nuestra historia mundialista reciente. ¿Cómo explicamos esto cuando ha habido tantos cambios en la administración de nuestro futbol nacional y los muchos directores técnicos que han ocupado el banquillo tricolor? ¿Por qué su carrera en Selección ha sido constante, a diferencia de la inconsistencia de su carrera en clubes? La respuesta a ambas preguntas es simple: Memo Ochoa inspira confianza en los partidos importantes.
Sin duda ha enfrentado contradicciones y adversidades en su carrera: su reconocimiento en selección difiere del escarnio que vive como portero en liga; aunque ha sido capitán de la selección, nadie olvida la polémica convocatoria al Mundial de 2010, donde fue suplente del Conejo Pérez. Aunque en los últimos 20 años no han faltado porteros de nivel en nuestro país, como comentaré posteriormente, Memo Ochoa ha sido la constante.
Considero que aquel Mundial en Sudáfrica fue un parteaguas tanto para él como para la Selección Nacional. Mientras el Vasco o Memo no cuenten su lado de la historia, sólo podemos especular el porqué de su suplencia. Las notas periodísticas de entonces y posteriores señalaron su actuación ante Corea del Norte como la causa de que no obtuviera la titularidad. Por mi parte, pienso que esa experiencia le enseñó a Paco Memo la importancia de la confianza sobre el talento.
Sin desestimar la importancia del talento y el trabajo para demostrarlo, de nada servía si quienes tomaban las decisiones no confiaban en él. Este valor es fundamental en futbol y más como portero, y por eso es como la vida: sin la confianza, y más en tu última línea de defensa, todo está perdido. También por eso valdría la pena preguntarse, en otra reflexión, qué confianza inspira el Vasco Aguirre, ahora en su tercer mundial, como “salvavidas” de la selección.
La presencia constante de Memo Ochoa desde hace 20 años contrasta con la historia mundialista de nuestro país entre 1986 y 2006. Tras aquel Mundial que nos legó el fantasma del quinto partido, y el infame escándalo de los cachirules que nos dejó fuera del Mundial de Italia 90, el regreso de México al Mundial en 1994 abrió un nuevo ciclo histórico. La portería fluctuó entre cuatro hombres: Jorge Campos, Adolfo Ríos, el Conejo Pérez y Oswaldo Sánchez.
Campos fue el titular indiscutible durante el proceso mundialista de 1994 bajo la dirección de Miguel Mejía Barón. Sin embargo, para la siguiente justa, la titularidad en la portería recayó primero en Jorge Campos, y en Adolfo Ríos para el hexagonal final, junto con apariciones de Oswaldo Sánchez. Aunque los tres se perfilaban para el mundial, la llegada de Manuel Lapuente dejó fuera a Ríos en favor del Conejo Pérez.
El proceso de 2002 inició con el mismo director técnico y la dupla de Campos y el Conejo como titular y suplente, respectivamente. La llegada del Enrique “el Ojitos” Meza trajo nuevamente a Oswaldo Sánchez, pero su fracaso (más una guerra con la prensa de entonces) y el peligro de no clasificar al mundial trajo al Vasco en su primera etapa, y el establecimiento de la dupla Conejo-Oswaldo. Para 2006 y con la dirección de La Volpe (el primer técnico en completar un ciclo mundialista desde Bora Milutinović en 1986), la titularidad de la portería recayó en Oswaldo y el primer Mundial de Memo Ochoa.
El proceso para Sudáfrica 2010 fue el primero donde Memo tuvo la oportunidad de competir, en dupla con Oswaldo Sánchez. Mientras Sven-Göran Eriksson fue el director técnico Oswaldo fue el titular al principio de la eliminatoria, pero eso cambió para el Hexagonal Final. La salida del sueco y el regreso del Vasco también trajo de vuelta al Conejo Pérez y la salida de Oswaldo.
Hacia el final del Hexagonal la dupla era Memo y Chuy Corona. Sin embargo, el portero del Cruz Azul quedó fuera de la Copa del Mundo tras un incidente ocurrido el febrero de 2010 (Corona golpeó al exnovio de una prima suya) y cambió la trayectoria de ambos porteros. Aunque Corona sería convocado para los Mundiales de 2014 y 2018, e incluso ganó una medalla de oro como titular en Londres 2012, su experiencia mundialista fue como suplente de Memo.
