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Armando Luna Franco
Columna de Armando Luna Franco Armando Luna Franco

Los intangibles del Tri ante Ecuador

El buen ánimo reina en el Tricolor de Javier Aguirre. (Foto: Imago7)
El buen ánimo reina en el Tricolor de Javier Aguirre. (Foto: Imago7)

Felicitemos a la Selección Mexicana por el paso histórico y perfecto que tuvieron en la fase de grupos! Me complace saber que no dejaron puntos en la cancha, que la portería sigue limpia y, sobre todo, que ante Chequia vimos por fin un despliegue ofensivo convincente. Tal vez la única deuda por saldar, y eso en función de nuestros rivales en la segunda ronda, es que lo visto durante el segundo tiempo de ese partido sea la norma por noventa minutos: una defensa impenetrable, que dado el contragolpe genere y concrete oportunidades de gol.

El ánimo nacional está por los cielos y de cara a nuestro partido de dieciseisavos de final contra Ecuador, las dudas sobre la victoria son mínimas. Siempre es sano guardar reservas, pero no ser presas de ellas. La Selección ha demostrado en la cancha que nuestras expectativas no son infundadas, y se han ganado un voto de confianza en la siguiente ronda. Al iniciar mi artículo anterior destacaba que esta Selección iniciaba su legado contra Chequia y lo hicieron con el pie derecho, pero eso fue sólo el inicio.


A diferencia de Canadá, que al quedar segundo de grupo jugará la segunda ronda fuera de su país, y de Estados Unidos, cuya derrota ante Turquía para cerrar la fase de grupos genera más dudas que certezas, México tiene garantizados dos partidos más ante su público. Cinco partidos separan a la Selección Mexicana de la Copa del Mundo, ¡así que nuestra selección tiene ante sí una oportunidad histórica! ¿Qué tenemos a nuestro favor?

En primer lugar, localía en dos partidos clave para cerrar la puerta definitiva a nuestro pasado mundialista reciente. Como primera del grupo A, la Selección Mexicana tiene oportunidad de jugar los dieciseisavos y, si gana, los octavos de final en el Coloso de Santa Úrsula. La victoria ante Ecuador este martes permitiría sacudirnos el peso de la eliminación al ser nuestra primera victoria desde 1986. El paso a octavos y la victoria en esa instancia nos llevaría a los anhelados cuartos de final.

Las dos veces previas que nos eliminaron siendo anfitriones del mundial, los partidos se jugaron fuera del Estadio Azteca. En 1970 jugaron en Toluca contra Italia (quien fuera local en la ciudad para dos partidos de la fase de grupos), y en 1986 en el Estadio Universitario de Monterrey, después de haber jugado la fase de grupos y los octavos en el Azteca. Si existe una oportunidad para sacudirnos los fantasmas del pasado y demostrar que es una nueva época es esta, ¡la mesa esta puesta!

El Estadio Ciudad de México ha tenido las mejores entradas del Mundial 2026 (Fotografía: Imagi 7)
El Estadio Ciudad de México recibiría al Tri hasta Octavos si avanza. (Foto: Imago7)

En segundo lugar, y más importante, el otro intangible a favor de la selección está en ella misma. En mis artículos anteriores me dediqué hice observaciones y comentarios sobre la cuestión técnica que, llegada esta nueva ronda, considero que han resuelto. Incluso el propio Vasco se escuchaba satisfecho por los resultados y el desempeño del equipo ante Chequia. Más bien me refiero al estado de ánimo y el ambiente entre los seleccionados y con el cuerpo técnico.

Seguramente ya lo vieron, y si no es fácil encontrarlos en redes: han circulado videos de la selección en su concentración en el Centro de Alto Rendimiento donde puede observarse que el trato y la convivencia transmite un ánimo festivo, relajado, incluso irreverente. Hay confianza para transmitir esta imagen suelta de su rutina, con juegos y hasta carrilla que nunca cae en el agravio, sino como parte del juego habitual de camaradería entre compañeros. En redes lo han llamado, tantito en sorna, tantito en serio, el poder de la amistad.

Y no, no caigamos en esoterismos: no hay una fuerza mística que mueva de manera misteriosa los hilos invisibles. A pesar de ser algo intangible, los videos muestran un trabajo anímico y mental que se percibe en ellos. Han construido un espacio seguro para lidiar con la carga física y externa que significa competir en un Mundial. La ocasión no los ha rebasado hasta ahora y confío en que sigan en ese camino.

En tercer lugar, está el propio Vasco Aguirre. Un amigo me hizo notar lo siguiente: nuestras críticas durante el Mundial se han centrado, no sin motivos, en él. Pocos han sido los comentarios en la prensa y entre la afición sobre los jugadores, más allá de algún error evidente. Criticamos la estrategia y las decisiones del Vasco, o lo que consideramos deficiente o ausente, y señalamos con dureza que la Selección no juegue o sea lo que esperamos de ella. Y en lugar de ceder ante la presión o romperse, el propio Vasco ha sido firme.

Javier Aguirre, entrenador de la Selección Mexicana (imago7)
Javier Aguirre, entrenador de la Selección Mexicana (imago7)

Debo reconocer que el director técnico escucha la crítica y es capaz de la autocrítica también, como lo demostró con sus declaraciones previo al partido contra Chequia. Admitió que en los dos partidos previos hubo cosas que no le gustaban, como al final del tercer partido también declaró que le había gustado lo que vio. Pero lo más importante de esto no es eso, sino que ha sabido dar la cara para que esa presión mediática no recaiga en el equipo.

La confianza entre cuerpo técnico y jugadores es, en cuarto lugar, otro intangible que permita que esto funcione. El colapso uruguayo tras la derrota contra España demostró que ningún equipo resiste la mínima crítica sin confianza mutua. Más allá de repartir culpas, es un recordatorio de que un equipo no existe por sus individualidades, sino por la capacidad de construir colectivamente un proyecto y llevarlo a puerto. Si el Vasco puede absorber las críticas, es porque sabe que cuenta con el respaldo de jugadores y cuerpo técnico.

Otro ejemplo es la declaración de Brian Gutiérrez a TUDN: fue capaz de hacer autocrítica, y sin desmoralizarse ante su desempeño, confiar en que tiene ante sí una nueva oportunidad de demostrar su valía para la selección. Desde el Vasco hasta los jugadores existe eso: la seguridad de reconocer sus fortalezas y debilidades para salir adelante. Sólo con esto es fácil entender lo especial y la diferencia de esta Selección con las anteriores.

Conocidas son las historias de otros mundiales donde no existía unidad en la selección, donde las polémicas o las controversias minaban la confianza entre jugadores y cuerpo técnico, y de la selección con la prensa o la afición. Ya fueran por escándalos durante el proceso mundialista o por cuestiones extracancha, la capacidad anímica o mental del equipo durante el Mundial era rebasada conforme la presión crecía para entregar resultados en la cancha.

Incluso no lo neguemos: previo al Mundial había reservas sobre qué tan lejos podría llegar la Selección. La fase de grupos disipó las dudas y asentó nuevas esperanzas entre la afición, por lo que el trabajo ahora es cumplir dichas esperanzas. Más allá de las cuestiones técnicas, la localía, el trabajo en equipo, la confianza y la autocrítica son pilares que nos permiten entender por qué han llegado a donde están hoy. Son los intangibles que sustentan la posibilidad tangible de escribir una nueva historia mundialista este martes ante Ecuador.

Mediotiempo

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