Por su parte, el Vasco trajo de vuelta al Conejo y le dio la titularidad sobre Ochoa que, aunque inconsistente, cerraba bien el Hexagonal. El desempeño del Conejo durante el Mundial no fue malo, pero siempre quedará la duda sobre si el resultado habría sido distinto con Ochoa en la portería. Ese Mundial sería la última vez que sólo viviría el torneo desde una banca: los siguientes tres no habría dudas sobre la titularidad de la meta nacional.
Desde entonces, y a pesar de formar parte de una generación rica en porteros como el propio Corona, Alfredo Talavera o Jonathan Orozco, por mencionar sólo otros seleccionados nacionales, la única constante ha sido Memo Ochoa. Técnicos van y vienen, pero él prevalece. El fútbol mexicano, sobre todo en selección nacional, pasó del estancamiento a la crisis en estos 20 años desde su primer mundial, pero él está ahí guardando la portería.
Como él mismo reconoció en entrevista para Sports Illustrated, la experiencia de 2010 cambió su carrera y supo que debía ir a Europa para ser titular en la selección. A pesar de los resultados y de un juego inconsistente en las ligas europeas, lo cierto es que fue el primer portero mexicano en cruzar el charco. Eso, junto al factor de confianza que mencioné, explican su permanencia en la selección.
Antes de cerrar esta reflexión caben dos preguntas, una como contraargumento y otra sobre el futbol mexicano en general. ¿Qué hacemos con el peso mediático de su figura, y de la relación que guarda con el América y Televisa, el gigante mediático que define, en gran medida, los destinos del fútbol mexicano? ¿Antes que confianza, no será que su permanencia también es una expresión misma de la crisis que vive la Selección nacional, incapaz de un relevo generacional?
Recordemos que, en 2011, cuando llegó a la Ligue 1 francesa, la televisora fue señalada de intervenir en su fichaje por el Ajaccio, pues tenía interés de transmitir los partidos de la liga gala en nuestro país. También es importante mencionar su relación sentimental con Dulce María al inicio de su carrera, mientras la actriz era parte del elenco de Rebelde. Lo cierto es que desde que llegó a la titularidad con el América hace veinte años, Memo Ochoa ha sido un futbolista mediático.
Esto pesa al momento de leer las críticas sobre su desempeño y su inconsistencia a nivel de clubes, y sembrar sospechas más que fundadas sobre su constante presencia en la selección nacional. Ante esto me gustaría destacar que desde Televisa ya enfrentó críticas por parte de Andrés Vaca, quien no apoyaba la incorporación del portero a la selección de cara al mundial. Otra crítica también es que su convocatoria sólo responde a su comercialización: sin duda es una de las caras más reconocibles del fútbol nacional.
Sin negar el peso de esta dimensión en su carrera, no creo que eso demerite su trayectoria en selección o su convocatoria. Lo cierto es que, llegados los Mundiales, Memo Ochoa ha sido un portero que se eleva al momento que se le presenta. A pesar de las pifias o las críticas, pocos porteros pueden presumir la consistencia y la experiencia en momentos clave del futbol.
Esto me lleva a la segunda pregunta: a pesar de tener una buena plantilla de porteros en los últimos 20 años, ¿por qué sólo uno ha representado a nuestro país en los últimos tres Mundiales? ¿Qué le ha faltado al proyecto de selección mayor para que exista un relevo generacional? Más allá del talento disponible, no se ha traducido en la confianza. Distintos técnicos han ido y venido, cada uno ha tenido porteros de su preferencia, pero al final hemos visto a Memo bajo el arco.
Si el Tala Rangel abre el partido contra Sudáfrica en la inauguración del Mundial, será la primera vez desde 2014 que alguien más se encargue de guardar la meta nacional en la máxima competencia del futbol. A pesar de la experiencia y el liderazgo que representa Memo Ochoa, una señal de que el cambio generacional ha llegado sería verlo en la banca como un mentor, y no como una concesión mediática. La decisión final recae en el Vasco, quien también enfrenta preguntas sobre el cambio generacional y la sucesión hacia 2030.
Al final, queda por preguntarse si la ingratitud de la portería nacional acompañará a Memo Ochoa en su último Mundial. El Mundial de 2014 lo convirtió en una leyenda nacional e internacional, y su legado creció desde entonces. Más allá de su valor mediático, de las críticas duras hacia su carrera en clubes, o de la propia crisis de la Selección Nacional, sólo queda por saber si el jueves 11 de junio Memo vivirá su último Mundial como titular o no. Sea como héroe o como villano, la confianza investida en él le ha permitido manejar la ingratitud de ser el portero de la Selección Nacional.
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